EL BRIGADIER GONZÁLEZ HONTORIA

…el nunca bien ponderado…
Esta frase hecha usada a menudo antiguamente siempre me ha resultado curiosa. Se debe aplicar a personajes notables que han destacado en cualquiera de las ramas del saber o la tecnica y que por mucho que se diga de ellos -y bien dicho, cosa que es dificil en este pais- nunca sera suficiente para valorar su esfuerzo humano y su peso en la historia.
Esta frase la podemos aplicar al brigadier José González y Hontoria, nacido el 21 de julio de 1.840 en Sanlucar de Barrameda. En esta hermosa ciudad se hace la mejor manzanilla del mundo, cosa que se encargan de recordar los practicos de rio a todo aquel que necesita sus servicios.
En aquellos tiempos se bautizaba a las personas con nombres multiples y a nuestro biografiado se le puso, ni mas ni menos, José María de la Paz Antonio por sus padres Don Antonio González Angel y Doña Maria de la Paz Hontoria Tezanos.
De la familia de ocho hermanos, José fue el que alcanzo renombre mundial al desarrollar una completa familia de cañones navales de gran calidad y valor tecnico que, como siempre, la miopia de los responsables de inversiones y desarrollo de la Armada, tanto civiles como militares, no supieron hacer progresar en la historia a traves de programas de continuidad y soporte a la industria nacional. Mas facil y comodo –por no tener en cuenta consideraciones mas oscuras- la entrega de la nación a la tecnologia y el buen hacer de las grandes firmas extranjeras: Que inventen ellos….
Hoy en dia, con matices, es la misma historia.
Cuando tenia neve años de edad su padre solicito plaza para que entrase como aspirante en el Colegio Naval Militar de San Fernando, donde ingreso el 31 de diciembre de 1.851.
Despues de vicisitudes de juventud que le llevaron incluso a abandonar momentaneamente la Armada, y demostrando gran capacidad para las ciencias, ingresa en la Academia del Real Cuerpo de Artilleria de la Armada.
El 11 de marzo de 1.858 es nombrado subteniente alumno de la Academia; en 1.860 sale ya como teniente y el 4 de septiembre se le nombra ayudante profesor de la Academia.
Es enviado por la superioridad a un recorrido de información y aprendizaje por las fabricas de polvora y armas, asi como a estudiar los procesos de fundición de la industria nacional. El 31 de enero de 1.861 al regreso de la comisión reanuda sus labores de profesor.
A partir del 17 de agosto de 1.863 se encarga de nuevo de la Comandancia de la Escuela y Sección de Condestables, al ser el profesor de mas antigüedad.
En los años 1.964 y 1.965, a la edad de 24 años, se le envia comisionado a los Estados Unidos de America para estudiar los nuevos procesos tecnicos de fundición de cañones y la tecnologia de estos, estudiando todo tipo de piezas de anima rayada y lisa que despues plasmaria en una completisima memoria, incluyendo planos de piezas y espoletas y datos cientificos de gran valor para el progreso naval militar de nuestro pais.
Vuelta a la Academia en los años 1.865 y 1.866, hasta el 14 de noviembre de este ultimo año en que es destinado a la fabrica de Trubia como parte de la comisión de Marina que estaba permanentemente alli.
El 2 de octubre de 1.867, en Trubia, se casa con Doña María de la Concepción Fernández de Ladreda y Miranda.
Vuelve a Trubia y desempeña ocasionalmente el cargo de Jefe de la Comisión finalizando este periodo el 18 de octubre de 1.869.
El 20 de octubre del mismo año es nombrado teniente coronel con 29 años de edad.
El 27 de octubre es nombrado Comandante del Parque del Arsenal de Ferrol.
En 1.870 y siguiendo los principios aprendidos en los Estados Unidos, desarrolla su primer proyecto de cañon –uno de 254 mm- siguiendo el sistema Rodman y con rayado parabolico sistema Palliser. No tenia ni tubo ni zunchos.
El 19 de febrero de 1.872 es agregado a la Junta Especial de Artilleria de la Armada, pasando de nuevo a Trubia para efectuar las pruebas de su cañon de 10 pulgadas de calibre.
