GUADAIRA; LA HISTORIA DE UNA TERRIBLE TRAGEDIA

NO CULPES AL MAR DE TU SEGUNDO NAUFRAGIO. (Publilio Siro)

…“Empresa de Navegación por Vapor entre Sevilla y Marsella. Segovia, Cuadra y Compañía. Servicio semanal con escala en Cádiz, Algeciras, Málaga, Almería, Cartagena, Alicante, Valencia, Barcelona y Marsella. Vapores de hierro a hélice: GENIL, BETIS, DARRO, GUADALETE y GUADAIRA.
…Consignaciones: En Sevilla, oficina de la Dirección. Cádiz; don Luciano Alcoa. Algeciras; don Eugenio Onela. Málaga; señores D.M. Larios e Hijos. Almería; señor don Francisco de Padilla. Cartagena; señor don Andrés Pedreño. Alicante; don Tomas Lanuza. Valencia; Sres. Carriana Hermanos y Compañía. Marsella; don Hains Eugenio. Barcelona; señores Busanya y Compañía, dormitorio de San Francisco número 6, bajos”…
De esta manera se anunciaban en el diario La Corona, de Barcelona, en su edición de 22 de diciembre de 1862, en su página 4, la compañía de vapores sevillana Segovia, Cuadra y Compañía, de gran peso específico en la Marina Mercante nacional.
¿Quiénes eran Segovia, Cuadra y Compañía? En el post sobre el vapor SANTA ANA dimos algunos apuntes sobre esta compañía, y para más información recomendamos leer el artículo La Compañía Naviera Segovia, Cuadra y Cía., escrito por Marina Gamboa Gil de Sola, en Cuadernos de Arqueología Marítima (ISSN 1133-5645, Nº. 7, 2006, págs. 78-83)
En la primera parte de su vida comercial el GUADAIRA era parte fundamental de la estructura de la empresa.

El vapor GUADAIRA en el momento de reventar sus calderas. El Periodico para Todos. Año I. Num.tif
El vapor GUADAIRA en el momento de reventar sus calderas. El Periodico para Todos. Año I. Num.tif

El vapor con casco de hierro a tornillo GUADAIRA (O.N. 44790) fue botado el 26 de junio de 1862 por los astilleros Henderson, Coulborn & Co, de Renfrew, con el número de grada 45. Con una eslora entre perpendiculares de 173,8 pies, una manga de trazado de 33,9 y un puntal en bodega de 13,1 pies, registraba 448 toneladas brutas y 346 netas, lo que indica las pocas superestructuras que llevaban los buques construidos en aquella época que, prácticamente, eran veleros con una maquina auxiliar. Esta fue construida por el mismo astillero, en la misma plaza, y era de dos cilindros y 85 caballos nominales, lo que debían suponer, en el reino de las suposiciones, unos 200 o 300 caballos indicados con los que quedarse clavados en la mar al menor viento de proa. Era gemelo del GUADALETE.
Sobre su armamento, debió haber algún tipo de acuerdo previo a la compra por Segovia, Cuadra y Compañía, ya que en origen perteneció a James McLintock Henderson, de Glasgow (Fuente Clyde Built Ships), desde el 12 de julio de 1862, para pasar al armamento andaluz inmediatamente, ya que la primera noticia que se tiene de él está datada en septiembre de 1862.
Su hundimiento, en gran catástrofe, por explosión de la caldera, tuvo lugar el 16 de junio de 1872. Veamos a través de las hemerotecas su particular vida marítima.
La primera aparición del buque esta datada el 17 de septiembre de 1862, mandado ya por el capitán D. José Gómez, vitalicio de este buque y en el que perdería la vida. Quizás su momento de protagonismo llego con una de las visitas reales a la Sevilla decimonónica. María del Carmen Fernández Albéndiz, en el libro Sevilla y la monarquía: las visitas reales en el siglo XIX (ISBN: 9788447209118), cita:
…”El día 24, tras la inauguración de las obras del puerto, la diputación provincial había preparado una fiesta veneciana en el río abierta a la participación ciudadana. Se había dispuesto para la familia real una falúa tripulada por treinta remeros, a la que acompañaban tres esquifes con la comitiva, además de un sin fin de pequeñas embarcaciones. Para amenizar el paseo se instaló una banda militar y un coro con barítonos en una plataforma sobre un par de lanchas. Los artesanos, reunidos en la Sociedad Sevillana, y los miembros de la Sociedad Andaluzas tomaron parte en la fiesta flotando una escuadrilla de escolta que junto con los uniformes que llevaban fueron costeado exclusivamente por ellos.

