D. MARTÍN FERREIRO Y PERALTA Y LA ESTACIÓN DE LA TUNARA

19 de diciembre de 1.880, una celebrada fecha para todos los navegantes de nuestro pais, ya que se constituye la Sociedad Española de Salvamento de Naufragos.
Unos apuntes del Ilustre Martin Ferreiro, llamados Memoria Sobre el Salvamento Maritimo. Conveniencia de Establecer una Sociedad Española de Salvamento de Naufragos, editada en 1.880 hace que, como siempre por iniciativa personal y no por estudios de la Administración, se abran los ojos a una durisima realidad cual era la sangria de vidas humanas que en aquellos duros y miseros años se cobraba la mar cruel.
No era ni de lejos la Royal National Lifeboat Institution o RNLI, con tantas paginas de valor, heroismo, decisión y competencia que no habria papel para escrirlas, pero era una iniciativa necesaria y que poco a poco, a pesar de galones, noblezas y demas parafarnalia politica, y gracias al valor, la abnegación y el desprendimiento de voluntarios de todas las clases sociales y culturales cumpliria con dignidad, como lo demuestran las cifras de salvamentos, su tarea de apoyo y socorro en momentos dificiles a toda clase de navegantes.
Falta de medios y entrenamiento, falta de competencia y eficacia en muchas actuaciones, eran compensadas con valor y sacrificio que a menudo eran recompensados con el salvamento de agradecidos marinos y tambien con la perdida de vidas de aquellos valientes que sin dudarlo se enfrentaban a peligrosos rompientes y temporales con sus minusculos botes especiales –cuando disponian de ellos- que habitualmente disponian de camaras de aire estancas que les daban un plus de reserva de flotación. Hoy, en el primer articulo sobre esta institución solo veremos la parte humana de su fundador y una indicación de cómo y porque se instalaban las bases. En posteriores articulos iremos viendo los medios tecnicos.
Veamos pues a traves de un articulo anonimo escrito en la revista El Mundo Naval Ilustrado, Año II, Num. 19 de 1º de Febrero de 1.898, la personalidad del fundador de la Sociedad y los hechos, de pura metodologia politica, que movieron a fundar y subvencioner estatalmente la estacion de La Tunara: Quien no conoce en España el nombre de Martín Ferreiro? No sólo figura entre los de aquellos que se han distinguido como hombres de vastísima ilustración, sólida ciencia é infatigable laboriosidad, sino que también, y lo que es aún más noble y hermoso, entre los que han legado á la historia un recuerdo imperecedero como bienhechores de la humanidad.
Hubiérale bastado seguramente al ilustre Ferreiro su título de iniciador de la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos (de la cual hablaremos más adelante) para merecer bien de la patria y la estimación y respeto de los hombres honrados.
Nacido en Madrid el 10 de Marzo de 1830, y después de recibir esmerada educación y el título de bachiller, dedicóse al estudio de aquellas ciencias y artes que más se avenían con su temperamento y aficiones, las matemáticas, idiomas, geografía y dibujo, acariciando la idea de seguir la carrera de ingeniero, propósito que á causa de las especiales circunstancias por que atravesó entonces su familia no pudo realizar,
Dedicado á trabajos especiales, no tardó en demostrar su valía tomando parte en los del Atlas de España, empresa encomendada á don Francisco Coello, actual Presidente de la comisión ejecutiva de la Sociedad de Salvamento de Náufragos, y con este motivo hizo multitud de itinerarios y recorrió durante once años muchas provincias de España, entre ellas las de Castellón, Tarragona, Barcelona, Zaragoza, Teruel, Huesca, Avila, León, Oviedo, Ciudad Real, Badajoz, Cáceres, Córdoba, Jaén, Granada y Almería; hizo asimismo una triangulación desde las costas de Granada hasta Madrid, y al Oeste de dicho meridiano hasta Llerena, Medellín y el puerto de Minarete, y levantó planos de varias poblaciones, tales como Vera, Motril, Castropol, Luarca, Cangas de Tineo, Infiesto, Covadonga, etc.
Obtuvo luego, mediante oposición, la plaza de delineador constructor de cartas en la Dirección de Hidrografía, y en este centro prestó su valioso concurso á la redacción de la edición oficial española del Código internacional de señales, trabajando primero con el Capitán de Navio D. Salvador Moreno y luego con el Teniente de Navio D. Pelayo Alcalá Galiano.