En esta nueva comisión desarrollo su segundo proyecto; una familia de cañones de 7, 9, 12, 16, 18 y 20 cm. de calibre conocidos como modelo 1.879, año en que fueron nombrados reglamentarios en nuestra Armada. El paso tecnologico para nuestro pais, de gigante. El beneficio para nuestra industria grande, a pesar de la muy pequeña inversión realizada.
El 23 de enero de 1.878 es promovido a coronel supernumerario de Artilleria de la Armada.
En ese año cumple una nueva comisión en el extranjero visitando Francia, Inglaterra, Belgica, Alemania, Rusia, Austria e Italia.
El 21 de agosto de 1.878 es nombrado vocal de la Comisión de Experiencias en el Departamento de Cádiz.El 21 de febrero de 1.881 es ascendido a brigadier y ese mismo año se acepta definitivamente para la Armada sus sistema de artilleria modelo 1.879.
En 1.883 propone su tercer desarrollo en piezas de artilleria naval para la Armada; eran de acero y de mucha mayor potencia que los del sistema 1879, y los calibres varian desde los 120 mm hasta los 320 mm. Desafortunadamente se tiene que recurrir a fabricas extranjeras para la construcción y pruebas de estas piezas – una de las cuales, la de 160 mm es considerada entonces como la mas potente de Europa- siendo estos test completamente satisfactorios.
El 26 de abril de 1.884 se le nombra 1º del Ministerio. El 16 de mayo del año siguiente se le releva del cargo de Oficial 1º pasando a presidir la Junta Inspectora de la fabricacion de sus piezas de artilleria.
El 2 de marzo de 1.887 se le promueve a mariscal de campo de Infanteria de Marina, siendo el unico caso de que un coronel del cuerpo de Artilleria de la Armada lo es tambien mariscal de campo.
El año 1.889 es triste ya que empieza a dar sintomas de desfallecimiento fisico y mental. Ese año se prueba con extraordinario éxito el cañon de 280 mm, llegando a perforar blindajes de 66 cm de espesor.
El 14 de junio de 1.889 fallece debido a una anemia cerebral. Poco antes por Real Orden de 12 de junio de 1.889 era ascendido a brigadier de Artilleria de la Armada.
Este resumen de su vida, extraido de los Cuadernos Monograficos del Instituto de Historia y Cultura Naval, Nº 16, ISSN: 0212-467X, NIPO-098-88-027-8 con el titulo de El Brigadier González Hontoria, y escrito por Paz Garcia de Paredes y Rodriguez de Austria, es un condensado de un completo diario de su vida que la autora nos muestra en esta extraordinaria colección.
Estos cuadernos son toda una fuente de competente información, y este en particular consta de seis apartados; dos escritos por la autora mencionada y los otros cuatro por el entonces Capitan de Navío D. Ignacio Garcia de Paredes y Rodríguez de Austria.
La parte mas interesante es referente, como no, a los cañones en si. Condensando del apartado Los Cañones Hontoria en los Buques Españoles, el Sr. Garcia de Paredes apunta: Los Cañones Hontoria. Contexto Historico…
La España del Siglo XIX estuvo marcada por las guerras que, empezando por la de la Independencia y siguiendo por las coloniales y las carlistas, no hicieron otra cosa que destrozarla y llevarla al caos.
En medio de este caos y del ambiente de pobreza y desorden político, se comprende la decadencia de nuestra Marina de Guerra, tanto en sus buques como en la artillería que montaban a mediados del siglo, cuando empezó la lucha entre el cañón y la coraza. En esta lucha, España se había quedado atrás, sin poder participar en los inventos y progresos artilleros de la época. Mientras Francia poseía las piezas navales más potentes de cañones lisos de 50 libras (19 cm.), así como Inglaterra sus cañones de 68 libras (20 cm.), hacen su aparición en Europa los cañones rayados. Sin embargo los EE.UU. insistían en perfeccionar la artillería lisa, lo que llevó al Comandante Rodman a idear un sistema de colada de los cañones que mejoraba notablemente las condiciones del material, y al coronel Gadolin que dio origen al zunchado de las piezas; ambos inventos constituyen el punto de partida de los gigantescos progresos que desde entonces hizo la artillería, siendo Inglaterra la primera en adoptarlos en 1860, logrando colocarse a la cabeza de la artillería europea, como ya lo había logrado en la fabricación de corazas.