Explosión del vapor GUADAIRA. La Ilustracion Española y Americana.tif
Explosión del vapor GUADAIRA. La Ilustracion Española y Americana.tif

Por otra parte, la marina real y mercante que en esos días se encontraba en la dudad se situó a ambos lados del río escoltando la falúa real, iluminándose todo a la hora del crepúsculo con luces y bengalas que ofrecían un espectáculo nunca visto en el Guadalquivir. A la altura del bajo de los Cordales, la familia real y las autoridades se trasladaron al vapor GUADAIRA, propiedad de Segovia, Cuadra y Cía., para contemplar desde ahí las escenas campestres que se habían preparado en el campo de Tablada. La exhibición consistió en el acoso y derribo de varias reces y el lance de algunos toros por parte del torero Manuel Domínguez. A su vuelta al muelle, para culminar el día de fiesta, se lanzaron fuegos artificiales desde el barrio de Triana”…
Esto ocurría en septiembre de 1862.
Una muestra de la carga que solía llevar el buque, la cita el diario La Corona, de Barcelona, en su edición del viernes, 17 de octubre de 1862:
…”De Marsella en 10 horas, vapor GUADAIRA de 223 t., c. D. José Gómez, con 1 barril aceite á don G. Renaud 1 bala algodón á D. E. Montobio, 1 caja goma a los Sres. Girona hermanos, 100 balas fécula á D. José Gallardo, 15 id. pieles a los Sres. Pujol y Mercé, 9 cajas cristal á D. José Palau, 4 id. tejidos á los hijos del Sr. Sola y Amat, 4 id. lana á D. Domingo Ramis, 28 bultos géneros
á los Sres. Solá y Monner, id. hilaza á D. Fernando Puig, 2 cajas acero á D. P. Bohigas, 4 idem vidrios a los Sres. Llopart hermanos, 4 id. id. á los Sres. Pichman y compañía, 4 barriles cueros á los Sres. Canal y Brigueboul , 1 caja estampas a D. Juan Paris, 2 id. mercería al Sr. Bosch é hijo, 1 id . drogas á D. B. Fiol, 40 sacos fécula á D. Camilo Puigoriol, 14 cajas maquinaria a los señores Lacour y Lesaje, 2 id. quincalla á D. E. Dauner, 7 barriles hierro a D. Luis Ramoneda, 1 caja coronas
á D. Francisco Tórreos, 25 bultos hierro y 4 cajas quincalla á los hijos del Sr. Sola y Amat, otros efectos á varios señores, 642 bultos de tránsito y 9 pasajeros. Consignado a los Sres. Busanya y compañía”…
Un susto en el puerto de Barcelona, lo narra El Imparcial, de Madrid, en su edición de 8 de agosto de 1867, página 3, en que cita:
…”El domingo último ocurrió un amago de incendio á bordo del vapor GUADAIRA, que había entrado el mismo día en el puerto de Barcelona, procedente de Marsella: felizmente fue prontamente sofocado, merced a la eficacia de los auxilios que se le prestaron por las autoridades de dicho puerto y parte de la tripulación del vapor de guerra LEON que se encuentra surto en el mismo”…
En la noche del 4 al 5 de enero de 1870 se hundía en Málaga el vapor RIFF, y para cubrir el servicio con Melilla y los Presidios Menores se fletó por un viaje el vapor GUADAIRA, aunque posteriormente, para estos servicios se fleto el BARCINO.
La historia del naufragio está ampliamente relatado en la revista El Periódico para Todos, y en el número 8 del Año 1, tenemos la historia novelada, para quien le guste, nosotros preferimos el relato que se halla en la edición del Año 1, Núm. 9, página 7, del nombrado semanario El Periódico para Todos, en donde se apuntaba:
…“Nuevos datos sobre la pérdida del vapor GUADAIRA. (De El Correo de Andalucía de Málaga)
De una carta que escribe el joven piloto del citado vapor, don Enrique David, a su hermano, tomamos los siguientes párrafos, en los cuales encontramos algunos pormenores que no habíamos leído en ninguna de las reseñas que con motivo de tan terrible siniestro nos habían dado a conocer los periódicos de Marsella:
“Describirte detalladamente, querido hermano, lo que allí paso me es imposible; da horror nada más que en recordarlo. En dos minutos presencie escenas que aún me tienen consternado.
Momentos antes de la explosión estaba en el puente, y me mando Gómez que fuese á firmar las listas de pasaje; y hallándome cerca de la toldilla oí un ruido, un estrépito tan extraño que no se puede explicar; el caso es que caí en ella y encima de mí el toldo que estaba puesto, y sobre el toldo el palo mayor, jarcias y fragmentos del buque. Temi el momento en que algún objeto me aplastara, pero tuve suerte.