Tradujo esta obra de la edición inglesa de Larkins. Tanto por este servicio como por otros especiales que realizó con singular pericia, se le concedieron los honores de Teniente de Navio de primera clase, y fue además condecorado con una cruz del Mérito Naval de primera clase y dos de segunda.
Al instituirse en Madrid la Sociedad Geográfica se le confirió el cargo de Secretario, y más adelante fue elegido Secretario general perpetuo, explicando en aquella época durante cinco años la clase de geografía de España en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.
Además de las Memorias sobre progresos de la geografía, que por entonces redactaba semestralmente, publicó muchos y notables artículos y trabajos relativos á Marina y geografía, las obras Diccionario marítimo español, Anuario de mareas en colaboración con los señores D. José de Lorenzo y D. Gonzalo de Murga, y prestó también su ayuda al Sr. Coello para la traducción de la magnífica obra de Reclus titulada Nueva geografía universal. La tierra y los hombres. Por la publicación de su Mapa histórico de España en el siglo XVI fue nombrado individuo correspondiente de la Real Academia de la Historia (1872).
Era el inolvidable D. Martín Ferreiro corresponsal de la Sociedad de Geografía de Lisboa, poseía el diploma y la condecoración de Oficial de Instrucción pública de Francia y de Oficial de la Corona de Italia, medalla de plata de primera clase de la Sociedad francesa de Topografía, medallas de las Exposiciones marítimas de Ñapóles y del Havre, diploma de la Exposición universal de Viena, medalla de oro de la universal de Barcelona, etc., etc., y por Real decreto de 4 de Agosto de 1888 se le concedieron los honores dé jefe superior de Administración civil, premiando su incansable laboriosidad el Ministerio de Marina con un sobresueldo
Se le había encomendado á Ferreiro (en 1866) la formación de la estadística que anualmente publica la Dirección de Hidrografía dé los naufragios ocurridos en las costas de la Península y Baleares.
La lectura de los partes que detallan estos dramas marítimos le conmovía; vio con dolor profundo que los resúmenes por él formados arrojaban en un período de quince años la espantosa cifra de 1.800 personas ahogadas, y grabándose en su alma las imágenes de estas víctimas de las tempestades, concibió la realización de su pensamiento, tan grande como noble y humanitario, trabajar en favor del salvamento de náufragos.
Solo y sin recursos de ningún género, en la creencia de que pocos esfuerzos serían bastantes á despertar las simpatías generales en favor de su ideal, acudió á la prensa periódica, moviendo la opinión pública, primero desde las columnas de La Época, y luego en la Revista, de Marina, á que se estableciera una Sociedad Española de Salvamento de Náufragos. Con el apoyo del Almirante Rubalcava, pudo cimentar las bases de institución tan humanitaria como patriótica.
Publicados sus estatutos, la Sociedad mereció desde luego el concurso de la Real Familia; fue puesta bajo el patronato dé S. M. la Reina Doña María Cristina y protección de la Infanta Isabel; nuestro malogrado Monarca D. Alfonso XII honró las listas de socios siendo el primero de sus protectores, y de todas partes del litoral, como de las poblaciones del interior, se recibían adhesiones, viendo así recompensados Ferreiro sus sacrificios é infatigable propaganda; y prueba de modo elocuente su fe y constancia en procurar auxilios para la Sociedad, haber obtenido en su principio que extranjeros generosos contribuyeran, unos con valioso material, y otros con donativos y premios al engrandecimiento de la obra debida á su iniciativa.
Los interesantes progresos alcanzados, hijos son de sus trabajos. Avivado el estímulo de nuestra población de mar, se han creado 64 Juntas de salvamento, que llevan salvadas directamente 802 personas y premiado el de otras 4.005. ¡Cuántas de éstas al oir el nombre de la Sociedad derramarán lágrimas de gratitud recordando que á ella deben la vida, y cuántas familias salvadas del luto y la miseria merced á sus auxilios bendecirán tan noble institución y harán votos por su prosperidad!
La narración de los rasgos de verdadero heroísmo, de valor temerario, de abnegación sublime, realizados por los que han prestado sus servicios á esta humanitaria Sociedad desde su fundación, podría llenar un grueso volumen y proveer de abundante material para escribir cien dramas marítimos. Ni aun para enumerarlos hay suficiente espacio en estas columnas.
