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FLOR DEL MAR; UN PAILEBOT CENTENARIO

QUAN EL DESEMBRE GELA I GLAÇA MARINER A CASA

El pailebot centenario FLOR DEL MAR fue toda una institución en la historia de Ses Illes. Construido en el año 1847, en julio de 1960 todavía se tenían noticias de el en las hemerotecas, y aunque al final de su vida era un motovelero con aparejo de pailebote, fue arbolado de polacra goleta entre los años 1863 a 1889, aproximadamente, y en el inicio de su vida aparejaba de jabeque. Lo mandaron multitud de patrones y capitanes –después haremos un resumen simplificado- y su tripulación solía ser de 4 a 6 hombres, dependiendo de las fechas analizadas.
Sobre su posible final, la última noticia que tenemos de él la da La Vanguardia, en su edición del sábado, 16 de julio de 1960, página 27, en que según parece iba a ser escogido para una singular expedición al Mar Rojo. El diario cita:
…”Lo cuento como lo cuenta. Nicole Blanchery, «vedette» francesa, prepara una expedición marítima por el mar Rojo, siguiendo la ruta del marfil y del oro de los faraones. Espera dar con el maravilloso y sumergido lugar donde, según ella, la reina de Saba y sus sucesores encontraron sus tesoros y extrajeron hasta cuarenta toneladas de oro.
Ella confía en que algo quedará todavía…
¿Cuándo piensan partir?
Si conseguimos todo lo que precisamos y obtenemos los permisos necesarios, en noviembre.
¿Tiene algo por ahora?
El proyecto y. muchas ilusiones.
¿Nave?
José Beltrán nos deja un barco, «FLOR DEL MAR», dé treinta toneladas.
¿Quiénes piensan ir?
En principio éramos varios; pero se van «rajando». Cuento con Isidoro Ferri, que es campeón de pesca submarina, y en París me he entrevistado con un secretario de Cousteau, que se ha interesado por la expedición”…
¿Es posible que fuese el longevo FLOR DEL MAR?
Es posible, ya que en 1957 continuaba en activo.

Pailebot FLOR DEL MAR, de la web Imatges d´ en Primer. Ca. 1910. Colección Rafael Vidal..jpg
Pailebot FLOR DEL MAR, de la web Imatges d´ en Primer. Ca. 1910. Colección Rafael Vidal..jpg

En 1947 cumplió su centenario, y en el diario La Vanguardia, en varias ediciones se hacía notar. En la edición del miércoles 21 de mayo de 1947, se leía:
…”Una nave española centenaria.
Si algún lector de este diario tiene la costumbre de echar cotidianamente la mirada sobre las gacetillas que bajo el epígrafe de «Marítimas» figuran en las páginas de la «Vida de Barcelona», quizá haya tropezado su atención con las frecuentes idas y venidas de un modesto buque de poético nombre: «FLOR DE MAR», que actualmente hace la ruta Barcelona-Sóller.
Es un pequeño pailebote de cabotaje que posee la feliz cualidad de una robusta veteranía centenaria de años, «rara avis» en las flotas y en la navegación de hoy, cuando los barcos de hierro y acero con máquina de vapor o motor de combustión interna se consideran en la última etapa de su carrera al trasponer el cuarto de siglo de vida. Los antiguos veleros de casco de madera, cuando la madera de que se construían era de buena calidad y estaba bien curada al trabajarse, gozaban de una magnífica longevidad. Todo era cuestión de renovar el aparejo y dé realizar a tiempo la carena del casco, que con tanta maestría trabajaban los excelentes astilleros de antaño en estas playas.
En al verano de 1924 se conmemoró en Arenys de Mar con gran solemnidad el centenario de la construcción en aquellas atarazanas, ya inexistentes, de otro velero, el «VIRGEN DEL MAR». Y nótese la semejanza de nombres que en esta ocasión han obrado como si fuesen un amuleto para conservar la embarcación a través de una centuria: «Virgen» y, «Flor», ambas del Mar…
Precisamente de La Vanguardia partió entonces el toque de llamada que ocasionó la celebración del siglo de navegar de aquel barco. La risueña villa de la costa catalana de Levante, de tan rica solera marinera en el XIX, siglo de oro de la marina de vela de Cataluña, recibió la visita del «VIRGEN DEL MAR», engalanado, con el júbilo unánime de la población, precisamente en los días de la Fiesta Mayor, el 9 de julio, fecha en que se botó al agua el «VIRGEN DEL MAR», el año 1824. Acudieron autoridades y destacadas personalidades de Barcelona, y la jornada obtuvo verdadera resonancia nacional, trasponiendo el ámbito de la Península la noticia de que en España aún navegaba una nave aquí construida un siglo atrás, detalle tan prestigioso para nuestra marina y nuestra industria.
Para una sentimental evocación análoga se presta el año actual con motivo del centenario del «FLOR DEL MAR», de la marina hermana, balear.
Construido en Ibiza, fue abanderado allí el 4 de agosto de 1847, según consta en la ficha correspondiente del barco -una pequeña tarjeta repleta de nonbres de los sucesivos armadores, con caligrafía harto confusa- que obra en el archivo de la Subsecretaría de la Marina Mercante. Mide el «FLOR DEL MAR» 42 toneladas de arqueo bruto, 17,9 metros de eslora, 5,46 de manga y 2,15 de puntal; apareja de pailebote con dos palos y monta desde el año 1944 un motor auxiliar sistema «Deutz», que le proporciona el andar de tres nudos.