Cuando quise salir de allí y no pude, creí ahogarme sin poder defenderme. Afortunadamente, gracias a un esfuerzo supremo, vencí los inconvenientes que se oponían a mi salida de aquella envoltura de cáñamo, jarcias y maderas, y salí ileso. Entonces me horroricé; vi cosas que, como te he dicho antes no se pueden explicar; entre las que más sentimiento me causaron se encuentra esta desgarradora escena que ocurrió casi a mis pies: tres pasajeras, una de ellas hermosa de diez y nueve años, con un brazo roto, se hallaban abrazadas, llorando, envueltas en la jarcia; hice esfuerzos por librarlas y no pude, pues el buque se hundía.
Dos minutos estuvo el GUADAIRA sobre el agua después de la explosión. Yo y tres marineros tuvimos la suerte de poder desenganchar un bote y embarcarnos en el al hundirse el vapor; en el que recogimos hasta trece personas, que fuimos como Dios quiso, por estar el bote en muy mal estado, tanto que se hallaba lleno de agua y tuvimos que agregarle algunas balas de corcho al costado para que se pudiese aguantar. Nuestra situación figúrate cual sería; unos aguantando los corchos, otros achicando con las gorras y las manos y otros a los remos. El cuadro que nos rodeaba era horroroso. ¡Cuántas voces pidiendo auxilio! ¡Cuántos quejidos de los heridos!, ¡Cuantas invocaciones!
Al señalarnos uno un buque de vapor que se dirigía Inicia nosotros, un grito unánime salió de todos los que estábamos en el bote y de los que sujetos a palos o balas de corcho se hallaban en el mar. El vapor era LE PREFERE, navegamos como pudimos hacia él y bien pronto logramos transbordar algunos de los pasajeros y salir para buscar a otros que se hallaban en peligro.
Las escenas a bordo del buque salvador fueron indescriptibles. Allí empezamos a darnos cuenta de los que callaban y habían encontrado su sepultura en el Mediterráneo.
Allí han sucumbido nuestros amigos Gómez y Costa, el segundo maquinista, cinco fogoneros, el cocinero, marmitón, un marinero, un camarero y cuarenta personas más del pasaje.
Cuando llegamos a Marsella nos aguardaba un gentío inmenso que nos abrazaba conduciéndonos en coches al consulado de España. El cónsul, así como el consignatario, se han portado muy bien con todos, no escaseándonos ningún género de socorros.
Yo he perdido todo cuanto poseía; baste decirte que las únicas prendas con que entre en Marsella fueron la camisa, el pantalón y las botas.
Antes de terminar te daré algunos pormenores del entierro celebrado en la tarde del 18 de un fogonero que salió gravemente herido y que pudimos recoger. Primeramente iban los trece tripulantes del GUADAIRA con la bandera española cogida de los picos; después una comisión con una bandera enlutada llevada del mismo modo; el carro fúnebre, dentro del cual iba la caja cubierta con el pabellón español; una sociedad de canto entonando himnos fúnebres; el duelo presidido por el consignatario, el cónsul y yo, y detrás de nosotros una manifestación de sentimiento de casi todo el pueblo marsellés; no he visto nunca más gente en una ceremonia de este género. El número de carruajes que seguían a la comitiva era extraordinario.
Regularmente iremos en el GENIL a casa; antes no puede ser, a causa de las declaraciones que tenemos que dar en el expediente que se está formando”…
Como hemos dicho, el segundo de puente era D. Enrique David, y los marineros salvos fueron Manuel Sánchez, Joaquín Martínez, José Estefane, Antonio Rodríguez, Diego Sánchez, Carlos Ruiz, Jesús Díaz, Manuel de Mestre, Miguel Fernández, Manuel Gómez, Félix Fautoni, Francisco de Paz y Pascual Cueto.
La revista La América, de Madrid, en su edición de 28 de junio de 1872, página 4, daba cuenta de la terrible tragedia también:
…”Naufragio del vapor «GÜADAIRA».
En la Gazette du Midi, periódico marsellés, correspondiente al 18 del actual, leemos lo siguiente:
«A las doce de la mañana de ayer empezó á circular el rumor de un espantoso siniestro, y gran número de familias estaban consternadas, parque en los primeros momentos se decía que la explosión de que se hablaba había tenido lugar a bordo del vapor que conducía a Berre los invitados á las regatas del Yacht-Club.
No tardo, sin embargo, en saberse la verdad. El vapor que había volado a la vista del puerto de Marsella era el GUADAIRA, capitán Gómez, procedente de Sevilla, y que había hecho escala en Cádiz, Málaga, Almería, Cartagena, Alicante, Valencia y Barcelona. Iban a bordo de dicho buque 26 hombres de tripulación y 58 pasajeros, entre ellos muchos artistas liricos pertenecientes a dos compañías de canto italianas.
