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D. JUAN MONJO Y PONS. CONSTRUCTOR NAVAL

MÁS QUIERO PERDER EL NAVIO QUE IGNORAR EL BAJIO

Transcripción integra, desde la Revista de Navegación y Comercio: Año V, Núm. 115, de 15 de marzo de 1893, de la vida del constructor naval mallorquín D. Juan Monjo y Pons.
“Nació D. Juan Monjo Pons en Mahón, de honrados y humildes padres artesanos, en 5 de Junio de 1818. Vivió con su familia en su ciudad natal hasta los ocho años, á cuya edad, fallecido su padre en Argelia, á donde había acudido en busca de trabajo, trasladóse con su madre y hermanos mayores á Barcelona, donde desembarcaron en Octubre de 1826.
Huérfana de jefe la familia, el hijo mayor don Pedro tomó á su cargo la tutela de aquélla, y la dirección moral é intelectual de nuestro biografiado. Ciertamente no pudo la Providencia depararle Mentor más escogido. Dotado de un carácter severo al par que afable, y adornado de vastísima instrucción, muy rara en aquella época, supo reprimir con mano fuerte las travesuras propias de la corta edad de su hermano, implantar en su corazón la afición al estudio y el culto del deber, y echar en su tierna inteligencia los primeros cimientos del saber, que tan altos vuelos vemos tomar más adelante.
Recién llegado á Barcelona cursó con notable aprovechamiento en las Escuelas que á la sazón costeaba en la Lonja la Real Junta de. Comercio de Cataluña y en otras particulares, los estudios de Dibujo lineal, Geometría práctica, Idioma inglés, Taquigrafía, Cálculo mercantil, Poli-caligrafía, Arquitectura naval y Náutica.
Terminada ésta, y al ir á emprender los reglamentarios viajes prácticos de la Carrera, la resuelta oposición de su madre, que no quiso la separación de su hijo menor, hubo de hacerle desistir de su propósito, emprendiendo entonces los estudios de Ingeniero mecánico, por los cuales sentía decidida afición.
Cuando con más ahínco se dedicaba á ellos, una nueva contrariedad vino ó oponerse á la realización de su proyecto: la falta de salud de su citado hermano, que desempeñaba entonces en propiedad la plaza de Maestro público de Arenys de Mar.

D. JUAN MONJO Y PONS. Retrato aparecido en la REVISTA DE NAVEGACIÓN Y COMERCIO. Año 1893..jpg
D. JUAN MONJO Y PONS. Retrato aparecido en la REVISTA DE NAVEGACIÓN Y COMERCIO. Año 1893..jpg

Convertido por esta circunstancia en único sostén de su anciana madre, viose precisado, violentando de nuevo su vocación, á abandonar los estudios á que con tanto ardor se consagrara. Cursó rápidamente la carrera del Magisterio; y una vez obtenido el correspondiente título profesional — que le fue otorgado por gracia especial de S. M., por no tener el interesado la edad reglamentaria,— pasó á Arenys, sirviendo de Ayudante en la Escuela pública de aquella á las órdenes de su infortunado hermano, cuya salud iba minando á pasos agigantados la enfermedad que le arrebató la vida en 6 de Enero de 1838.
Fallecido éste, ocupó D. Juan Monjo en 30 de Marzo de aquel año la plaza de Director propietario por nombramiento de aquel Cuerpo municipal. Joven aún, desplegó allí tal severidad y tacto pedagógico, que á los pocos meses, y á, pesar de su numerosa asistencia, rayana algunas veces á 100 alumnos, el orden más admirable reinó en aquella escuela, demostrando desde luego su natural idoneidad en el ejercicio del Magisterio. Las más acomodadas familias de la villa le confiaron la instrucción de sus hijos, y aún hoy existe viva entre aquellos vecinos la envidiable fama de nuestro biografiado y el gratísimo recuerdo de tan digno profesor. Reconociéndose apto para prestar más importantes servicios á la juventud, no se contentó su temperamento emprendedor, activo y estudioso, con el reducido cuadro de asignaturas que encontró establecidas, sino que á aquel plan de enseñanza adicionó á poco la Geografía, Dibujo lineal á ojo y á pulso, Declamación y Gimnasia. Daba además clases especiales de Taquigrafía, Idioma francés, Dibujo natural, Matemáticas, Idioma inglés, Arquitectura naval y Caligrafía de adorno. Su pasmosa laboriosidad y su reconocida competencia obtuvieron brillantes resultados; contándose entre otros muchos aprovechados alumnos de aquella época al Excmo.  e ilmo. Sr. D. Jaime Cátala Albosa, actual Obispo de la Diócesis de Barcelona.