La Sociedad, patrocinada por todos los hombres de corazón, ha ido adquiriendo grandes vuelos y sobreponiéndose en importancia á otras extranjeras de su índole, contando con multitud de Juntas é instalaciones en diversos puntos del litoral español, así como de un rico material de salvamento.
Entre las varias estaciones fundadas merced al desprendimiento de generosos donantes, merece especial mención la que se halla en el punto denominado La Tunara, inmediato á Gibraltar, cuya creación hállase relacionada con asuntos de honor nacional. No podemos resistir á la tentación de dar cuenta algo detallada de este acto nobilísimo.
Años hace que por los Ministerios de Estado y de Marina se indicó que era muy sensible para el Gobierno verse en la necesidad de permitir él paso de la línea a los ingleses de Gibraltar (aunque por motivos humanitarios) conduciendo cañones y fusiles de salvamento, siempre que ocurría en la inmediata costa española el naufragio de un buque.
El Gobierno invitaba, pues, á la Sociedad á fundar en aquel sitio denominado La Tunara una estación de salvamento. Tiempo hacía ya que el Consejo superior de la Sociedad había proyectado lo mismo que entonces se le indicaba oficialmente; pero si bien parecía fácil que habiendo instalado 54 Juntas locales ó estaciones pudiera establecer otra en la dicha costa de Tunara, era, sin embargo, empresa mucho más difícil, porque no se trataba de levantar el espíritu de una población para que las cuotas de sus socios sostuvieran sus gastos y utilizar sólo para los salvamentos y ejercicios á marineros y pescadores allí residentes en gran número, sino que en la costa de La Tunara, donde no hay población, se hacía indispensable sostener de continuo una brigada dispuesta siempre á funcionar y dedicada de un modo exclusivo al objeto de salvar vidas; por otra parte, una estación de salvamento en aquel punto vecino de los ingleses no podía ser imperfecta; necesitaba un buen bote insumergible, con un cañón lanzacabos del mejor modelo y una caseta ó edificio donde se conservaran todos los. útiles de salvamento y que pudiera guarecer á sus hombres.
A pesar de los sacrificios casi insuperables, con relación á sus recursos, que imponía á la Sociedad esta empresa, fue considerada á tal extremo patriótica é importantísima, que el Consejo superior acordó unánimemente proceder al establecimiento de una estación de primer orden en La Tunara, presuponiendo para ello más de 9.000 duros de gastos, cuyo acuerdo se comunicó al Ministerio de Marina para su satisfacción.
La Sociedad, persistente en su propósito, hacía tiempo que venía economizando cuanto le era posible, no obstante el material que envía á las Juntas pobres.
Mucho tiempo más hubiera aún necesitado la central para reunir lo indispensable á aquella fundación, cuando inopinadamente recibió la siguiente carta del Sr. D. Luis de Isasi, vecino de Jerez: “Deseando mis hermanos y yo conmemorar con algún acto benéfico el 29 de Febrero próximo, primer centenario de nuestra buena y querida madre la Sra. Doña Juana dé Dios Lacoste, viuda de Isasi (q. D.h.), nos ha parecido que lo que cumpliría más á nuestro propósito sería ofrecer á esa Sociedad 25.000 pesetas para que las destinara á las atenciones más urgentes, si bien nos sería muy grato que con esa cantidad tuviese bastante para la construcción de un bote salvavidas que se llamase la Buena Madre, y que lo destinase al punto de las costas que esa Sociedad considerase podría prestar mejores servicios.»
Y he aquí que, merced á este donativo cuantioso, quedó cubierto uno de los sitios de la costa española más frecuentes en siniestros con un personal y material inmejorables.
La Comisión ejecutiva contestó al Sr. Isasi manifestándole que la estación de La Tunara sería bautizada con el nombre de la Buena Madre y el bote con el de Juana de Dios; que adosada al edificio se construiría una capilla donde pudieran dar gracias á la Virgen los náufragos socorridos y luego volver los ojos á la Buena Madre, cuyo busto pondríase al pie del altar y con su nombre y apellidos, para que los librados de las olas conserven en su corazón el bendito recuerdo de aquella á quien después de Dios le deben la vida.
El Consejo superior concedió á estos generosos donantes la medalla de oro de cooperación y el título de socios de mérito.