Mientras la Marina inglesa abandona en 1864 la idea de la retrocarga, sin volver a ella hasta pasado 1880, en el entretanto el mayor Palliser ideó una forma para convertir en rayadas las piezas lisas, para lo cual torneaba éstas y les introducía un tubo de acero rayado.
De esta situación podríamos arrancar cuando al terminar la campaña del Pacífico regresaba la escuadra de Méndez Núñez, tras el bombardeo de El Callao del 2 de mayo de 1866, la Marina decide desarrollar su propia artillería de forma que sus piezas puedan dar a los buques la potencia que en esos momentos estuviesen de acuerdo con sus posibilidades.
Con vistas a ello se habían estado preparando nuestros artilleros, entre los que se encontraba el entonces capitán González Hontoria que había permanecido un año en los EE.UU. de Norteamérica estudiando los procedimientos que allí se empleaban en la fabricación de cañones.
Primer cañón Hontoria (1870)
Fruto inmediato de esos estudios fue un proyecto de cañón rayado, de avancarga y de hierro fundido, presentado por el ya teniente coronel Hontoria en 1870, que se encontraba por aquel entonces en El Ferrol, a poco de haber dejado la comisión de Marina existente en Trubia. Para su fabricación se utilizaba un procedimiento ideado por el comandante norteamericano Rodman, procedimiento que trataba de mejorar las características de la fundición y para la cual aprovechó un sistema de fundir en hueco que ya se utilizaba desde hacía un siglo, al que introdujo ciertas modificaciones que eran la clave del éxito. En el proyecto figuran datos de los diversos parámetros que intervienen en la fundición para cada caso particular. Asimismo figuran los cálculos de los distintos tipos de esfuerzos en el disparo (tangencial, longitudinal, transversal y de compresión), que le permitían determinar la forma exterior de la pieza.
Esta pieza era del calibre 25,4 cm. y el proyectil era de tetones dispuestos en dos órdenes. El rayado era parabólico, del tipo ideado por el mayor Palliser, constando de dos sistemas de rayas, de tres rayas cada uno para que tres de ellas condujeran el primer orden de tetones y otras tres condujeran el segundo.
El prototipo empezó a construirse en la fábrica de Trubia, presentándose algunas dificultades motivadas por ser la primera vez que se utilizaba el nuevo sistema de fabricación. No obstante, gracias a la atenta y minuciosa dirección del autor del proyecto, consiguió terminar la pieza experimental venciendo todas las dificultades no solo técnicas sino económicas, pues la limitación de los recursos disponibles entonces eran muy grandes. En 1872 quedó lista la pieza para someterse a las pruebas de fuego, que comenzaron con una gran expectación por parte de todos, unida a cierta reserva o desconfianza, en cierto modo natural; pero pronto se tornaron en alegría conforme se iba desarrollando la prueba, de forma que al terminar los 100 disparos fue aclamado estrepitosamente y felicitado por los resultados satisfactorios obtenidos.
El éxito quedó ensombrecido al poco tiempo por el estallido de la tercera ouerra carlista, al recortarse los presupuestos de la Marina para poder atender las necesidades del Ejército. Esta razón favoreció el que González Hontoria no se desanimara; aprovechó el tiempo para continuar sus estudios y así ponerse al día, ya que los avances tecnológicos habían dejado superada la pieza de 25,4 cm. y los procedimientos de fabricación de las nuevas piezas; en efecto se había impuesto la retrocarga, los proyectiles de tetones dejaron de usarse y los blindajes de los buques se habían perfeccionado de tal manera que se necesitaba una mayor potencia de los cañones para conseguir perforarlos.
Segundo proyecto (1879)
Como muy bien dice el vicealmirante García-Parreño en su obra Las Armas Navales Españolas, “en el año 1879 tuvimos el orgullo de estrenar un sistema completo de Artillería de proyecto y fabricación nacional, ideado por el coronel de artillería de la Armada Don José González, Hontoria, que eran cañones rayados de retrocarga, completamente al día en la época en que se proyectaron y de manufactura que se encontraba a la altura de los limitados recursos de un país como España”.
