CHATAS

Ayer, viendo como atracaba un gran portacontenedores en el puerto de Barcelona me di cuenta de porque el mundo que conocemos esta en decadencia. Para amarrarlo vinieron dos equipos de ¡4 personas! cada uno en unos grandes coches. Bajaron unos señores con monos, chalecos de colorines de un mal gusto extremo, parafernalia por todo el cuerpo a excepción de alguna luz que les diese destellos en su casco. Vale por todo esto en honor de la estupida normativa vigente, pero…a partir de ahí vino el espectaculo; empezaron a chillar a la tripulación del barco, arrastrando los pies se peleaban por ver quien era el que tenia que coger los cabos y tirar de ellos, chillaban y renegaban, y… mas que no cuento. Al final uno de ellos tomando una estacha la encapillo en un gancho trasero del coche para que este recorriese los “cinco metros” que había hasta el noray. En un esfuerzo sobrehumano, después de chillar más, la encapillo en este y maldijo lo que no se puede expresar por el esfuerzo realizado en tamaña odisea. 4 hombres a proa y 4 a popa. Mi resumen; vagancia, incompetencia suprema e intolerancia unido a una inconsciencia infame sobre el valor del trabajo bien hecho y el respeto hacia uno mismo. Un solo marinero de los del tiempo cuando yo navegue hubiese hecho la operación en la mitad de tiempo. Y bien hecha. Como a buen entendedor pocas palabras bastan, debo decir, alto y claro, que para mí la vida de un lince tiene más valor que la de mil humanos.
Que hubiesen hecho esta maravilla de profesionales si tuviesen que acometer algunos de los trabajos que se realizaban antiguamente en los puertos o a bordo y que requerían pericia marinera, esfuerzo y arte en el oficio. Una de estas maniobras era “dar la banda”.
Dar la banda, o dar la quilla, es una expresión náutica que es la consecuencia de una maniobra que requiere gran pericia marinera. Se hace habitualmente con el auxilio de chatas o bien de algún punto en algún muelle que disponga de chigres o los elementos necesarios para hacer que un velero, poco a poco, vaya escorando hasta dejas la obra viva de uno de sus costados al aire con objeto de poder efectuar reparaciones o limpiezas. EMERENCIA ROIG era un escritor especializado en la marina a vela y los veleros. Colaboro en revistas especializadas y también escribió estupendos libros, uno de los cuales, LA MARINA CATALANA DEL VUITCENTS, ya hemos citado en anteriores artículos de VIDA MARITIMA.
Hoy, para el conocimiento de esta maniobra y sus fundamentos, volvemos a recurrir a tan interesante libro publicado por la EDITORIAL BARCINO en 1.929. El articulo se titula REPARACIÓ Y DESGUÁS DELS VELERS. Traducimos del buen catalán y condensamos de este fragmento del libro: Reparaciones. Carenas.- Queremos señalar con este nombre las reparaciones que se tenían que hacer de vez en cuando a los veleros. Hace falta pensar en los mil contratiempos de sus viajes, los golpes de mar que dañaban sus obras muertas y las superestructuras, las inclemencias del tiempo que secaban sus maderas, causa de vías de agua si en verano se alargaban mucho sus estadías en puertos americanos en espera de flete. De otra parte, la acción del tiempo hacia saltar la pintura del casco y la de las piezas de hierro y esparcía la herrumbre por todas partes. Además, los forros de cobre atacados por la sal del agua de mar, criaban moluscos y algas y diversas pechinas que llegaban a formar una costra; en tal caso sacaban el velero a tierra y le limpiaban fondos. Estaba bien claro, entonces, que había que carenar el barco, de tanto en tanto, después de cada tres o cuatro viajes, generalmente.
Antes la operación de carenar se hacia o bien a flor de agua, por la mediación de chatas, o bien en tierra, subiendo los buques a los varaderos.
Las chatas de carenar eran unos pontones o naves viejas, retiradas de la navegación, sin arboladura ni superestructuras, retiradas de la navegación que les habían quitado la arboladura y todos los detalles de la cubierta excepto un palo que se encontraba en el centro. A proa y popa había dos cabrestantes como los existentes en los castillos de proa de los veleros. Ancladas con cuatro cadenas, y con unas grandes anclas, los veleros se les acercaban para proceder al carenado. Los aparatos de cuadernales eran afirmados por un extremo a la chata y por otro bajo la cruceta de los mástiles del velero. Los chicotes de los cuadernales eran afirmados a los cabrestantes del pontón. Para dar la banda, dos equipos de hombres comenzaban a virar desde los cabrestantes con la ayuda de perchas. Al ir virando, el buque iba escorando poco a poco hasta alcanzar una escora de 45 grados. De esta guisa, se le acercaba una balsa en la cual estaban los carpinteros y los calafates que debían efectuar los trabajos de carena. Sacado el forro de hierro viejo, se calafateaba, alquitranaba y se volvía a colocar un forro nuevo. Una vez efectuadas las reparaciones, los cabrestantes volvían a su posición inicial y el velero se adrizaba. A continuación, el buque era tumbado de la otra banda con la ayuda de otra chata como la descrita y se efectuaba la misma operación en el otro costado.