Prueba bien elocuente de la grandísima utilidad que reporta á los barcos que navegan cerca de aquel litoral la instalación de La Tunara, es el salvamento que vamos á bosquejar, efectuado el 5 del pasado mes de Enero: Al amanecer de dicho día apareció encallado hacia la playa de Levante (Línea de la Concepción) y en muy apurada situación el brig-barca italiano Fortunata, que había corrido un fuerte temporal y estaba ya partido y casi á punto de hacerse mil pedazos. Demandaban auxilio sus tripulantes, y sin pérdida de tiempo acudió á la orilla la brigada de la estación de salvamento, llevando el lanzacabos. Con extraordinaria rapidez se practicaron las operaciones para salvar á los náufragos, y con tal pericia que al primer cohete quedó el cabo lanzado en poder de los tripulantes, de modo que en el intervalo de una hora pudieron quedar á salvo y en tierra todos ellos, cuyo número ascendía á trece.
Es digno de notar que, según costumbre, vinieron auxilios de la estación de salvamento inglesa, instalada en la inmediata plaza de Gibraltar; pero cuando llegaron al lugar del siniestro, viendo los magníficos aparatos que utilizaba la estación de La Tunara y el acierto con que sus hombres efectuaban las difíciles operaciones de salva-mento, hubieron de permanecer inactivos y como simples espectadores, aplaudiendo con entusiasmo el brillante servicio que la; estación española efectuaba, salvando la vida á aquellos infelices que sólo en Dios confiaban ya, esperando hallar la muerte entre las encrespadas olas. Poco después, los restos del buque, que se deshizo por completo, notaban en las aguas, y muchos fueron arrojados á la playa. El imponente aspecto del mar, la tremenda rompiente, hubiera impedido en absoluto utilizar el magnífico bote salvavidas que también posee esta estación.
Hemos creído oportuno extendernos en algunos detalles referentes á la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos, para conmemorar así el 18.° aniversario de su fundación, cumplido en fecha reciente; el ilustre fundador, Martín Ferreiro, que en vida supo conquistarse con su modestia y afable trato el cariño de cuantos tuvieron la honra de llamarse sus amigos, á su muerte, ocurrida el 5 de Abril de 1896, ha dejado un nombre de imperecedero recuerdo, el de hombre honrado, el de sabio y el de bienhechor.
Muchos años duro esta institución como tal y desde este articulo, el primero de una larga serie que iremos dedicando a cada una de las estaciones, invito a todo aquel que quiera colaborar escribiendo o remitiendo información o documentos graficos, a que completemos la historia de la Sociedad.
De un articulo de la revista Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños, ISSN: 1.130-7986, Nº 47 de 2.002, Pags. 28 a 35, escrito por Manuel Quero Oliván, transcribimos: En 1960, con un lamentable estado de precariedad en medios para el salvamento, el gobierno español se adhirió al Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en la Mar. La entrada en vigor del mencionado convenio puso de manifiesto la urgente necesidad de reorganizar el servicio de salvamento de náufragos. La labor contó con la decidida colaboración y entusiasmo de diversos organismos e instituciones, entre los cuales cabe destacar la entonces Subsecretaría de la Marina Mercante, así como la Liga Naval Española, la Cruz Roja Española y la propia Sociedad Española de Salvamento de Náufragos. El resultado de todo ello fue la creación de la Cruz Roja del Mar en 1971, en el seno de la misma Cruz Roja Española. En la citada Cruz Roja del Mar se integró la mencionada Sociedad de Salvamento de Náufragos, en virtud del acuerdo adoptado por su propia junta general el 22 de febrero de 1972. La vinculación del salvamento de náufragos a la Cruz Roja no fue el resultado de un simple capricho, sino de una notable coincidencia de afinidades y de la existencia de unos precedentes históricos que vinculaban a ambas instituciones entre sí. Como ejemplo, baste citar que la Cruz Roja Española había desarrollado ya su humanitaria labor en el mar durante la sublevación cantonal de Cartagena, en el año 1873. En esta ocasión izó la bandera blanca con la cruz pintada en rojo el buque español “Buenaventura”, que fue el primero del mundo en arbolarla.
Volveremos con esta venerable Institución.
Foto 1. Ilmo Sr. D. Martin Ferreiro y Peralta. De la revista El Mundo Naval Ilustrado. Año 1.898.
Foto 2. Bote salvavidas Juan de Dios, sistema Forrest. De la misma revista.
Foto 3. Aparatos lanzacabos Spandau. De la misma revista.
Foto 4. Directores y brigada de salvamento de la estación. De la misma revista.
Foto 5. Cuadro de Rafael Monleón sobre el salvamento del bric-barca Fortunata. De la misma revista.

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