En efecto, el proyecto tenía en cuenta todos los avances que se habían hecho en el mundo desde 1870 en que había presentado González Hontoria su primer proyecto, hasta 1878 en que se consideraba un nuevo sistema, además de la transformación de anteriores cañones. Estos avances, como se verá más adelante, no sólo consistieron en sustituir la avancarga por la retrocarga que se había impuesto en casi todos los países, sino que se sustituyeron los proyectiles de tetones por los de envuelta de plomo primero y por los de aros de forzamiento de cobre después, que proporcionaban una obturación perfecta en las ánimas de rayado uniforme; además y muy principalmente, dado que los blindajes de los buques habían alcanzado una fortaleza extraordinaria, obligaba a aumentar la potencia de las piezas para lo cual fue preciso pasar al acero, material que se vislumbró como el mejor de los metales para la fabricación en condiciones óptimas.
La descripción del proyecto sería excesivamente extenso para exponerlo aquí con mucho detalle, por lo que se ha preferido hacer un resumen de la breve reseña que sobre ello escribió el mismo coronel González Hontoria desde Trubia en noviembre del 79 y que publicó en la Revista General de Marina.
El Sistema llamado “Modelo 1879” se componía en esencia de dos partes: una de cañones totalmente nuevos y otra de cañones antiguos transformados, constituyendo un conjunto que a pesar de ser de seis calibres suponían unificar una serie de cañones que eran todos ellos similares, con ligeras diferencias que facilitaban extraordinariamente tanto su fabricación como la enseñanza y adiestramiento de los artilleros, sin olvidar la independencia del exterior que suponía el ser nacional en su totalidad. Todos los cañones del sistema, tanto los seis nuevos como los tres transformados, eran rayados y a cargar por la culata.
Los cañones de nuevo modelo eran de los calibres 20, 18, 16, 12, 9 y 7 cm. Los tres primeros eran de hierro fundido, colados por el procedimiento Rodman, reforzados interiormente por dos tubos de distinta longitud sobrepuestos con la debida tensión inicial; el tubo interior era el más largo y estaba hecho de acero fundido, martillado y templado en aceite, mientras que el tubo exterior era de acero pudelado construido con barras arrolladas en espiral; sobre este doble tubo la fundición ejercía una presión inicial tanto en el sentido tangencial como en el longitudinal. Los de calibre 12 y 9 cm., estaban fabricados de un solo tubo de acero fundido que constituye la caña y parte interior del cuerpo, que está reforzado con un pequeño zuncho en la parte posterior, seguido por otro zuncho que llevaba los muñones y terminaba en un manguito, todo ello de acero fundido.
Los cañones transformados eran los antiguos de 20 cm., que quedaban transformados en calibres 18 cm., mientras que los de 20 cm., del número 2 y los de 16 cm. del número 1 quedaban en 16 cm. Lógicamente la transformación tuvo que ser de dos tipos, el primero se trataba de subcalibrar con un tubo interior de acero fundido que tenía la misma longitud del cañón original, reforzado con otro tubo más corto de acero pudelado, mientras que el de 16 cm. del número 1 mantenía el calibre 16 a base de reforzarlo con un doble tubo que sólo alcanza parte del cañón, de igual forma que se hacía con los de nuevo modelo de 20, 18 y 16 cm.
El rayado en los nuevos cañones era parabólico hasta un calibre de la boca y a partir de este punto continuaba con inclinación constante hasta la boca, mientras que en los transformados el rayado es de inclinación constante a lo largo de todo el cañón; el número de rayas iba disminuyendo desde 46 en el de 20 cm. hasta 18 en el de 7 cm.
