EL NAUFRAGIO DEL ITALICA (II)

Colaboración del Sr. MANUEL RODRIGUEZ AGUILAR.
Copyright del Sr. MANUEL RODRIGUEZ AGUILAR.
“Por desgracia 1922 no comenzaría mejor que el año recién terminado pues el vapor ITÁLICA II había naufragado el día once de corriente (Enero) a la salida del puerto de Vigo como consecuencia de haberse abierto una vía de agua en el departamento de maquinas al tocar el bajo de Beduidos”. Así concluía el artículo titulado “JOSÉ MARÍA YBARRA Y LOS ITÁLICA”, publicado por VICENTE SANAHUJA hace algo más de un año en VIDA MARITIMA, texto sacado del libro LA NAVIERA YBARRA, una excelente recopilación escrita por ADOLFO CASTILLO DUEÑAS e INIGO YBARRA MENCOS.
Sus autores afirmaban en el mismo libro que el naufragio del ITÁLICA (II) no había sido una gran pérdida ya que de su valor solo quedaba pendiente de amortizar 56.000 pesetas. Incluso cuatro meses después de la pérdida ya tenía sustituto: el vapor CORIA, de la COMPAÑIA NAVIERA SEVILLANA, más tarde renombrado CABO DEL AGUA (II). Sin embargo, los soldados españoles que luchaban en África y la Comisión de Madres no compartían ese mismo sentir de los autores ya que estas últimas habían hecho un gran esfuerzo que se había esfumado de un plumazo. Los 13 bultos que transportaba con destino a Ceuta, que constituían el aguinaldo del batallón de Murcia y que estaban compuestos por 1.000 sombreros impermeables, 800 chalecos de lana, 800 pares de calcetines de lana y 800 bufandas, se habían perdido completamente junto con el vapor. Después de todo, lo único bueno es que no se habían producido víctimas.
El ITÁLICA (II) era por entonces todo un veterano que realizaba su viaje número 274. Había sido construido en 1884 por el astillero británico J.L. THOMPSON & SONS LTD., de Sunderland, y sus principales características eran las siguientes: Tonelaje de Registro Bruto, 1.070 toneladas; Tonelaje de Registro Neto, 765 toneladas; Peso Muerto, 1.800 toneladas; Eslora, 67,00 metros; Manga, 9,53 metros; Puntal, 4,23 metros.
Había llegado a Vigo el martes 10 de enero de 1922 procedente de Santander con carga general. Al mando se encontraba el capitán RAFAEL ARANCIVIA y contaba con una tripulación de 27 hombres, entre gallegos, andaluces y vascos. A las ocho de la noche del día 11 de enero partió con destino a Sevilla con carga general, una importante partida de madera y numerosos barriles
vacíos. Esa noche reinaba en la zona una espesa niebla por lo que el capitán optó por salir por el canal Norte. Todo transcurrió con normalidad a pesar de que la visibilidad seguía siendo nula por toda la Ría. Esa falta de visibilidad hizo que el capitán no pudiera dejar a buen resguardo el peligroso bajo de los Beduinos, en la Punta Rodeira, impactando con la última roca. Buena parte de la tripulación dormía en ese momento. A las diez menos cuarto de la noche se sintió a bordo un fortísimo golpe, seguido de otros dos menores. El impacto lo había recibido el ITÁLICA en su centro por estribor, en plena sala de máquinas, abriéndose una vía de agua por donde empezó a entrar en su interior.
De forma inmediata el capitán organizó el abandono del buque, lanzando a la mar dos botes salvavidas, donde embarcaron todos los tripulantes, la mayoría de ellos después de un desagradable despertar. Hacía un frío tremendo y los ateridos náufragos buscaron la seguridad del puerto de Vigo, a donde pusieron proa. A los pocos minutos apareció entre la niebla un salvador muy oportuno. Se trataba del el balandro coruñés SAN ANTONIO, patroneado por JOSÉ SAMBADE, que recogió a los náufragos, les prestó los primeros auxilios y puso rumbo a Vigo. Camino del puerto se cruzaron con una pareja de pesqueros. A uno de ellos subieron el capitán, el primer oficial, el contramaestre y algunos marineros, rogando al patrón que les llevara de vuelta hasta el lugar del siniestro, con la intención de sacar al vapor de las piedras. Sin embargo, cuando llegaron el ITÁLICA había desaparecido completamente bajo las aguas y solo quedaban en la superficie numerosos barriles y maderas que transportaba en cubierta, testigos mudos del naufragio. Solo había pasado poco más de una hora desde el momento del impacto. Una vez a salvo en tierra, el capitán y algunos tripulantes pasaron los días 13 y 14 de enero por el juzgado de Marina para prestar declaración.
Foto 1.- El ITÁLICA abarloado al TRIANA, compañero de flota (Archivo MANUEL RODRIGUEZ AGUILAR).
Foto 2.-El ITALICA (II) en el puerto de Sevilla. Postal.

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