Sería curioso, de sumo interés para quienes le conceden a las cosas del mar, la reconstrucción del laborioso historial de este barco, que probablemente no habrá cruzado los grandes Océanos, dado su escaso porte, pero que su diario dé navegación quizá también por escribir, contendría tantas incidencias en el curso de millares de singladuras mediterráneas, posiblemente prolongadas hasta más allá de los estrechos que abren el «Mare Nostrum».
La Geografía del archipiélago balear le impuso la dramática servidumbre de sufrir los efectos de tantas guerras como se desarrollaron en el Mediterráneo. El auge de la navegación corsaria centró en la isla de Ibiza una actividad marítima anormal, que no dejaba lugar al desenvolvimiento del comercio pacífico y ordenado. A fines del siglo XVIII y remontando el XIX alcanza la marina su apogeo en las Islas Baleares, hasta que la pérdida de las últimas colonias ultramarinas de España acarrea otro período decadente de la vida marítima nacional.
Ya no existen aquellos grandes veleros, fragatas, corbetas, bergantines, de la época de esplendor de la marina de vela catalana, valenciana y balear, que llevaron el prestigio de nuestro pabellón a los puertos trasatlánticos, navíos hermanos mayores de este «FLOR DEL MAR», que en muchas ocasiones se cobijarían juntos en tranquilas dársenas o correrían simultáneamente idénticos temporales.
Pero todavía figuran en nuestra flota -si hemos de dar crédito a la estadística oficial, donde hay que buscar su inscripción con tiempo y paciencia- otras tres embarcaciones que asimismo cumplieron, silenciosamente, su centenario: el velero «NUEVA PALOMA», de El Ferrol del Caudillo, de 40 toneladas, construido nada menos que en 1827; el bergantín-goleta «ROSARIO» (alias «CIRILO», así dice su ficha), de Tenerife, de 59 toneladas, que se construyó en 1836; y la balandra «RAFAEL VERDERA», dé 38 toneladas, construida en Ibiza el año 1841, barco que sí nos consta que afortunadamente se conserva.
Buena coyuntura para que Ibiza, donde late el espíritu marinero de otros tiempos entre sus hijos tan amantes de la tierra y de su historia, celebren el centenario del «FLOR DEL MAR», uniéndolo al de la balandra, siquiera éste resulte retrasado. Ya quisieran en muchas ciudades de categoría marítima prósperas y ricas poder conmemorar de un golpe un suceso tan memorable como la supervivencia en activo de dos buques nacidos en sus astilleros un siglo atrás. El «FLOR DEL MAR» pertenece en la actualidad a’ armadores de Ciudadela, de manera que las dos islas fraternas, Menorca e Ibiza, quedarían enlazadas por la nave en la celebración de su centenario”…
Firma el artículo Juan B. Robert.
Como luego veremos, hay algunas incorrecciones en el texto que corregiremos a través de las hemerotecas. Sobre todo complementaremos sobre su motorización.
En La Vanguardia, edición del jueves 18 de septiembre de 1947, se volvía a citar su centenario:
…”Crónica posta! de nuestro corresponsal. —Dos naves baleáricas, de velas mil veces remendadas a lo largo de una vida de múltiples singladuras, acaban de ser objeto de un merecido homenaje. Se trata de tos veleros «RAFAEL VERDERA» y «FLOR DEL MAR», cuyo, historial al servicio de la marina mercante merece ser resaltado.
El primero de dichos barcos es una balandra, construida en los astilleros de Ibiza, en 1841, y que durante muchos años sirvió de correo llevando correspondencia y pasaje entre aquel puerto y el de Palma. Sus características son: eslora, 16,15 m.; manga, 5,09 m.; puntal, 1,85; tonelaje, 30,09. Durante su siglo y pico de existencia ha pasado por diversos avatares, cambiando de nombre y de rumbo, y actualmente aun es una magnífica nave de gran cabotaje, dotada de un motor auxiliar que le proporciona un andar de seis a siete ‘millas.
El pailebot «FLOR DEL MAR» acaba de cumplir los cien años de vida marinera, pues fue construido, en los mismos astilleros, el 4 de agosto de 1847. Es un airoso velero cuyo nombre romántico e impersonal no ha sido objeto de cambios, aunque su misión haya sido variada.
Durante largo lapso de tiempo navegó, acondicionado como vivero, para él transporte de langosta entre Italia y Marsella (es posible que entre 1884 y 1889 como luego veremos). Después volvió al transporte ordinario de carga, llevando instalado actualmente un motor auxiliar, que le permite un andar de unas siete millas.
Ambos veleros centenarios han recibido el homenaje a que se han hecho acreedores, el día de su patrono, San Salvador, por deseo unánime de la gente de mar. Luciendo sus empavesadas, han pisado su cubierta tantas veces batida por las olas, las autoridades todas de la vecina isla, asistiendo, expresamente invitada, una representación de treinta, marineros, pescadores y maestros de ribera de más de setenta años, que hizo irrupción a bordo a los alegres sones de la
Banda Municipal.