El aparato de cierre era del sistema de tomillo partido, con tres sectores roscados y tres campos lisos, y estaban construidos de acero fundido y templado en aceite. El movimiento se obtenía en los cañones de 20, 18 y 16 cm., mediante una cremallera abierta en el plano de culata que gira en el extremo de una palanca ligada al tornillo de cierre; en los cañones de 12, 9 y 7 cm., sólo hay una palanca para el manejo de dicho tornillo con un hueco en su parte interior para aligerar su peso. La obturación de los gases se obtiene por medio de un anillo de cobre fijo en el interior del cañón y sobre él apoya un platillo de acero que se fija al tornillo con el auxilio del grano (que era también de acero fundido con un pequeño cilindro de cobre por el que pasa el oído, roscado en su parte anterior). La presión de los gases en el disparo comprime el anillo obturador contra las paredes de la recámara y al mismo tiempo contra la corona del platillo. La maniobra del cierre se consigue mediante una palanca que daba giro al tomillo y de unas asas para empujar y tirar.
El aparato de fuego consiste en una corredera que tapa el oído y con una disposición tal que no permite descubrir el oído en tanto el cierre no esté en posición de hacer fuego; la corredera lleva una aguja que es actuada por el percutor o martillo. Como complemento y seguridad, todos los cañones llevan un fiador que funciona automáticamente y que impide que el cierre se destornille por efecto del disparo, hecho que es muy difícil que se presente, salvo que se desarrolle una excesiva presión en el fondo del ánima y estuviese excesivamente engrasado el tornillo del cierre. Todos estos aparatos eran idénticos en todos los calibres excepto en el de 7 cm., que presentaba algunas diferencias, careciendo de percutor y aguja ya que por utilizarse en ese calibre estopines de fricción, quedaba el oído al descubierto al llegar el cierre a su posición de hacer fuego.
El perfil exterior de todos los cañones nuevos era igual en todos los calibres excepto en el de 7 cm., el de todos los cañones transformados era muy parecido al de los nuevos. Los proyectiles también eran muy similares entre sí, tanto para los cañones nuevos como para los transformados y llevaban dos aros o bandas de cobre, el primero para evitar el cabeceo del proyectil al recorrer el ánima mientras que el segundo (de forzamiento) retarda el movimiento del proyectil en los primeros momentos produciendo una obturación perfecta y dando lugar a la rotación del proyectil; con ambos y la disposición del rayado, se consigue un perfecto centrado del proyectil y que su eje coincida constantemente con el del ánima durante su trayecto en ella.
Con esta breve descripción podemos darnos cuenta del salto que supuso en aquella época los enormes cambios introducidos por González Hontoria en nuestros cañones. Las ideas esenciales se han mantenido prácticamente hasta nuestros días, si exceptuamos los posteriores perfeccionamientos, algunos de ellos debidos al propio Hontoria, como se verá más adelante.
La aprobación provisional de este sistema de cañones tan completo propició la inmediata fabricación en Trubia de dos cañones experimentales de cada calibre, que quedaron listos para las pruebas en 1880. El éxito obtenido en éstas condujo a su aprobación definitiva y al inicio de su producción en mayor escala y cubrir las necesidades de nuestros buques en servicio a los que se le fue cambiando parcialmente su artillería extranjera por los cañones Hontoria, así como a aquellos buques que se encontraban en construcción. Entre los primeros buques que fueron artillados con cañones Hontoria del modelo 1879, figuraron la fragata blindada Numancia, y el crucero de 1.a clase Aragón pues para los otros dos cruceros del mismo tipo Navarra y Castilla hubo que montarles cañones Krupp y Armstrong. Otros buques pequeños como los contratorpedos inventados por el capitán de corbeta Don Femando Villaamil, llevaron cada uno un cañón Hontoria de 9 cm.
Ante la prematura y acuciante necesidad de armar estos buques con cañones de moderna concepción, hubo que contratar con casas extranjeras la fabricación en serie de algunos de los calibres, por lo que la nacionalización que se buscaba no pudo ser total. En Sevilla, la empresa Portilla White (de la que no he podido encontrar documentación sobre si desapareció más tarde o cambió de nombre o propietario), fabricó un total de 27 cañones del Modelo 1879 (12 de 7 cm).