El penoso ejercicio de la enseñanza resintió por fin algún tanto su salud. Con el fin de restablecerla, no aviniéndose sus legítimas aspiraciones á las ingratas y poco retribuidas tareas del profesorado, y deseoso además de probar fortuna, ofreciendo ancho campo á sus naturales ensueños juveniles, resolvió dar treguas á la enseñanza. Con verdadero sentimiento de los arenyenses se trasladó á Barcelona en 17 de Mayo de 1845, llevándose consigo el inestimable aprecio de la generalidad de aquellos vecinos.
Fue entonces Tenedor de libros y encargado de la correspondencia en varias casas de comercio de aquella capital. Impelido siempre por su continua ansia de saber, empleó el tiempo que le dejaban libre sus diarias ocupaciones en continuar los interrumpidos estudios de Maquinaría y en cursar, además, en la Universidad la Mecánica y las Matemáticas sublimes bajo la dirección del renombrado maestro D. Lorenzo Presas.
Con ánimo de dedicarse al comercio, partió en 1848 para Manzanillo (Isla de Cuba), dejando á su familia en Barcelona. Allí se estableció con escasa fortuna; pero cuando después de mil contrariedades, un brillante porvenir se le ofrecía, no vaciló en sacrificarlo en aras de su paternal deber de dirigir personalmente la educación de sus hijos. Así lo ejecutó en Abril de 1853, abandonando á Manzanillo para restituirse á Barcelona.
De regreso á la Península, no pudo reprimir su natural propensión al estudio. Aleccionado por su larga práctica en la enseñanza de la Arquitectura naval, y bien convencido de que el atraso de nuestros constructores navales procedía principalmente de la carencia absoluta de una obra de consulta, mientras se dedicaba á la tarea de instruir á sus hijos, empezó á ordenar y completar gran número de apuntes que poseía sobre Arquitectura naval, extractando, además, algunas obras extranjeras que había adquirido en sus viajes, principalmente la sueca, compuesta por C. L. Uggla, cuya total traducción dejó inédita. Cuando se convenció del buen éxito de su empresa, redobló sus esfuerzos, logrando por fin ver terminada su obra magistral, titulada: Curso metódico de Arquitectura naval, aplicada a la constricción de buques mercantes, la cual publicó en Octubre de 1856.
Presentada al Gobierno para su aprobación, mereció, previo un brillantísimo informe del Jefe de Ingenieros de la Armada, ser declarada obra de texto para las futuras Escuelas de Construcción naval por Real orden de 8 de Mayo de 1858. Esta obra tiene el mérito de ser la primera original de su género escrita en nuestro idioma; es muy recomendable por la exactitud de sus láminas y figuras, dibujadas y trasladadas todas á la piedra litográfica por el mismo autor, por la ingeniosa combinación de la teoría con la práctica que se observa en el método adoptado en ella y por los varios vocabularios extranjeros que la enriquecen. Tales circunstancias, y principalmente su método descriptivo, tan admirable por su sencillez, como por su claridad, exactitud y brevedad, bastarían á patentizar los profundos conocimientos matemáticos de su autor, si otras obras no menos recomendables que nos ha legado no los acreditasen suficientemente.
No quedó satisfecho con tal publicación el deseo de nuestro biografiado de difundir sus conocimientos de Arquitectura naval. Movido por su empeño de facilitar á los constructores los medios de adquirir en nuestra patria y sin necesidad de mendigarlos en el extranjero los conocimientos indispensables para ejercer su profesión sin auxilio de la vulgar rutina, solicitó del Gobierno diferentes veces la creación de Escuelas oficiales de Construcción naval, poniendo en juego con este fin cuantos medios halló á mano. Con ánimo de sacudir la indiferencia pública en esta cuestión, en 30 de Enero de 1859 leyó en la sesión celebrada por la Sociedad Filomática de Barcelona, de la cual era socio, una detallada Memoria sobre el origen, progresos y estado actual de la Arquitectura naval, haciendo patentes los importantes beneficios que reportaría el establecimiento de aquellas escuelas al fomento y mejora de nuestra Marina. Este trabajo le valió los más entusiastas plácemes de la prensa.
Sus repetidas instancias consiguieron, por fin, que la ley de Instrucción pública de 9 de Septiembre de 1857, considerase á los constructores navales como sección de la carrera de Náutica, y dispusiese el establecimiento de Escuelas oficiales en Barcelona, Cartagena, Cádiz, Coruña y Santander. Sobre el particular, el Consejo de Instrucción pública pasó al Gobierno en Mayo de 1860 el siguiente informe: «Que deben establecerse las cinco Escuelas de construcción naval señaladas por la ley ; expedirse desde luego á D. Juan Monjo, en vista de las especiales circunstancias que en él concurren, el nombramiento de Profesor del ramo con destino á la Escuela de Barcelona, y sacarse las demás plazas á oposición.»