El carmelita descalzo P. Alberto bendijo los gallardetes y las banderas que ostentaban los colores de la antigua matrícula ibicenca.
Pronunciaron sentidas palabras el alcalde y el ayudante de Marina, recordando las vicisitudes de ambos viejos veleros, supervivientes de una época en que los astilleros de las Baleares tanto contribuyeron al resurgimiento de la marina mercante española.
La bella fiesta marinera transcurrió recordándose a bordo de los viejos veleros vicisitudes de toda índole, agrupados los jóvenes marineros alrededor de algún compañero octogenario que narraba con singular emoción reflejada en su curtido semblante, y que era escuchado como un oráculo, silenciosamente, por los novatos que sólo han visto del mar su gesto de mano amiga”…
Firma el articulo A. Vidal Isern, en Mallorca, septiembre de 1947.
En las hemerotecas aparece en primera instancia con aparejo de jabeque, como ya hemos dicho, y siempre navegando en la línea de Ibiza a Barcelona, o similares. En su primera época se destina, casi en exclusiva, al transporte de madera, leña y derivados, de Ibiza a Barcelona, con su patrón vitalicio D. Francisco Pujol. Así, en el diario El Ancora, de Barcelona, en su edición del lunes 26 de agosto de 1850, se leía:
…”De Ibiza en 3 días, jabeque FLOR DEL MAR, de 46 t., p. Francisco Pujol, con 700 qq. leña y 210 id. corteza de pino á D. José Olcína”…
La navegación de Ibiza a Barcelona tenía una duración indeterminada, impensable hoy en dia, y asi, en el diario El Ancora, edición del sábado, 16 de noviembre de 1850, se leía:
…”De Ibiza en 4 días, jabeque FLOR DEL MAR, de 46 t., p Francisco Pujol, con 640 qq algarrobas, 60 de leña, 50 de corteza de pino molida y 380 id. en rama á D. José Olcína”…
Todavía en 1851 repetía los mismos viajes, con la misma tripulación, y con carga para el mismo destinatario. ¿Sería este su armador o era el patrón del buque, como muchas veces sucedia?
…”De Ibiza en 3 días, jabeque FLOR DEL MAR, de 46 t, p. Francisco Pujol, con 600 qq. leña, 25 id algarrobas, 250 id. corteza de pino y 100 sacos id. á D José Olcina”…
Una de sus últimas anotaciones con aparejo de jabeque, la da el diario El Ancora, en su edición del domingo, 8 de junio de 1851:
…”De Ibiza en 7 días, jabeque FLOR DEL MAR, de 46 t, p. Francisco Pujol, con 800 cuarteras cebada á don Federico Carbó, 300 id. id. al sr. Teixidor y Sentrich, 100 qq. corteza de pino y 20 id. trapos á D. José Olcína”…
A partir de este momento ya aparece en los diarios con aparejo de pailebote. Así el diario El Ancora, en su edición de 12 de agosto de 1851, cita:
…”De Ibiza en 4 días, pailebot FLOR DEL MAR, de 46 t., c. Francisco Pujol, con 900 qq. leña, 320 de corteza de pino y 14 de trapos á D. José Olciná”…
Durante todo 1852, 1853 y 1854 repite viajes y destinos de carga, en tiempos donde los aparejos de falucho, tartana, místico y jabeque eran habituales todavía. Las vueltas a Ibiza con pequeñas partidas de carga general –a menudo azúcar- que a veces debía completar con lastre para poder navegar.
Poco después debió cambiar de armador (¿?) o se retiró su antiguo patrón,, ya que aparecen nuevas rutas y mandos; así, el diario La Corona, de Barcelona, en su edición del jueves 11 de marzo de 1858, anunciaba:
…”De Cartagena en 5 días, pailebot FLOR DEL MAR de 46 t., p. Antonio Ferrer, con 1500 fanegas maíz à la señora Moré é hijo”…
A pesar de esto, Ibiza seguía siendo el puerto base principal del buque. El patrón vitalicio en esa época D. Antonio Ferrer llego a hacer viajes entre Ibiza y Barcelona en dos dias.
Tan lejano de su botadura, como lo es el año 1862, todavía repetia viajes con las mismas cargas y destinos:
…”De Ibiza en 2 días, pailebot FLOR DEL MAR de 46 t., p. Antonio Ferrer, con 200 quintales leña, 150 id. corteza de pino, 50 de algarrobas, 50 id. trapos y 12 bultos medias y calcetines á la señora viuda Olcina”…
A finales de 1863, o principios de 1864, cambia su aparejo al de polacra-goleta. ¿Se imaginan tal aparejo en un buque de 17 metros de eslora?
Así, el diario La Corona, en su edición del sábado, 8 de abril de 1856, citaba:
…”Polacra-goleta FLOR DEL MAR, capitán D. Miguel Tuells, para Iviza (sic)”…
Miguel Tuells se convierte en patrón vitalicio, y también, es posible, su nuevo armador.
Así, en 1876, todavía se mantenía al mando:
…”De Iviza, en 6 días, palacra goleta FLOR DEL MAR, de 36 ts., c. don Miguel Tuells, con 700 quintales algarrobas 2 Id. huevos y 2 Id. pieles a don Tomás Forteza” (Fuente: La Convicción, sábado 22 de febrero de 1873)
En 1881 la manda el patrón J. Torres (o Torrens según otras fuentes) En esta época son frecuentes los viajes a Barcelona con 25 o 30 toneladas de algarrobas.
