VARADAS Y VARADAS

PEDRO, NO VAYAS A COSTERA, QUE RUGE LA LERA (sic)

Articulo y copyright del Sr. José Ramón García López

Joseph Conrad, como marino experimentado, sin duda fue testigo de todo tipo de percances, entre ellos las varadas. Por lo que vivió, y quizá también por lo que oyó, pudo escribir a propósito de ellas, en su libro El espejo del mar, que “la varada le produce al marino, más que ningún otro lance, una sensación de estrepitoso y rotundo fracaso. Hay varadas y varadas, pero puedo decir con absoluta certeza que el noventa por ciento de ellas son casos en los que un marino, sin deshonra, puede muy bien pensar que más le valiera estar muerto… Es el capitán quien mete el barco en tierra; somos nosotros los que lo sacamos”.
En este artículo, pequeña contribución a la celebración de los diez años de vidamaritima.com, vamos a ver dos de ellas, que forman parte de un libro en preparación, y que corresponden a dos casos totalmente distintos, tanto en su generación como en sus efectos.

Vapor ASTURIAS. Oleo de Jose Pineda. Museo Piñole. Del libro HISTORIA DE LA MARINA MERCANTE ASTURIANA. II. LLEGADA Y AFIRMACION DEL VAPOR. (1857-1900).jpg
Vapor ASTURIAS. Oleo de Jose Pineda. Museo Piñole. Del libro HISTORIA DE LA MARINA MERCANTE ASTURIANA. II. LLEGADA Y AFIRMACION DEL VAPOR. (1857-1900).jpg

Varada del vapor ASTURIAS (1878)
El vapor ASTURIAS fue construido en 1869 en Dundee, en los astilleros Gourlay Brothers & Co. Era de casco de hierro, medía 58 metros de eslora, con un arqueo de 576 TRB, y fue valorado en 10.500 libras esterlinas (unas 250.000 pesetas). Fue matriculado en la Lista de Gijón el día 21 de noviembre de 1870 (Gijón, 5ª Lista, f. 19).
Fue el primer vapor adquirido por un grupo de comerciantes e inversores gijoneses con vocación de formar -como así lograrían- una compañía naviera con una flota de vapores. Era frecuente en la época la convergencia de varios inversores para la explotación de un buque, pero en este caso parece que ya desde el principio tenían previsto hacerse con una pequeña flota, es decir, constituir una naviera en todo el sentido de la palabra. De hecho, el encargo del segundo vapor -el COVADONGA– se decide antes de la llegada del ASTURIAS, y se dispondría de él en noviembre de 1870.
Se dedicaría el ASTURIAS a hacer el cabotaje peninsular entre los puertos del Norte y el Mediterráneo, con escalas en Vigo, Cádiz y Sevilla. Y en el curso de uno de esos viajes, el 28 de septiembre de 1878, cuando retornaba de Barcelona a Gijón, el vapor sufrió una varada en las llamadas Golas del Ebro a causa de la niebla.
Se intentó librar al buque, pero las maniobras que el capitán dirigía dando máquina no lo consiguieron. La situación, por demás, no era grave, porque el buque no estaba sometido a fuerte oleaje ni circunstancia que hiciera peligrar su integridad o la vida de los tripulantes. Pero el capitán, Nicanor Piñole Ovies, no pudo soportar la tensión, creyéndose culpable del percance y quizá creyendo que el buque se perdería. El caso es que, desesperado, puso fin a su vida.
Después de unos días de trabajos, el buque pudo ponerse de nuevo a flote, y una vez realizada una revisión que dio como resultado la ausencia de daños, continuó navegando. Hizo de Capitán en funciones el Primer Oficial, el ferrolano Román Erquicia Santalla, quien, tras hacerse cargo del mando del buque, realizó la consiguiente protesta de mar ante el Juzgado de Primera Instancia de Tarragona el 7 de octubre, por haber “experimentado los contratiempos, vicisitudes y quebrantos… por la muerte del Capitán y otros sucesos”, protesta que ratificó a su llegada a Gijón ante el notario Serapio Caballero el 30 de octubre de 1878 (caja 16709, f. 1275, AHA).
El suceso tuvo amplia repercusión en la prensa nacional; tomamos una de las referencias en prensa que se reproducen en vidamarítima.com:
El vapor ASTURIAS varó a las doce de la noche, cuatro horas después de haber dejado el puerto de Tarragona. Navegando viento N. O. tocó en un banco de arena que el desgraciado y pundonoroso capitán D. Nicanor Piñole creyó salvar forzando la máquina, lo cual no pudo conseguirse, dejando completamente varado el buque. Viendo que éste no hacía agua, la tripulación y los viajeros permanecieron en él tranquilos hasta el amanecer, en que izaron la bandera de auxilio, compareciendo enseguida todos los pescadores de la barra, prestando auxilios tan eficaces que, merced a ellos, el cargamento y aún quizás el buque, podrán salvarse por completo. La trágica consecuencia de este siniestro ha sido el suicidio del citado capitán, que después de haber intentado varias veces arrojarse al mar, fue detenido por la tripulación. A las cuatro de la mañana, después de examinar el derrotero en el camarote de cubierta, apagó la luz y se disparó un tiro en la sien que le dejó muerto” (La Correspondencia de España, 1 de octubre de 1878).
En Gijón, localidad donde residía el capitán Piñole y su familia, el suceso tuvo que causar una enorme conmoción. La pequeñez de esta población -entonces poco más que un pueblo- y el hecho de ser tres hermanos veteranos y prestigiosos capitanes –Anselmo, Sergio y Nicanor Piñole Ovies– aumentó más, si cabe, el impacto de la tragedia. La varada tuvo, en este caso, funestas consecuencias.