Tales proyectos no llegaron á verse trasportados al terreno de la práctica, resultando, por consiguiente, infructuosas todas sus tentativas. Así, pues, lejos de ver D. Juan Monjo debidamente recompensada su iniciativa y laboriosidad, resultaron del todo improductivos sus continuos afanes y las privaciones personales á que le redujo la inversión de la mayor parte de sus modestos ahorros en la impresión de la obra.
Tras éste gran desencanto, para atender al sustento de su familia, abrió una Academia preparatoria para carreras científicas y especial para la enseñanza de la Arquitectura naval, su estudio predilecto. Si constructor hay en el litoral de Cataluña que posea algún conocimiento científico en su profesión, en aquel Establecimiento, único ensuciase, lo adquirió.
Así continuó hasta 1861, en cuya fecha, más con ánimo de prestar su concurso a la causa del progreso que con afán de lucro, aceptó las proposiciones del célebre D. Narciso Monturiol, desempeñando á las órdenes del inventor el importante cargo de Ingeniero-constructor de buques submarinos, del cual tomó posesión en 1.° de Octubre de aquel año.
Importantísimos y de gran mérito fueron los trabajos á que en esta gloriosa jornada de su vida, seguramente la más notable, dio felice cima la actividad y competencia de nuestro biografiado, dejando con ello bien probado que, sujeto el trazado de aquellos buques á las más complicadas leyes de la ciencia, á nadie hubiera podido Monturiol confiar con más acierto tan delicada misión. Con arreglo á los planos de D. Juan Monjo y bajo su inmediata dirección y vigilancia, fue construido en Barcelona el segundo ICTINEO, cuyo feliz lanzamiento tuvo lugar en 2 de Octubre de 1864: tomó parte activa en las muchas y satisfactorias pruebas que practicó aquel submarino, y dejó además ultimados todos los planos y cálculos correspondientes para un ICTINEO de guerra.
A pesar del trabajo que le reportaban la delineación del ICTINEO y la dirección de los talleres de la navegación submarina, compuso ala sazón, y lo publicó en Mayo de 1862 su segunda obra titulada: «Cálculo instrumental, explicado según la regla calculatoria de Gravet Lenoir». Dicha obra es ventajosamente aplicable á los usos marítimos y á los industriales por la notable economía de tiempo que reporta aquel método calculatorio; útil y accesible á todas las clases industriales, desde el director de un taller hasta el último operario.
Causas que no entra en nuestro propósito detallar, impidieron que llegase á feliz término el hermoso proyecto de Monturiol, malográndose así los desvelos del inventor, los esfuerzos de sus subordinados y el capital empleado en su construcción.
Hemos llegado á la época más crítica de nuestro biografiado, á la prueba más ruda á que quiso sujetarle la Providencia.
Perdido por completo en el fracasado proyecto de la navegación submarina el reducido capital que reunido á fuerza de laboriosidad y economía tenía empleado en la empresa, herido moralmente por el pesar de no ver realizado con gloria del nombre español el mágico problema que tanto le cautivara; contristado por la cruel enfermedad que aquejaba á su aprovechado hijo mayor Pedro; sin recursos con que subvenir á sus más imperiosas necesidades y á la curación de su citado hijo, viose, encanecido ya, en precaria y tristísima situación.
Tan rudos y no interrumpidos reveses no lograron abatir los bríos de su corazón, bien templado en la adversidad.
En efecto, nada le arredró. Íntimamente convencido por el recuerdo de sus contratiempos anteriores de que la enseñanza era su providencial destino, ninguna nueva tentativa hizo ya desde entonces para sustraerse á ella, haciéndose formal propósito de acabar sus días en su ejercicio con la tranquila conciencia del que solo en el cumplimiento de los designios de la Providencia ve cifradas su dicha y bienestar.
Firme en tan loable propósito, abrió de nuevo su Academia nocturna. Ocupaba algunas horas del día dando clases en un colegio particular, y empleaba las restantes en sus investigaciones científicas, tarea que jamás interrumpió. Algún tiempo después amplió sus clases, estableciendo en su domicilio la enseñanza primaria.