Es curioso que aparece con este aparejo hasta el año 1884, y después deja de hacerlo hasta el año 1890, ya con aparejo de pailebot.
El diario La Autonomía, de las Baleares, en su edición de 10 de abril de 1884, cita su última aparición como polacra goleta:
…”La polacra goleta FLOR DEL MAR, que arribo a este puerto el día 1º del corriente, procedente de Barcelona, trasporto una grúa o máquina para levantar y conducir los bloques de la escollera.
Deseamos ver funcionar a dicha maquina cuanto antes”…
Es posible, en el reino de las suposiciones, que fuese convertido en pailebot aljibe para el traslado de pescado vivo, segun ya hemos visto, ya que según el diario El Isleño, en su edición del 20 de mayo de 1891, se anotaba:
…”Procedente de Ciudadela llego el lunes de la semana pasada a Marsella la goleta FLOR DEL MAR llevando ochocientas langostas vivas en un vivero dispuesto en su bodega en comunicación con el mar”…
El resto de años, entre 1884 y 1890, desconocemos sus singladuras -posiblemente de Italia a Francia-.
En 1890 comienza viajes regulares entre Ciudadela y Barcelona.
Poco después varia sus habituales navegaciones.
…”De Almería en 14 días, pailebot FLOR DEL MAR, de 40 toneladas, capitán Pons, con 58,000 k. azufre á José Xaubet” (Fuente: La Vanguardia; 07-03-1891)
De este año a final de siglo se turnan en su mando los patrones Pons, Piris y Bonejam.
Las citas sobre este buque son inmensas, y podrían seguirse sus singladuras una a una, debido a elementales problemas de espacio, seleccionaremos solo unas cuantas en su vida marítima del siglo XX.
El Vigía de Ciudadela, en su edición de 13 de febrero de 1907, señalaba:
…”Velero en peligro. El día 8 del actual el pailebot FLOR DEL MAR, al hallarse en aguas de Barcelona corrió grave peligro de naufragar. Para prestarle los debidos auxilios salió del puerto de dicha ciudad un remolcador que lo puso a salvo.
Gracias a Dios no se hubo de lamentar otras consecuencias”…
A veces los transportes de pasajeros eran impresionantes y dudosamente seguros. Pero eran otros tiempos. La Vanguardia, en su edición de 3 de diciembre de 1920, en su página 17, cita:
…”De Ciudadela, pailebot FLOR DEL MAR con cargo general y 169 pasajeros”…
En El Iris, en su edición de 12 de agosto de 1921, se señalaba a uno de sus armadores:
…”El conocido naviero, nuestro amigo D. Miguel Bonet, obsequio anteayer con una esplendida comida a los obreros de los diferentes ramos que han tomado parte en la construcción del hermoso buque MANUEL BONET, cuyos trabajos tocan a su término.
Además fueron invitados los que realizan las obras de arboladura del mismo buque y los tripulantes del pailebot FLOR DEL MAR que pertenece al citado naviero”…
En 1930 lo adquiría Juan Arguimbau. Lo confirma el diario El Iris, en su edición de 26 de mayo de 1930:
…”El sábado saldrá para Cartagena con su cargamento de ladrillos y metro el pailebot FLOR DEL MAR, cuyo buque ha sido adquirido por nuestro amigo D. Juan Arguimbau”…
En la línea a Barcelona se relevaban varios pailebotes. El Iris, en su edición de 25 de septiembre de 1930, asi lo confirma:
…”Ayer a últimas horas de la tarde llego a nuestro puerto procedente de Barcelona el conocido motovelero SAN MIGUEL con carga general. Dicho buque saldrá esta noche para la capital de la provincia, con el objeto de limpiar fondos.
El próximo viaje lo sustituirá el pailebot FLOR DEL MAR que saldrá el martes 30 directo para este puerto”…
Durante los años treinta del siglo XX, sufre una, o varias motorizaciones, según se desprende de varias noticias publicadas. La Voz de Menorca, en su edición de 23 de julio de 1932, citaba:
…”Al pailebot FLOR DEL MAR, de la inscripción de Ciudadela, se le está instalando un motor.
La semana próxima quedara listo y después de efectuar las pruebas oficiales seguramente servirá la línea Palma-Mahon”…
Y también La Voz de Menorca, en su edición de 29 de diciembre de 1934 anotaba:
…”Están muy adelantados los trabajos de instalación del nuevo motor Otto al pailebot FLOR DEL MAR que hace desde unos seis meses se halla en Palma.
Salvo contratiempo reanudara sus viajes en la primera decena del próximo mes”…
La Voz de Menorca, el 8 de enero de 1935 notificaba:
…”Las pruebas del nuevo motor instalado en el pailebot FLOR DEL MAR que hace meses se halla en Palma dieron buen resultado. Dicho buque hoy empieza a cargar para ciudadela y este puerto.
Salvo contra orden saldrá mañana de Palma”…
Este pailebote, del que, como ya hemos visto, desconocemos su final, fue mandado por un sinfín de patrones, entre los que destacamos:
Francisco Pujol; Antonio Ferrer; Miguel Tuells; J. Torres; Martin Pons; Miguel Jamet; Miguel Roman; Andres Marquez; Juan Soliveras; Jose Lluch; Jose Ibañez; Bartolome Mercadal; Miguel Mercadal; Antonio Canet; Antonio Company, y otros muchos que alargarían esta lista demasiado, pero que deberían aparecer, ya que mandaron un gran-pequeño buque.