En 1882 era tan precaria la situación de nuestra Marina que incluso la prensa pretendió hacer ver al Gobierno la necesidad de reconsiderar la falta de una mentalidad naval en las clases políticas, que imponían una escasez presupuestaria, una lentitud en la concesión de créditos y una carencia de tecnología avanzada. Mientras que con una gran lentitud se construían en las gradas españolas una serie de pequeños buques, y con la misma lentitud se fabricaban los cañones Hontoria del modelo 1879, en el extranjero se estaban produciendo muchas e importantes innovaciones tanto en la concepción de los buques de combate como en la artillería. Con el contralmirante Antequera como Ministro de Marina y poco más tarde con el almirante Beránger, apoyados por el Presidente del Gobierno, Cánovas del Castillo, se acomete en 1884 un plan de renovación de la Escuadra con el propósito de poner fin a este estado de cosas. Dentro de ese plan se incluía la instalación de una moderna artillería nacional totalmente actualizada, perteneciente a un nuevo sistema ideado por el ya coronel de Artillería y brigadier de Infantería de Marina González Hontoria que había presentado en 1883 y que se describe en la interesante obra Curso de Artillería publicada en 1903 por el coronel del Cuerpo D. Germán Hermida Alvarez, en colaboración con el comandante D. José M. Ristori.
El sistema se compoma de ocho calibres: 32, 28, 24, 20, 18, 16, 14 y 12 cm., todo ellos mucho más potentes que los del modelo 1879, con suficiente poder perforante como para artillar los mayores buques de nuestra Marina. Todos ellos, a excepción del de 18 cm., llegaron a fabricarse en mayor o menor número. Como puede verse, Hontoria añadió nuevos calibres (32, 28, 24 y 14 cm.) al sistema Mod. 79, mientras que mantuvo los calibres más ligeros, pues se consideraron suficientemente buenos para el cometido a ellos encomendado, prueba de lo cual es que los de 7 y 9 cm., del Mod. 79 continuaron en servicio hasta 1910 y los de 12 y 14 cm. fueron transformados en tiro rápido.
El material de todas las piezas era ya de acero fundido, martillado y templado en aceite; estaban constituidas por tubo interior y uno o dos órdenes de refuerzo, según el calibre. El de 12 cm. llevaba un solo refuerzo compuesto por un mangüito de culata y cuatro zunchos siendo uno de ellos el portamuñones; en los demás calibres el tubo iba reforzado por un manguito y cuatro zunchos, estando reforzada además la parte que ocupa el manguito y los dos primero zunchos por una serie de estos últimos. Los manguitos y zunchos estaban barrenados y torneados al diámetro conveniente para producir una tensión inicial determinada. El ánima tenía una longitud de 35 calibres, excepto en los cañones de 14 cm. que era de 36 calibres; la recámara era expansiva con una parte cilindrica que terminaba en dos troncos de cono; el número de rayas era variable según el calibre, desde las 80 rayas en los de 21 cm. hasta 30 rayas en los de 12 cm. El aparato de cierre, de acero fundido, forjado y templado en aceite, era también de tornillo partido muy similar al del modelo 79 con algunas variantes y mejoras; en los cañones de menor calibre los mecanismos fueron simplificados al máximo. La obs-turación de los gases en todas las piezas era del sistema De Bange y se componía de una galleta situada entre dos copelas; la galleta en forma de un disco anular era de una pasta hecha de amianto y sebo envuelta en un forro de lona; las copelas eran platillos de forma también anular, la anterior de cobre y la posterior de estaño, con unos aros de latón encastrados en sus cantos que se abren más o menos durante el disparo, adaptándose al alojamiento de la recámara y volviendo a su posición primitiva después del disparo. Este dispositivo obturador va sujeto al tornillo de cierre por medio de una cabeza móvil con cuatro aletas que son sujeta-das por un vastago central que queda fijado por un pasador.
El aparato de dar fuego es el mismo y dispuesto en igual forma que el del sistema modelo 79. El accionamiento del cierre es también muy similar al del modelo 79. La carga de pólvora prismática parda fabricada por la sociedad Santa Bárbara de Lugones, le proporcionaba al proyectil una velocidad inicial superior a los 600 m/s frente a los 500 m/s que se conseguía en los de modelo 79. Con ello se conseguía una excelente capacidad de perforación, que con el cañón de 32 cm. llegaba a los 71,5 cm. de espesor de plancha de hierro situada a 1.500 m. de la boca de fuego y con el cañón de 28 cm., en iguales condiciones perforaba los 60,2 cm. de espesor.