Al aproximarse a la costa una niebla muy intensa obligo a Gómez a contener la marcha de su vapor, y la máquina permaneció algún tiempo con el mínimo de su fuerza. Cuando el tiempo permitió reconocer la posición, el capitán mando dar fuerza a la máquina, y dijo a su segundo, que estaba con él sobre cubierta, que fuera a preparar el desembarco de los pasajeros de segunda clase, en tanto que él iba a ocuparse de los de primera.
Apenas habla dado esta orden, y el segundo iba a bajar la escalera, cuando de pronto una formidable explosión agito el buque haciendo volar por el aire restos de toda clase.
El GUADAIRA se hallaba entonces a unas tres leguas marinas de Marsella, enfrente del pequeño puerto de Carri.
Es indescriptible la escena de horror que siguió a la explosión. Todas las personas que se hallaban en la parte del buque, inmediata a la máquina hablan sido lanzadas al espacio, y volvían a caer mutiladas o gravemente heridas en las olas donde debían sepultarse.
Los viajeros y los tripulantes que se habían salvado estaban, unos inmóviles de terror, y otros azorados, y tratando de abandonar el buque que se hundía bajo sus plantas.
El segundo mando echar al agua inmediatamente las lanchas, en las que se precipitaron ciegamente todos los que habían sobrevivido.
Sobre el puente había una gran cantidad de fardos de corcho, y los que habían conservado la serenidad se asieron a ellos, debiendo a esta circunstancia su salvación algunos de los náufragos.
En el momento de reventar la máquina del GUADAIRA pasaba el remolcador PREFERE a unas dos millas de distancia, dirigiéndose a las regatas de Berre con unos sesenta pasajeros. El capitán M. Mary no vacilo un momento, y sin aconsejarse más que de si propio, voló en auxilio de los náufragos, a los cuales alcanzó después de un cuarto de hora de marcha a todo vapor.
El GUADAIRA se había ido a pique y el mar estaba cubierto de restos del buque, en medio de los cuales flotaban dos pequeñas lanchas llenas de gente, las personas que se habían asido a los fardos de corcho y cierto número de carneros.
La sumersión del buque fue tan rápida, que ni siquiera se tuvo tiempo para salvar los papeles de á bordo.
El capitán del PREFERE, auxiliado por su tripulación y algunos viajeros, acogió a bordo cuarenta y una personas, veintisiete pasajeros y catorce tripulantes. Entre ellas hay algunas gravemente heridas, y una de ellas ha muerto en el hospital pocos momentos después de entrar; es un fogonista que había recibido horribles quemaduras.
Fueron sepultados en las aguas el capitán Gómez, el maquinista y diez marinos. El número de las victimas asciende a cuarenta y tres.
Han sido trasladados á la Morgue tres cadáveres de mujeres; el segundo del GUADAIRA ha reconocido á Adela Ruggiero, Rosa Marletti y Marietta Mariotti, pertenecientes a una compañía lírica que se hallaba de pasaje a bordo.
Se dice que el capitán Gómez murió por querer salvar a una mujer que se abogaba a su lado.
Al recibirse la noticia del siniestro, acudieron inmediatamente el comandante del puerto, el cónsul de España y el conde de Keratry con su secretario.
El prefecto dio orden de que saliera el pequeño vapor de la Sanidad para que se recogieran los cadáveres que arrojasen las olas.
El cónsul de España ha dado las gracias a las personas que han contribuido a la salvación de los náufragos, y ha escrito á M. Mary que trasmitiría á su gobierno un parte circunstanciado y que esperaba que sería dignamente recompensado su generoso comportamiento.
No se sabe á punto fijo a qué atribuir el siniestro, ni se sabrá nunca probablemente, porque la única persona que hubiera podido dar noticias, que es el maquinista, figura en el número de las víctimas. Pero generalmente las personas inteligentes en la materia creen que la explosión se debió á falta de alimentación de la caldera, que estarla sin duda candente por haber estado parados mucho rato, y que al dar el capitán la orden de marcha, el maquinista arrojaría de golpe agua fría en la caldera.»”…
El naufragio provoco un gran sentimiento de dolor y hasta muchos meses después se realizaron actos y espectáculos con objeto de recaudar dinero para las víctimas del buque.

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