Un libro y una buena acuarela merecerían esta flor de la mar, suertudo navegante que apenas tuvo sobresaltos durante toda su vida marítima.
Esperamos que alguien que tenga su hoja de asiento quiera compartirla en esta revista on line.

PLAYA BLANCA, ARNALDO OLIVER Y SAN SALVADOR

ENTRE MARINERS, NO ES PAGEN NÓLITS

Los que conozcan los libros de Juan Llabrés Bernal coincidirán conmigo que, aparte de interesantísimos, son, cuando menos, originales. Muchos de ellos son pequeños cuadernos llenos de recortes de apuntes de la vida marítima balear, que, recolectados de antiquísimos diarios, tienen un valor documental inestimable. También se pueden disfrutar sus doctas colaboraciones en la Revista General de Marina. Un gran historiador indudablemente.
Efemérides Marítimas de Ciudadela en los Siglos XVIII y XIX, perteneciente a la serie Monografías Menorquinas, separata del diario El Iris y fue editado por José Alles Quintana. Con el Numero 40 se publicó en Ciudadela en 1.958. Una pequeña joya que nos desvela, aparte de otras curiosidades, la vida y hechos del pailebote de la matrícula de Ciudadela, PLAYA BLANCA, ex ARNALDO OLIVER y ex SAN SALVADOR.
Sus características técnicas como ARNALDO OLIVER las extraemos de la Lista Oficial de Buques: Año de 1.935 y son:
…”Señal distintiva: EEAL; casco de madera; año de construcción: 1.860; eslora: 23,37 metros; manga: 6,36; puntal: 2,34; calado: 2; registro bruto: 67,66 toneladas; registro neto: 49,29 toneladas; carga máxima: 115; desplazamiento: 191 toneladas; 1 motor con una potencia de 45-55 caballos; velocidad: 6 nudos; combustible: 2 toneladas para un consumo diario de 0,36; capacidad de lastre, 30 toneladas”…

El ARNALDO OLIVER en Ciutadella. Fecha indeterminada. De la web Menorca Imatges den Primer.jpg
El ARNALDO OLIVER en Ciutadella. Fecha indeterminada. De la web Menorca Imatges den Primer.jpg

Veamos ahora su historia según el libro referenciado:
…”Compraron en 1897 D. Andrés y D. Miguel Triay Maurant, D. Rafael Carretero Fedelich y D. Antonio Nieto González, el pailebot SAN SALVADOR, de la matrícula de Andraiíx, que mandaba el patrón ciudadelano Agustín Rotger Moll. Había sido construido en Palma por Antonio Estada en 1860 y desplazaba 46 toneladas. Pasó al fol. 14 Lista 1a. En 1910 se le habilitó un vivero en Palma por el maestro Sebastián Llompart Mateu. Adquirido en 1917 por D. Jaime Oliver Moner, de Alcudia, pasó a dicha matrícula y se llamó ARNALDO OLIVER. En 1932 volvió a la de Ciudadela por compra de D. Juan Arguimbau Ferrer y otros. Actualmente navega con el nombre de PLAYA BLANCA (fol. 7 Lista 2a), carga 115 toneladas como máximo y va provisto de motor auxiliar”…
José Huertas Morión, en su libro Los Motoveleros. El Final de una Época, narra una curiosísima historia sobre el ARNALDO OLIVER, su armador y su patrón; la transcribimos:
…”Este señor Oliver había tenido una pequeña flota de veleros que hacían el cabotaje entre el litoral de la Península y las islas Baleares, y para mí, fue el primer armador que le puso motor auxiliar a sus barcos allá por los años de la pera cuando empezaron a salir los motores marinos, y que poco después sería seguido en tal menester por el señor D. Damián Ramis, el iniciador en compañía del señor Sala de la famosa compañía de moto-veleros que fue la Naviera Mallorquina. Pero como iba diciendo, el señor Oliver, que poseía entre otros barcos los nombrados «PUERTO DE ALCUDIA», «PEDRO OLIVER», «ARNALDO OLIVER» y «P. y C. I», les puso motor auxiliar, y como era cosa nueva en aquellos tiempos, el hombre se creyó que ya poseía unos transatlánticos y los puso en línea entre los puertos de Barcelona y Palma, con llegadas y salidas a fechas fijas y con carga general.
Como la mayoría de los armadores que ya más tarde poseyeron moto-veleros, se creían que una vez los barcos con propulsión mecánica, para estos ya no existían ni calmas ni malos tiempos que los detuvieran, y contaban las millas y las horas, como si los barcos en vez de ir por la mar fueran por la carretera, y me explicaba sonriente el viejo Oliver:
«Le voy a contar a Ud. lo que me ocurrió una vez con el patrón que mandaba el “ARNALDO OLIVER” y que era un hombre muy serio, muy buen marino y que no hablaba nunca, pues las palabras había que sacárselas con sacacorcho».
«Daba la casualidad de que yo me encontraba en Barcelona a donde había ido por asuntos de negocios, y me fui al muelle a ver terminar de cargar el barco que estaba metiendo carga general para Palma».
