EL NAUFRAGIO DE LA BARCA ROSITA

DE TOCAR CARENA, QUE TOQUE EN ARENA

Colaboración del Sr. Juan Mª Rekalde.
Copyright del Sr. Juan Mª Rekalde.
Este artículo ha sido posible gracias a dos personas, a Roberto Hernández (El Ilustrador de Barcos), porque ha ilustrado el artículo con las bonitas acuarelas de la barca ROSITA. No hubo más que darle un par de explicaciones, para que centrara el tema perfectamente, buen pintor, y como marino, buen conocedor de los buques y su entorno y a mi amigo, Fernando Landin por las correcciones del texto. Gracias a los dos.
Dicen que: “De tocar la carena, que toque en arena”
Hasta que en 1887 no concluyera el ingeniero de la Junta de Obras, D. Evaristo de Churruca, el llamado Muelle de Hierro de Portugalete, la entrada al puerto de Bilbao, fue un quebradero de cabeza para los capitanes de veleros y vapores, por su alta siniestralidad.

La barca ROSITA. Acuarela de EL ILUSTRADOR DE BARCOS. Nuestro agradecimiento.JPG
La barca ROSITA. Acuarela de EL ILUSTRADOR DE BARCOS. Nuestro agradecimiento.JPG

La ría del Nervión, formaba, en su desembocadura, una barra de arena, flanqueada en su margen derecha por una escollera artificial, “La Mojijonera”, o banco del Nordeste y en su margen izquierda el “Arrecife de los Palos” o banco del Sudoeste, que iba desde la playa del Salto, en Portugalete, hasta el antiguo puerto pesquero de Santurce.
La mayoría de los buques que vararon a la entrada o salida de la ría, por la barra, lo hicieron por falta de gobierno, bien porque al tocar sus popas en el fondo, se salía el timón de sus machos, o se rompía directamente, o porque sus pobres maquinas no tenían la fuerza suficiente y les atravesaba la mar.
De los que vararon en el banco del NE alguno pudo salir por sus propios medios, como es el caso de la ROSITA, y para los demás el procedimiento era casi siempre el mismo, si no había riesgo inminente de perdida de vidas humanas, se esperaba a la bajamar, se alijaba el buque, bien abarloando gabarras o directamente por echazón de parte de su carga, al mismo tiempo, y por medio de las lanchas de atoaje, se hacía el tendido de anclas a barlovento para virar de ellas a la pleamar siguiente.
Muchos de los que salieron de este banco del NE, lo hicieron sin grandes averías, porque sus quillas y pantoques vararon sobre arena, pero, de los que vararon en el banco del SO muy pocos lograron salir.

Naufragio de la ROSITA. Acuarela de EL ILSTRADOR DE BARCOS. Nuestro agradecimiento.JPG
Naufragio de la ROSITA. Acuarela de EL ILSTRADOR DE BARCOS. Nuestro agradecimiento.JPG

