EL MARÍA LORENZA Y LA CONDICIÓN HUMANA

LO QUE SEA DE LA MAR, TODO ES AZAR

La barca DORANE fue botada en el año 1883 en los astilleros de Søren Abrahamsen, en Nordby.
El 11 de julio de 1883 pasa a propiedad de A/S “Briggen Doranes Rederi“, del armador Christian Hansen Nielsen bajo el mando del capitán Anders Hansen Rødgaard.
En 1906 se vende A/S AP Clausen, de Nordby.

Acuarela de la DORANE navegando con todo el trapo y luciendo un bonito color blanco en el casco. De la web Mitfanoe.dk.tif
Acuarela de la DORANE navegando con todo el trapo y luciendo un bonito color blanco en el casco. De la web Mitfanoe.dk.tif

Se vende de nuevo en septiembre de 1909 a Jon Petur Sigurdson, quien en 1918 vende este bonito bergantín a Elorza y Lafuente, quienes lo matriculan en Montevideo y le ponen la contraseña uruguaya, como muchos armadores españoles solían hacer.
Las características de la DORANE eran las siguientes: Registro bruto: 313,12 toneladas; registro neto: 299,0; eslora entre perpendiculares: 117,0 pies; manga: 24,4; puntal en bodega: 13,6; material de construcción: roble y pino con la obra viva forrada en cobre (Fuente: web mitfanoe.dk)
Si bien bajo la contraseña danesa su vida fue larga y no exenta de grandes peligros, como era la vida marítima de todos los tragavientos, bajo contraseña uruguaya e intereses españoles su existencia fue breve, trágica y esperpéntica.
El ultimo adjetivo no debemos tomarlo como insultante ni humillante, ya que se aplica a un buque que paso -a menos de 100 millas de las costas españolas y en el año 1918- una tragedia humana de dimensiones épicas de las que solían ocurrir en la mar en la centuria anterior.

Le Havre. 1904. El bergantin DORANE maltrecho tras sufrir un duro temporal en las Azores. Foto Billedarkiv.mfs. Remitida por Emilio Trigos. Nuestro agradecimiento.jpg
Brig DORANE af Fanø.Fotografiet er taget under indsejling til Le Havre i februar, 1904.

Un puñado de hombres debieron abandonar en un bote al buque que se hundía, y el paso de los días, la falta de víveres, de agua y la desesperación, les llevaron a la degradación humana, la consideración del asesinato y el canibalismo como fuentes de supervivencia y al encuentro de su condición animal más primitiva. Esto, si alguien se escandaliza, nos ocurriría a cualquiera de nosotros bajo determinadas circunstancias y nos recuerda que la condición de mona civilizada que tenemos –estúpida indudablemente- se limita al primer milímetro de nuestra capa cerebral.
Las historias marítimas decimonónicas sobre este tipo de comportamientos en la mar son muy numerosas y están justificadas por el formidable medio hostil que representa la mar, en donde la vida humana muestra toda su fragilidad. Sin remontarse a tantos años, tragedias recientes como la de los Andes, muestran que el instinto de supervivencia del hombre es de acero forjado.
Nada a decir sobre la vida marítima del MARIA LORENZA –antiguo DORANE– ya que vino, salió y se hundió. Pero la tragedia, narrada y novelada por Rafael González Echegaray en el libro Naufragios en la Costa de Cantabria, quedaba reflejada en la prensa del momento de la siguiente manera:

Naufragos del bergantin MARIA LORENZA. Revista Mundo Grafico. Num 328 edicion de 6 de febrero de 1918.tif
Naufragos del bergantin MARIA LORENZA. Revista Mundo Grafico. Num 328 edicion de 6 de febrero de 1918.tif

Según el diario La Acción, de Madrid, en su edición de 25 de enero de 1918, en su página 2, los hechos –con imprecisiones en el texto- ocurrieron de la siguiente manera:
…”Espantosa odisea de algunos náufragos.
La goleta «MARIA LORENZA», a merced del temporal. EI naufragio. En el bote. Los náufragos enloquecen y un perro se vuelve hidrófobo. Para alimentarse, devoran un perro y quieren comerse unos a otros. Un cadáver. En salvo.
Santander, 24 (11 n.). La goleta «MARIA LORENZA», de 500 toneladas, de esta matrícula y propiedad de los señores Elorza y Lafuente, salió de Bilbao para Avilés el día 19, con 150 toneladas de mineral, llevando once tripulantes: Rafael Venerado, capitán; Manuel Castro, Contramaestre; Felipe Glabancho, cocinero; Anastasio Erezuma, cocinero; Ángel y Saturnino Pillago, Salvador Vidal, Avelino Aruce, Agustín Ajeitos y Gerardo García, marineros.
Media hora después de haber salido del puerto un violento huracán desarboló la embarcación, y así continuaron hasta las once del día siguiente, en que la goleta comenzó a hacer agua.
Resultando insuficientes las bombas de achique, se embarcaron en un bote de motor, llevándose gasolina, víveres, varios barriles de agua y dos perros. Navegando en busca de tierra pasaron la noche, y así se les terminó la gasolina.
Divisaron la costa, y cuando se dirigían hacia ella, el viento les arrojó mar adentro.
En la lucha por salvarse, arrojaron al mar el agua y los víveres, y desde entonces perdieron toda esperanza de salvación.
Rezando pasaron otra noche, y al amanecer comenzaron a sentir una sed devoradora.
En contra de lo que el capitán les prohibía, bebieron agua del mar, que les avivó la sed.
El marinero Gerardo García se sintió con fiebre y bebió más agua salada que los otros. Los compañeros hubieron de abalanzarse sobre él para impedirle que siguiera bebiendo, y poco después la fiebre de Gerardo se elevó a muchos grados; el enfermo daba gritos espantosos y hacía gestos que horrorizaban. Poco a poco íbase volviendo loco.
El día 23, extenuados, sin fuerzas para remar, pusieron un impermeable en un palo par a que sirviera de vela. El cocinero se contagió del mal de Gerardo, y la situación se hizo dificilísima. Un perro se sintió hidrófobo y hubo que arrojarle al mar.
El cocinero dio una cuchillada al perro que quedaba a bordo y le devoraron crudo. Uno de los náufragos, terminada la carne del perro, propuso echar a suerte y que muriese un náufrago, para alimentarse los demás con su carne.
Ya comenzaban a luchar, cuando el capitán les pudo reducir. El día 23 vieron pasar un barco, que no les hizo caso por creerles muertos, dada la inmovilidad de todos.
Al fin la goleta «VICTOR» les recogió, pero ya había muerto Gerardo. Los demás están gravísimos”…
En realidad fue el buque MARIA GERTRUDIS quien recogió y llevo a puerto a los náufragos.

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