En Febrero de 1869, fallecido ya su hijo Pedro, le ofreció el Ayuntamiento de Arenys de Mar la dirección de la Escuela de Náutica y segunda enseñanza que trataba de establecer allá aquella Corporación municipal. Contando con la cooperación de su segundo hijo Jesús, ausente entonces, aceptó la oferta, previa formalización de contrata, trasladose, á Arenys en 11 de Abril de 1869.
En la Exposición marítima española celebrada en Barcelona en 1872, concurrió nuestro biografiado, exponiendo las obras de Arquitectura naval y Cálculo instrumental; la traducción de la obra sueca que antes hemos citado; un plano de banderas de su invención, una colección completa de dibujos náuticos, ejecutados por su tercer hijo Rafael en la Escuela de Arenys; el modelo de una fragata de madera con su arboladura y velamen, construido por su malogrado hijo Pedro; y finalmente, el de una corbeta mixta de hierro con sus correspondientes planos, por su hijo Jesús. Fueron premiados estos objetos con medalla de plata, única distinción que alcanzó D. Juan Monjo en su trabajosa vida.
No fue en Arenys más afortunado que en sus empresas anteriores. La falta de pago por el Ayuntamiento de la subvención estipulada, privándole de la parte principal de sus ingresos, obligóle á su vez á abrir clases extraordinarias para atender á su subsistencia.
En Septiembre de 1876, cansado ya de reclamar en vano el pago de la subvención municipal, después de dar por terminada la contrata, partió para San Juan de Vilasar, donde solicitaban sus servicios buen número de vecinos, con ánimo de fundar allí un colegio, en el cual, acompañado de sus hijos Jesús y Rafael, ya suficientemente practicado este y en posesión del título de Piloto y revalidado de Maestro, pudiese acabar sus días en pleno ejercicio de su honrosa profesión.
Levantó el Colegio á sus expensas, organizólo con el admirable tacto pedagógico y sentido práctico peculiares en él, y estableció en dichos establecimientos la enseñanza de las carreras de Náutica, Comercio y Construcción naval, y por preparatoria la enseñanza primaria, organizada ésta bajo su exclusivo y curioso método particular, acrisolado debidamente por su larga práctica.
Suficientemente sancionado por la experiencia adquirida á costa de 20 años de continua práctica, publicó en 1876 para uso de los alumnos de su Colegio Náutico Mercantil de San Juan de Vilasar el Manual de Cálculo mercantil, obra que va acompañada de un cuaderno autografiado, que contiene la resolución gráfica de todos los ejemplos contenidos en el texto impreso. Desarrollada la obra bajo un plan eminentemente práctico y breve, es notabilísima por el curioso método que emplea en la resolución de la cuestiones aritméticas que contiene, algunas de ellas no tratadas en ninguna otra obra de su clase, siendo además muy recomendable por su bien entendido método aproximativo.
Movido por su constante empeño en procurar por todos los medios el provecho de sus alumnos, compuso las obritas de Gramática y Geometría elemental, que dejó inéditas, ordenando convenientemente los apuntes que sobre dichas materias venía tomando desde largo tiempo. Aunque escritas sin pretensión alguna, vénse brillar en aquellas obritas, fruto de su experiencia, la exactitud, concisión y claridad, condiciones que reúnen todas las publicaciones de aquel autor.
El fallecimiento de su aprovechado hijo Jesús, acaecido en 1880, obligóle, muy anciano ya, á redoblar sus esfuerzos para sostener dignamente el colegio por él fundado.
En esta noble tarea le sorprendió la muerte, en 7 de Junio de 1884, legando á la posteridad, como valiosa muestra de su saber, las importantes obras compuestas por él y el acreditado colegio de su fundación, diferentes veces citado con elogio por la prensa periódica de Barcelona; y á su hijo Rafael, por único legado, su esclarecido nombre y la imperecedera fama de sus virtudes y talento.
Con motivo del fallecimiento de D. Juan Monjo, encargóse de la dirección del referido colegio Náutico-Mercantil de San Juan de Vilasar, su ya nombrado hijo Rafael, en cuyo cargo continúa hoy día.
Tal fue, á grandes rasgos escrita, la bien aprovechada vida de D. Juan Monjo Pons. Modelo de padres de familia, dignísimo y reputado Maestro é insigne y por muchos ignorado hombre de ciencia , combatiólo sin tregua la adversidad, como se ve, y fue por cierto digno en todos conceptos de mejor suerte. Por su modestia, virtudes é ilustración es sobradamente merecedor de que, honrando su memoria , contribuyamos todos, á ejemplo suyo, al progreso de nuestros semejantes y al florecimiento de la amada patria que nos vio nacer”.
Firma el articulo Nauticus, en Enero de 1893.


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