Si se hubiera quedado la barca en su primera varada, posiblemente la hubieran sacado sin grandes daños, en aquella fecha estaban registrados en la matricula de Bilbao los remolcadores de paletas, ALGORTA, SAN NICOLAS, VOLADOR y HECTOR y el de hélice FAY.
Pero como dicen también que “A barco hundido, todos pilotos”
La barca ROSITA fue construida por D. Julián de Unzueta en el astillero de La Rivera, en Olaveaga. (Bilbao)
Se puso la quilla en los picaderos el día 13 de enero de 1850 y fue botada a la Ría el día 13 de junio de 1850
Por el casco en rosca con su lancha se pagaron 208.000 reales de vellón, y por sus palos, velas, jarcia, anclas y todo lo demás para dejarla lista para la navegación otros 292.000 reales de vellón.
El día 7 de agosto de 1850, D. Juan Felipe de Abrisqueta, Maestro Constructor Honorario de la Armada, procedió a su arqueo, con los siguientes resultados:
Eslora: 31, 20 metros.
Manga de construcción, o de fuera de miembros: 7, 50 metros.
Manga de arqueo, o de dentro: 7, 08 metros.
Puntal: 4, 44 metros.
Toneladas: 281.
A petición de su capitán, D. Juan Ramón de Cortina, se volvió a arquear el buque en febrero de 1853, según la “Real Orden de Arqueo de 18 de diciembre de 1844”
Toneladas totales: 281.
Descuento de cámara y pañoles: 32.
Quedan toneladas de carga: 249.
La mandó construir D. José Antonio de Urigüen, armador Bilbaino que tuvo una importante flota de buques veleros de buen porte, fragatas, barcas, bergantines goleta, etc., que dedicaba al tráfico ultramarino, trayendo productos coloniales, cacao, café y tabaco de los puertos de Valparaíso, Lima y Guayaquil. (1)
Largaban sus buques en el trinquete la contraseña de la casa, gallardete azul con sus iniciales, J. A. U., en blanco.
Después de una azarosa navegación por el Atlántico, con la pérdida de dos hombres, y de pasar casi un mes voltejeando entre la costa cántabra y la guipuzcoana, hasta encontrar marea y vientos adecuados para arribar a su destino, vino a naufragar a su puerto de matricula, que seguro que el capitán conocía bien.
Pero mejor leemos las explicaciones que dio dicho capitán ante notario, en la protesta de mar: …”En la Villa de Portugalete a 8 de diciembre de 1881.
Compareció el Sr. D. Ricardo Solana Martínez, mayor de edad piloto de derrotas y capitán que ha sido de la barca ROSITA de la matricula de la Villa de Bilbao, perdida ó embarrancada en la playa del Salto, jurisdicción de la Villa de Portugalete el que no exhibe su cedula personal que asegura haberla tenido, pero que no la ha podido librar en el desgraciado naufragio. El que manifiesta hallarse en el pleno uso de sus derechos civiles con la capacidad y aptitud legal necesarias para otorgar esta escritura de protesta de mar, lo que parece a juicio de mí el notario, de lo cual, su conocimiento, estado, vecindad y demás circunstancias doy fe, como también la doy de haber encargado a este Señor se haga con nueva cedula ó certificación de haberla obtenido, lo que ha prometido efectuar a la brevedad posible y dijo: El día diez de octubre último salió del puerto de Savannah (Estados Unidos de América) a cosa de las ocho de la mañana, con viento flojo del Sudoeste y la mar bella.
Durante su navegación siguió sin novedad hasta la singladura veintinueve, latitud Norte 40ª 14´ y longitud Oeste de San Fernando 18º 35´ en que estando en capa corrida con aparejo de gavias bajas, trinquete y trinquetilla, viento duro y gruesas mares del Nordeste, a las cinco horas entró un golpe de mar por la mura de babor que anegó el buque completamente, haciendo nadar por la cubierta a toda la tripulación, la que en aquel momento se ocupaban de arreglar la maniobra y demás efectos para pasar la noche, y llevándose dos hombres al mar quienes resultaron ser el Piloto segundo D. José de Larrauri y el marinero Felipe Valenció.
En seguida se echaron pedazos de madera y cabos por la popa para que se pudieran agarrar.
Viendo que los hombres quedaban por la misma popa se viró en redondo en su busca. Durante la virada se perdieron ambos de vista y continuamos de esta vuelta vigilando desde los palos por ver si se avistaban hasta ya entrada la noche, en que viendo la imposibilidad de hallarlos y suponiendo serían ya victimas desgraciadamente de las gruesas mares, se resolvió en junta unánime, seguir el viaje, como se efectuó a las siete horas virando de la otra vuelta.
Durante la noche aguanto en capa cerrada hasta finalizar la singladura, sin más novedad y con distintos vientos y mares se siguió el viaje hasta el día diez y ocho de Noviembre último, en que a la altura de Castro Urdiales se tomó el práctico de la Barra y Ría de Bilbao a las cinco de la mañana de aquel día.
Que aquel día y demás subsiguientes hasta el veinte y cinco del mismo mes de Noviembre se presentaron en el abra en demanda de querer acometer a la barra, pero que el Sr. Piloto Mayor les hacia señales negativas por consecuencia de la mucha mar y viento flojo que reinaba, por lo que perdidas ya las mareas, el mismo día veinte y cinco se presentaron en el abra con el mismo animo de franquear la barra y que volviendo a hacer las señales negativas el Sr. Piloto Mayor para su entrada, se reunió junta a bordo y se resolvió por unanimidad tratar de tomar el puerto de Santoña y en tal concepto se dio rumbo al mismo, pero al estar abocados a la entrada de aquel puerto, roló el viento al Oeste fresco y luego rolando más duro al Noroeste imposibilitando la entrada y obligándoles a darse en vuelta afuera y acortar ó disminuir el aparejo.