«Eran mediadas horas de la tarde, y el barco estaba terminando de meter la carga para quedar listo para salir a viaje, pues debido a que el buque debía de hallarse a fecha fija en Palma, la costumbre era de que con la última caja, se cerraran las escotillas y se hiciera inmediatamente a la mar».
«En que mala hora» -continuaba contándome el señor Oliver- «se me ocurrió preguntarle al patrón, que a qué hora pensaba salir».
«A ninguna» me respondió éste- «no pienso salir».
«Me quedé mirándole con la boca abierta como si no hubiera entendido lo que me había dicho, pues no entendía a qué se debía el que con el barco cargado y listo no quisiera salir; el tiempo era bueno, claro, despejado y calma, barco listo y con la documentación a bordo, y sin embargo, el patrón con su laconismo acostumbrado, me decía en pocas palabras que no pensaba salir a la mar a viaje».
«Patrón, el tiempo es bueno ¿por qué no sale? «No salgo» respondía y no decía más.
«La gente que se encontraban en el muelle, no decían nada, y se miraban unos a otros viendo la discusión entre armador y patrón, esperando a ver en qué quedaba aquello, y quien ganaba».
«Patrón, no será por causa del tiempo el que no salga a viaje, pues el estado de éste, no puede ser mejor» -decía el armador.
«El patrón se quedó silencioso mirando al dueño del barco, y después de pensarlo, sólo dijo una frase, que fue la siguiente».
«Si se viene Ud. con nosotros a viaje, salgo inmediatamente». «Eso está hecho» -dijo el armador rápidamente- «espere media hora que voy corriendo al hotel por la maleta, y vengo para salir con ustedes», y cogiendo un coche, se fue volando a por la maleta, y al rato ya estaba de vuelta, y embarcando a bordo, y dirigiéndose al patrón, le dijo: «Andando, cuando quiera ya nos podemor ir».
Con el motor en marcha, el barco soltó amarras y salió para fuera del puerto, y una vez libre de puntas, puso proa a la isla de Mallorca, navegando sin novedad.
«Cuando ya llevábamos como unas dos horas navegando» -continuaba contándome el viejo Oliver- «y ya empezaba a declinar el día y aproximarse la noche, el cielo empezó a cubrirse, el viento de Levante a refrescar y la marejada a picarse, y conforme pasaban las horas aquello iba en aumento, el viento se iba haciendo duro y las olas aumentando de tamaño, mientras el cielo empezó a soltar agua como si estuviera diluviando».
«Patrón» -le dije- «esto se está poniendo muy feo y deberíamos de volvernos a Barcelona».
«El patrón me miró, y me dijo:» «Ahora ya es imposible la vuelta, ahora no podemos volver en contra del tiempo y no nos queda más remedio que tragarnos todo lo que venga y correr hacia abajo empujado por el temporal que nos ha cogido».
«Nos había cogido el toro, pero es que el muy canalla del patrón no me dijo una cosa que él sabía y que se la calló, y era que el barómetro estaba bajísimo y no paraba de bajar, y había consentido meterse en el mar a sabiendas de lo que le iba a pasar, no sé con qué idea».
«Y allá iba el barco en popa, con sólo una vela a proa y el motor a media marcha huyéndole a las olas que rompiendo nos cogían por la popa, y fíl en fil aquello ya no era navegar sino huir desesperadamente como alma que lleva el diablo y esperando que una ola nos sepultara».
«Pasé la noche más trágica de mi vida, y que jamás he podido olvidar; las velas se las llevó el viento convertidas en girones, abajo en el motor, el volante a un bandazo había volteado al motorista lanzándolo contra un mamparo partiéndole un brazo, por lo que yo personalmente me tuve que hacer cargo del motor, mientras los marineros cogidos a las bombas no paraban de achicar el agua que nos entraba a bordo por todos lados y que nos iban a tirar a pique si dejábamos de darles a las manchas; y allí estaba yo abajo en la máquina, chorreando agua, lleno de grasa y de aceite, aguantándome como podía para no caer a un bandazo encima del motor y me pasara igual que al motorista, muerto de miedo y de frío, esperando mi última hora para mí y para todos los que íbamos en aquel ataúd flotante, oyendo el ulular del viento huracanado, el ruido de las olas que rompían sobre la cubierta, y el estrépito del pobre motor que me parecía un milagro el que funcionara, y los quejidos y lamentos del herido que rodaba de un lado a otro según los violentos movimientos del barco, y al mismo tiempo pensando cuánto tiempo resistirían los hombres que estaban en las bombas, y cuándo llegaría el momento en que rendidos las abandonarían y se dejarían caer esperando la muerte, o bien la mar se los llevaría sacándolos de a bordo, y a todo esto el patrón silencioso y sin decir nada, cogido a la rueda del timón conducía a aquél destrozado barco en medio de la tempestad hacia donde la mar o el destino quisiera llevarlo si antes no se nos cruzaba por delante algo que frenara nuestra marcha y nos mandara al fondo del mar».
«Ya ve Ud.» -me decía el señor Oliver-. «Los años que han pasado desde entonces, y aún me acuerdo de aquella horrorosa e inolvidable travesía que no se la deseo ni a mi mayor enemigo».