Aunque a primera vista pudiera pensarse que las diferencias entre este sistema mod. 83 respecto al del 79 son pequeñas, en cuanto a sus mecanismos de cierre, obturación y disparo, la principal diferencia estriba en el diseño del tubo y consecuentemente en su avanzada fabricación en acero de todos sus componentes en los ocho calibres que formaba el sistema completo, pues como se ha visto, en el modelo 1879 sólo eran totalmente de acero los de 12, 9 y 7 cm. mientras que en los de 20, 18 y 16 cm. eran de hierro fundido con un tubo interior que sí era de acero. Otra importantísima diferencia era la incorporación de los gruesos calibres de 32, 28 y 24 cm. que artillaron el acorazado Pelayo y otros grandes buques de nuestra Escuadra.
De todos estos cañones Mod. 83, se fabricaron 58 en Portadilla White de Sevilla y González Hontoria fue autorizado para contratar en Francia con la Sociedad Forges et Chantiers de la Mediterranée en el Havre, la fabricación de piezas experimentales de 12 y 16 cm. bajo la dirección del autor del proyecto. En abril de 1884 tuvieron lugar las pruebas de fuego con unos resultados extraordinanos que sorprendieron, primero en Francia y poco más tarde a todo el mundo artillero, que patentizaron la superioridad de estos cañones sobre todos los entonces conocidos.
En especial del de 16 cm. se ocuparon numerosas revistas técnicas de diversos países en los que había causado un extraordinario asombro y admiración por su autor. Concretamente nuestra Revista General de Marina publicó varios artículos y noticias sobre el tema, llegándose a entablar cierta polémica; había partidarios de continuar con la política de comprar toda la artillería naval a casas extranjeras tan prestigiosas como Armstrong o Krupp, mientras que González Hontoria y la inmensa mayoría de sus compañeros de Cuerpo que tenían fe en él opinaban que aunque resultase muy cómodo encargar a esas casas su excelente material de artillería y pagar las elevadas sumas que pedían amparadas por su gran prestigio, con ello no se conseguía otra cosa que empobrecer más a nuestro país, haciendo salir unas cantidades fabulosas que se podrían dirigir a ayudar a la industria nacional, amén de que en caso de conflicto bélico la industria extranjera no podría facilitamos el material de guerra que necesitaríamos, ni la nacional la podría improvisar.
Sobre esto se relata en uno de los artículos de la Revista de Marina de aquella época, un hecho que ocurrió en la empresa Creusot y que es un claro ejemplo de lo que se acaba de decir. Esta casa firmó un contrato con el Gobierno italiano para forjar las planchas de blindaje para los acorazados Duilio y Dándolo y necesitaba un poderoso martillo de 100 tn.; no dudó en adquirir tan costoso y potente elemento de fabricación, ya que con los beneficios obtenidos solamente con ese contrato, se cubrieron no sólo el coste del martillo sino todos los gastos de instalación, accesorios, grúas, hornos, etc., encontrándose el industrial francés con que el Gobierno italiano le había hecho tan costoso regalo.
Resulta curioso que también en este tema la historia se sigue repitiendo un siglo después. En efecto ya en el presente siglo hubo épocas en que la Marina se inclinaba por comprar casi todo su armamento en el exterior olvidándose de que poseía una industria muy aprovechable, mientras que poco después se dejaba de importar el armamento para potenciar la fabricación nacional, habiendo permanecido hasta nuestros días tan eterna polémica entre los partidarios de una u otra solución.
Pero volviendo al hilo de las comparaciones puramente técnicas, parece puede ser interesante dar aquí algunos datos que demuestran palpablemente la superioridad de los cañones Hontoria sobre los equivalentes extranjeros que estaban considerados como los mejores, algunos de los cuales los teníamos en nuestra Marina. Referente sólo al cañón de 16 cm. bastaría fijarse en el dato de la fuerza viva total, que es lo que mejor caracteriza la potencia de un cañón; puede verse que excede a todas las demás piezas incluyendo al Krupp de 17 cm. en un 6,8 por ciento y en más de un 66 por ciento al también Krupp de 15 cm. que se había importado para instalarlo en el crucero Castilla. También resulta llamativo el extraordinario poder de penetración; el proyectil atraviesa una plancha de 43 cm. de espesor junto a la boca, lo que excede desde un 15 a un 33 por ciento al espesor que puedan atravesar las demás piezas, y colocada la plancha a 2.000 m. de la boca las que supera aún más, desde un 18,5 por ciento al 46 por ciento. Lo más notable es que estos brillantísimos resultados, se obtienen con una presión máxima interior de 2.370 kg./cm2, bastante inferior a las que se obtienen en los demás pero sobre todo al ya citado Krupp de 15 cm.