Esta operación de escorar los buques para proceder al carenado era de lo más pintoresca. Escoradas, las fragatas y bricbarcas lucían toda la gracia de sus líneas. Cuando se les quitaba el forro de cobre, hacia el efecto de que se desescamaba un monstruo marino.
El Secadero.- El secadero era un rincón de la dársena donde iban a parar los veleros que ya no podían navegar por razón de los años o las averías. Cuando iban por averías, era que eran tan graves que su reparación costaría casi tanto como un velero nuevo. Y en este caso los navieros optaban por el segundo remedio.
En el secadero la visión de los veleros era tétrica: despintados, oxidados, eran casi un despojo, al costado de la fiebre de nuevos veleros que a su costado partían y llegaban.
Antes de la instalación del dique flotante, elemento de carenado moderno, todos los veleros eran limpiados por los procedimientos que hemos descrito. Buques tan imponentes como las fragatas CATALUÑA, PALAMÓS, ROSA ALEGRET, MARCELINO JANER que desplazaban de 900 a 1.100 toneladas, y los bricbarcas TAFALLA, JOSE ROIG, MONTORNES, BORINQUEN por nombrar algunos, habían cambiado forros por mediación de las chatas. Los bricbarcas y bergantines de diverso aparejo y puertos distintos lo hacían en el varadero.
Limpiar fondos a un velero de 600 toneladas costaba 150 duros; pintar la obra muerta, 250 y cambiar el forro, 500. hay que decir que el forro de cobre duraba unos cinco años, el tiempo de hacer cinco viajes redondos a América.
El agua dulce de los puertos fluviales como Nueva York disocia el verdín de la parte baja de los veleros. De esta manera, cuando nuestros veleros fondeaban, limpiaban fondos gratis y se volvían a Europa con el forro reluciente y flamante.
Estupendas notas de EMERENCIA ROIG, como todo este libro y sus estupendos artículos en revistas especializadas, auténticos pequeños tesoros para disfrutar con tranquilidad e imaginación.
Foto 1.- 1.888. Dársena Nacional en el puerto de Barcelona. Veleros anclados y a la izquierda una xatá (chata) de las usadas para ayudar a dar la banda a los veleros. Del libro LA MARINA CATALANA DEL VUITCENTS.
Foto 2.- Velero preparado para la carena. Puerto de Palma. Del libro APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA MARINA DE VELA MALLORQUINA DE LOS SIGLOS XVIII Y XIX. Escrito por J.L. SUREDA CARRION.
Foto 3.- Esta foto es curiosa, no solo por el interés técnico de ella sino por lo siguiente; en el libro IMATGES DE VORAMAR, editado por el MUSEU MARITIM DE BARCELONA, se indica: Fragata CATALUÑA, delante de la playa Gran de Palamos durante las faenas de limpieza y reparación. Sien embargo la ENCICLOPEDIA GENERAL DEL MAR, de EDICIONES GARRIGA, toma la misma foto –la que usamos en el texto- e indica: La fragata PALAMOS, dando la banda en el puerto de Barcelona con la ayuda de chatas, maniobra que requería gran pericia marinera.
Foto 4.- A veces se usaban los dispositivos necesarios para dar la banda haciendo uso de ellos desde algún muelle dispuesto para ello. De una MEMORIA DE LA JUNTA DE OBRAS DEL PUERTO DE BARCELONA de año desconocido.

2 comentarios en “CHATAS

  1. Hola, hace poco que he descubierto su joya de acero, óxido y sal y créame que como molusco pegado a su casco no me perderá ya en lo que dure cada una de sus singladuras.

    Un abrazo, Blas

  2. Corroboro todas y cada una de las palabras que expones en la entradilla de tu articulo.
    Es penoso constatar como el arte de la marinería se pierde en beneficio del trabajo hecho a desgana, o simple y llanamente mal hecho. Y para muestra un botón: hace pocas semanas, durante el último temporal que azotó las costas de Galicia, estando en el puerto lucense de Celeiro, una de las estachas de proa faltó por la gaza que estaba encapillada en un noray. Pedí a un tripulante que hiciese un as de guía en el chicote para volver a encapillar y luego de varios intentos fue incapaz de realizar tan socorrido y marinero nudo. Con paciencia salté al muelle y ayudé al tripulante a realizar el nudo.
    Hace treinta y tantos años, cuando yo comencé a navegar, seria impensable un marinero que no supiese hacer un as de guía, y si así fuese, las burlas y chanzas de sus compañeros le harían esforzarse por aprender a realizarlo.

    ¡ Menos mal que ahora las estachas traen de las cordelerías las gazas hechas!

    Unha aperta

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