«¿Y cómo terminó aquello, señor Oliver? -le pregunté yo interesándome en la aventura marítima que le habían hecho vivir.
«Menos mal que terminó bien» -respondió el viejo armador- «pues durante el nuevo día, el tiempo fue a menos y ya nos encontrábamos a la altura de la isla de Ibiza, por lo que pudimos gobernar y coger algún resguardo del tiempo sobre la isla, y respirar un poco» -continuó él- «pero ahora verá Ud. la clase de hombre que tenía yo la suerte de tener en mi barco de patrón, pues cuando pudimos serenarnos un poco, destrozados y rendidos de la espantosa corrida que habíamos tenido, en la boca de la escotilla, habían unas cajas de bebidas que por cierto era una carga propiedad de un gran amigo mío, y pensé que para recuperar ánimos no nos vendrían mal unos traguitos que animara a la rendida tripulación, por lo que le dije al contramaestre que abriera la escotilla y que sacara unas botellas para que los hombres bebieran y se animara un poco el estado de ellos, cosa que el contramaestre empezó a hacer, pero que no pudo terminar, pues el patrón que estaba a popa y vio la maniobra, se acercó y le preguntó al contramaestre, que quién le había dado orden de abrir la bodega».
«El armador» -respondió el contramaestre.
«Aquí no hay más armador que yo» -dijo el patrón- «y sin mi permiso no se abre la bodega, así es, que haga el favor de cerrarla».
«Oiga patrón» -dijo el armador- «he sido yo el que le ha dicho que saque unas botellas de unas cajas de bebidas que pertenecen a un amigo mío y que no dirá nada de lo que pueda faltar, y que son para que los hombres se recuperen de las fuerzas y de lo mucho que han padecido».
«Usted aquí» -dijo el mandamás- «sólo es un pasajero que viene con permiso mío a bordo, y de la carga el que responde soy yo, que no conozco a nadie. Así es que el que tenga sed, que beba agua».
«Para qué contarle a Ud. amigo mío» -continuaba el señor Oliver– «como Dios nos dio a entender, pudimos llegar a Palma, y cuando cogí el muelle, salí disparado hacia mi casa, y creo que el temblor que llevaba encima me duró lo menos un año, el mismo que estuve sin arrimarme al muelle ni asomarme a ver un barco».
«A partir de aquel día, jamás le volví a preguntar a ningún patrón el por qué no salía a viaje, sino que al revés, a todos les decía que salieran cuando quisieran y lo creyeran conveniente y que no tuvieran prisa y que antes de salir, se aseguraran bien de que el viaje fuera un viaje feliz»”…
Desafortunadamente Huertas Morión no da el nombre del patrón que dio tan sana lección a aquel buen armador.
Juan B. Robert, en el diario La Vanguardia, edición del viernes, 1 de julio de 1960, en su página 7, citaba lo siguiente:
…”Un Benemérito Veterano de la Navegación. El Velero «PLAYA BLANCA», Centenario.
El honorable pequeño grupo de barcos de vela de edad centenaria construidos en las famosas maestranzas de los carpinteros de ribera ochocentistas de nuestro litoral mediterráneo, ha sumado el año actual otra unidad, el pailebot “PLAYA BLANCA” que ha cumplido un siglo de vida en la mar desde que fue botado al agua en Palma de Mallorca el año 1860. De reciente ha visitado el puerto de Barcelona, frecuente escala de sus travesías de cabotaje.
Las características principales del “PLAYA BLANCA” son 68 toneladas de arqueo bruto y 115 de capacidad de carga, dimensiones de 23,37 metros de eslora por 6,36 de manga y 2,34 de puntal, aparejo de pailebot con dos palos y motor auxiliar. Se trata de un modesto peón del tráfico marítimo que en estos últimos tiempos verifica entre las islas Baleares y la costa peninsular, pero con la honrosa aureola de su pervivencia secular lograda merced a las excedencias del trabajo de nuestros acreditados “mestres d’aixa”, tan escrupulosos en la elección de buenos materiales para su industria y en la perfección de la mano de obra. Porque este “PLAYA BLANCA” no es un caso único y aun le superan un poco en edad otros veleros de su época y procedencia, también asiduos concurrentes al puerto barcelonés y los demás de Cataluña: el “BAUTISTA PLA“, que ha ostentado sucesivamente los nombres de “MARIA“, “ISABEL“, “PRECIOSA” y “SEBASTIAN PUJOL“, y el “HERNAN CORTES“, ex “CONCHA“, ex “ANGELA“, construidos ambos en Blanes los años 1849 y 1855; el “ISLA EBUSITANA“, que primero se llamó “LA PRECIOSISIMA SANGRE DE JESUCRISTO” y después “SAN JOSE” y “PEDRO COMPTE“, construido en Palma, talleres de José Coll, el año 1856, y el “CIUDAD DE INCA“, ex “PEPITA” y “MARIA ASUMPTA“, construido en Badalona dos años después. Total, más de medio milenio, 522 años, repartidos entre cinco barcos, de los cuales el mayor, “HERNAN CORTES“, arquea 147 toneladas y 56 el menor, “ISLA EBUSITANA“.