Continuando en esta forma capeando hasta el día veinte y ocho del mismo mes de Noviembre en que el tiempo abonanzó en algún tanto, encontrándose al finalizar esta singladura del veinte y ocho a la vista de la costa de Guipúzcoa, y navegando con viento flojo del Norte y mar gruesa del Noroeste con rumbo al Oeste, siguiendo así hasta la singladura del treinta del mismo mes, en que calmó algún tanto el viento y luego llamándose al amanecer del mismo día al Oesnoroeste frescachón con mares muy gruesas obligó a acortar más el aparejo y gobernando en vuelta a tierra a fin de reconocerla continuando capeando hasta el día dos del actual en que al mediodía se encontraba el buque a la altura de Santander en calma, en cuyo punto ó altura viendo que las mareas volvían de nuevo y hacia buen tiempo creyó prudente el tomar aquel puerto como de arribada.
Continuando con viento flojo del Sueste hasta el día tres en que se hallaba el buque enfrente de Santoña en calma y luego en demanda del abra de Bilbao, por lo que aquel día cuatro se presentó el buque en el abra pidiendo entrada, la que también fue negada por el Sr. Piloto Mayor a consecuencia de la mucha mar y grandes rompientes en la barra, pasando la noche en vuelta afuera con ánimo de volver al día siguiente, en que estando aguantando a sotavento de Castro.
Con la misma intención ó ánimo de volver al abra y poder franquear la barra a las diez y ocho horas llamó el viento al Oeste frescachón que hacía sotaventear extraordinariamente al buque.
Que a esa hora, ósea a las diez y ocho se viró en vuelta afuera y con objeto de disminuir el abatimiento que tenía el buque se acordó esforzar algo más de vela a fin de montar el Cabo Villano.
A las veinte y cuatro horas tan avante y bastante a barlovento del expresado cabo se volvió a virar por redondo con objeto de montar la Punta de la Galea, lo que pudo conseguir a las cuatro horas, llamando el viento al Oeste frescachón con gruesas mares.
Una vez montada la Galea se resolvió en vista del temporal que fuera reinaba dirigirse a la barra por creer habría en ella suficiente calado para el buque la ROSITA y mediante a que momentos antes franqueaba dicha barra un bergantín de más calado.
Dirigidos a tal barra observaron las señales ó bandera del Sr. Piloto Mayor que también negaba la entrada.
Pero ya encontrándose el buque comprometido y creer u opinar imposible el volver a montar la Punta de la Galea o del Lusuero, se vieron en la precisión indispensable por tales motivos y aún la perdida del buque y de sus vidas, de acometer a la barra a la que se dirigieron, obedeciendo atentamente a las seguidas señales que ya de entrada les hacía al Sr. Piloto Mayor.
Una vez en ella el buque fue sacudido con fuertes y violentos golpes de mar, que le hicieron varar sobre el banco del Nordeste perdiendo en algún tanto el gobierno aquel buque.
Estando varado sobre este banco, maniobrando debidamente y obedeciendo a las mismas señales del Sr. Piloto Mayor, se pudo conseguir con algún trabajo saliera de aquel banco del Nordeste la barca ROSITA, pero al poco tiempo otros fuertes golpes de mar efectos de los que tenía una guiñada que fue imposible corregirla, la arrojaron sobre el banco del Sudoeste, con cuyo motivo las corrientes y más repetidos golpes de mar, la aconcharon sobre la playa del Salto y próximos al punto en el que se encuentran los restos del vapor naufrago HISPALIS, aguantándose en esta situación tan critica hasta cosa de las nueve de la noche hora en que con la ayuda de la Junta de Salvamento de esta localidad, otros individuos de marina, Sr. Piloto Mayor y Ayudante de esta cuarta sección pudieron saltar a tierra todos los tripulantes que a su bordo estaban, en número de siete, inclusión del relatante y además el practico de barra Sr. De Esesúmaga, vecino de esta Villa, ósea los ocho individuos que a su bordo estaban.
Que para la debida claridad hace constatar que al salir dicho día diez de Octubre del puerto citado, lo hizo con la tripulación de nueve individuos, incluso el relatante, faltándole los dos individuos que ha citado por la triste desgracia referida.
Que hecha esta verídica relación de hechos sucedidos, protesta una, dos, tres y más veces, y cuantas sean necesarias contra el mar, el viento y demás elementos que hayan sido la causa ó producido el varamiento ó perdida de su buque, la barca ROSITA y cargamento que conducía y en ella se encuentra de madera.
Así lo dice, otorga y firma siendo testigos, D. Fernando de Carranza, Alcalde Presidente del Ayuntamiento de esta Villa y vecino de ella, y D. Miguel de Acha domiciliado en la misma, que manifiestan no tener excepción legal para poder serlo, y leída que les fue esta escritura por renunciar al derecho que la ley les concede a hacerlo por sí, la aprueba el Sr. Otorgante ratificándose en sus dichos, de lo cual y del exacto contenido de la misma, doy fe, signo, firmo y rubrico yo el precitado notario.”… (2)
Notas: (1-2) Archivo Histórico de Vizcaya, Escribanía de Marina.

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