El teniente coronel de Artillería de la Armada Don José Eady expuso en 1884 al hablar de La Artillería en Nuestros Buques, que puede compararse de una manera tangible las características de los cañones González Hontoria de 7, 9 y 12 del modelo 1879 y el de 16 cm. del modelo 1883 con los equivalentes extranjeros. Tras algunos comentarios el Sr. Eady decía: “La lógica de los números es irresistible, y ante la evidencia no queda otro recurso que confesar que el sistema español de artillería naval supera al de todas las naciones, y véase porqué nosotros somos partidarios de que la Marina construya su artillería, y que ínterin ésta no sea posible, adquiera en el extranjero la que necesite, pero sistema español, pues no había de tardarse sensiblemente más tiempo ni costar más dinero en adquirirla, porque fuese de uno u otro sistema, toda vez que los fabricantes no tienen, como sabemos, los cañones almacenados, sino que los van construyendo a medida que reciben los pedidos, y la fabricación de los cañones González. Hontoria, no exige más trabajo que la de otros sistemas.”

Como siempre decimos en este blog, los mejores y mas documentados articulos siempre son los realizados por autenticos profesionales de la Armada.
Foto 1. Cuadro del Brigadier Gonzalez Hontoria. Potada del Cuaderno Numero 16 del Instituto de Historia y Cultura Naval.
Foto 2. Talleres Portilla White. Sevilla. Del mismo Cuaderno Nº 16.
Foto 3. Acorazado Pelayo. Pieza de 320 mm sistema González Hontoria. De la revista El Mundo Naval Ilustrado. Año 1.898.
Foto 4. Uno de los dos cañones de 280 mm del acorazado Pelayo. Del libro La España Maritima. De Leandro de Alesson.
Foto 5. Cañon de proa de 280 mm del crucero acorazado Emperador Carlos V. Del libro La Construcción Naval Militar Española.
Foto 6. El cañon de popa de 280 mm del Emperador Carlos V. De la Revista General de Marina.
Foto 7. Cañon de 240 mm del crucero acorazado Cataluña. Aunque de diseño Hontoria, estan modificados por el brigadier de Artilleria de la Armada D. Enrique Guillen. De la revista La Vida Maritima. Año 1.908.
Foto 8. Crucero protegido de 1ª Clase Alfonso XIII. Piezas de popa de 200 mm. Estupenda foto de la revista El Mundo Naval Ilustrado. Año 1.897.
Foto 9. Aunque de poca calidad, muy interesante foto de la popa de la vieja fragata reconstruida Vitoria. Se aprecia la pieza de babor de 200 mm y varias otras de menos calibre en la toldilla. De la revista La Vida Maritima. Año 1.904.
Foto 10. Pieza de 160 mm de la corbeta blindada Aragon. Foto Museo Naval. Del libro Buques de la Armada Española a Traves de la Fotografia. (1.849-1.900)
Foto 11. El cañon de 140 mm mod. 1.879 modificado de sistema Hontoria. Era dotacion de los cruceros acorazados de la clase Vizcaya. Con su nueva cadencia de tiro de 15 disparos por minuto era un arma formidable. Revista El Mundo Naval Ilustrado año 1.898.
Foto 12. Aunque la foto indica moderno cañon de 160 mm, que se añadieron a los buques…Posiblemente es uno de 120 mm. El Ferrol. Anonimo. Nº de Reg. 1.099. Del libro Hombres y Barcos. La Fotografia de la Marina Española en el Museo Naval. (1.850-1.935).

Un comentario en “EL BRIGADIER GONZÁLEZ HONTORIA

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