Hace un par de meses, la pequeña mesnada de veleros centenarios sufrió una baja por el naufragio del “JUANITA“, de 110 toneladas, en aguas de Villa Cisneros, por fortuna sin víctimas. Era propiedad de armadores canarios y mallorquín de nacimiento, construido en 1857. Aunque el tránsito de los años acabe por relegar estos valientes veleros a la más humilde categoría de “caboteros”, en sus tiempos juveniles, cuando no se disponía de la ayuda de los modernos motores que regularizan las singladuras, también se arriesgaban a navegaciones de altura transatlántica. Del “JUANITA” sabemos de un viaje Tenerife-Guayana Británica en 1906 al mando del patrón García Talavera. Valiosa e interesante documentación para los amantes de las cosas del mar serían los diarios de a bordo, si es que se escribieran con regularidad, de semejantes navegaciones. Resulta difícil la búsqueda y hallazgo de datos que nos aclaren la oscura vida brava y vicisitudes de tales naves.

El pailebot PLAYA BLANCA. Efemerides Maritimas de Ciudadela en los Siglos XVIII y XIX.JPG
El pailebot PLAYA BLANCA. Efemerides Maritimas de Ciudadela en los Siglos XVIII y XIX.JPG

Del “novel” centenario “PLAYA BLANCA“, las curiosas “Efemérides marítimas de Ciudadela en los siglos XVIII y XIX“, recopiladas por Juan Llabrés, cuentan que lo construyó en Palma Antonio Estrada en 1860, imponiéndole el nombre de “SAN SALVADOR” en la inscripción de Andraitx; en 1897 lo compraron cuatro vecinos de Ciudadela; en 1910 pasó a la matrícula de Alcudia con el nombre de “ARNALDO OLIVER“; transitoriamente lo habilitaron de vivero, y en 1932 lo adquirió la “Naviera Ciudadelana, S. A.”, a la que aún pertenece bajo su tercer nombre de “PLAYA BLANCA“, empresa armadora menorquina que posee otro velero, el “PLAYA SANTANDRIA“, ex “SAN ANTONIO“, de 81 toneladas, construido en Palma en 1863, al que, por lo tanto, le faltan tres años para ser centenario”…
Francisco Arguimbau creo una importante consignataria de buques en Barcelona, y al fallecer sus hijos Hilario y Lorenzo fundaron Hijos de Francisco Arguimbau, con escritorio, como muchos consignatarios de la Ciudad Condal, en el Paseo Colón. El tráfico en que eran especialistas era entre Barcelona y las Baleares, Norte de África y Canarias, y en 1945 dan a luz a la Naviera Ciudadelana S.A. (NACSA) que al principio dispuso de una flota de siete motoveleros, algunos de ellos casi centenarios.
El ARNALDO OLIVER acabo sus días en esta compañía, como PLAYA BLANCA, junto al PLAYA SANTANDRIA, centenario a su vez, el casi centenario PLAYA MACARELLA, y los PLAYA GRANDE; PLAYA PEQUEÑA; PLAYA ALCAUFAR y PLAYA PREGONDA. Más tarde vendrían las motonaves PLAYA REAL, PLAYA DORADA y PLAYA ROQUETA.
Sobre la Naviera Ciudadelana S.A., fundada en 1945, Juan B. Robert cita en La Vanguardia, en su edición del martes 9 de julio de 1963, en su página 23, lo siguiente:
…”Es curioso mencionar que esta empresa se constituyó hace unos veinte años con el exiguo capital inicial de 45.000 pesetas, aumentado hasta dos millones posteriormente, siguiendo nuevas ampliaciones para acrecentar la flota de la compañía, en la que figura otro velero centenario, pailebot «PLAYA BLANCA», ex «ARNALDO OLIVER», ex «SAN SALVADOR» construido en Palma en la maestranza de Antonio Estrada el año 1860, que también tuvo su época de vivero y pasó por las inscripciones dé matrícula de Andraix, Alcudia y Ciudadela por mano de diversos armadores. Es otro de los visitantes asiduos del puerto de Barcelona en sus constantes travesías de cabotaje por esta zona mediterránea, ruta que asimismo es habitual de sus coetáneos. Con frecuencia se da el caso de ver reunidos un par o tres de ellos aquí, en Palma o en Valencia, pasando desapercibidos por su pequeñez y escasa prestancia entre la cotidiana concurrencia de naves de gran porte. Como su edad, no anotada en las certeras estadísticas del «Lloyd’s Register» si se trata de buques menores de cien toneladas, permanece emboscada en los amarillentos y borrosos folios de los viejos libros de registro de las Comandancias y Ayudantías de Marina, que a buen seguro guardan el secreto de la edad de no pocas pequeñas naves de veteranía semejante, quizá ignorada incluso por sus propios dueños de hoy”…
La Naviera Ciudadelana S.A., junto a la casa consignataria Hijos de Francisco Arguimbau S.A., eran propiedad de D. Hilario y D. Lorenzo J. Arguimbau Amengual, este último fallecido en 1967, prácticamente al mismo tiempo que sus centenarios veleros.
Según parece ser, fue incendiado y hundido intencionadamente cerca del puerto de Barcelona. En noviembre de 1969 todavía navegaba.
La excelente web Baixamar hay narradas otras excelentes aventuras del ARNALDO OLIVER contadas por patrones que lo gobernaron. Baixamar es una imprescindible web en nuestra biblioteca virtual.