El vapor LUIS CASO DE LOS COBOS en Barcelona. Fecha indeterminada. Arxiu Fotografic Museu Maritim de Barcelona.tif
Lu’s G. de los Cobos

Foto: El vapor LUIS CASO DE LOS COBOS en Barcelona. Fecha indeterminada. Arxiu Fotografic Museu Maritim de Barcelona. Nuestro agradecimiento

Varada del vapor LUIS CASO DE LOS COBOS (1949)
Fue construido en 1920 por la Sociedad Española de Construcción Naval, en Sestao. De casco de acero, medía 86 metros de eslora con un arqueo de 2.496 TRB. Ex CHIVICHIAGA, se matriculó en la Lista de Avilés donde tomó el nombre de Luis Caso de los Cobos. En los comienzos de la Guerra Civil fue convertido en cárcel en El Musel, y posteriormente puesto a navegar con el nombre de Folguera, hasta ser interceptado por la marina de guerra nacional. Fue devuelto a sus dueños, que lo vendieron a Cementos Fradera, pero continuó inscrito en la 2ª Lista de Avilés.
El 23 de noviembre de 1949 entró en el puerto de Barcelona, procedente del de Gijón, “conduciendo un cargamento completo de carbón mineral destinado a las industrias de esta plaza. Dicho buque pasó a descargar el citado cargamento al muelle de San Beltrán” (La Vanguardia, 24 de noviembre de 1949, p. 11). Parece que no descargó, o lo hizo de sólo una parte, pues según leemos en la edición del periódico citado del día siguiente, el día 24 estaba en el muelle de Valcarca, donde lo sorprendió el temporal, que lo sacó del muelle llevándolo hasta hacerlo varar en una playa cercana:

Foto de mala calidad de la varada del vapor LUIS CASO DE LOS COBOS en Cala Morisca, actualmente una preciosa cala naturista.png
Foto de mala calidad de la varada del vapor LUIS CASO DE LOS COBOS en Cala Morisca, actualmente una preciosa cala naturista.png

A causa del fuerte temporal que se desencadenó repentinamente anteayer por la tarde, el vapor carbonero LUIS CASO DE LOS COBOS, que se hallaba descargando carbón en el puerto de Valcarca, rompió sus amarras, siendo arrastrado por la fuerza del viento hasta la playa próxima llamada “La Morisca”, donde quedó varado. Seguidamente se iniciaron los servicios de socorro para poner a flote el barco y salvar la tripulación, cosa esta última que se consiguió felizmente. Sin embargo, hay que lamentar la pérdida de dos hombres cuyas señas se desconocen, que voluntariamente se habían ofrecido para hacer llegar un cable hasta el barco, no pudiendo realizar tan humanitario intento por haber zozobrado la pequeña embarcación en que iban y bajo la cual desaparecieron” (La Vanguardia, 25 de noviembre de 1949, p. 9).
La varada no trajo consecuencias para el buque, que pudo ser puesto a flote después de cinco días de trabajos, como publica La Vanguardia:
Después de varios días de intensos e ininterrumpidos trabajos, el vapor LUIS CASO DE LOS COBOS ha podido ser salvado gracias al espíritu de sacrificio de los hombres que han tomado parte en la indicada tarea, y muy especialmente a la tenacidad y acertada dirección del capitán del remolcador MONTCABRER y práctico de nuestro puerto, D. Juan Díaz González, bajo cuya iniciativa se han desarrollado aquellos trabajos de salvamento” (La Vanguardia, 30 de noviembre de 1949, p. 9).
Es este un ejemplo de una varada felizmente resuelta por lo que respecta al barco y la tripulación, con la trágica salvedad del fallecimiento de los dos pescadores que de quisieron prestar ayuda.
Se cumple, con estos dos ejemplos, lo dicho por Conrad: hay varadas y varadas.
José Ramón García López. Luanco, marzo de 2017

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