LA COMPAÑIA BALLENERA ESPAÑOLA Y LA FACTORIA DE CANELIÑAS

EL PESCADOR DE CAÑA, MAS COME QUE GANA

Definitivo, inmejorable, supremo, …y toda la batería de adjetivos calificativos que quieran ustedes aplicarle, siempre que sean en positivo, valen para este libro: Chimán. La Pesca Ballenera Moderna en la Península Ibérica (ISBN: 978-84-475-3763-1). Formidable.
Escrito por Alex Aguilar y publicado por la UB, Universitat de Barcelona, Publicacions y Edicions, tiene una dedicatoria que no deben ustedes perdérsela y el libro debe ser comprado, destruido -de tanto ser consultado y leído- y guardado con cariño entre lo mejor de nuestra biblioteca. Matrícula de honor, y hablo con propiedad porque he leído cientos –sino miles- de libros de vida marítima. Es un repaso a la actividad comercial que se desarrolló con motivo de la caza y comercialización de la ballena en aguas nacionales en el siglo XX.

Fecha 14 de diciembre de 1924. Caneliñas. Inauguración de la factoria de la Compañia ballenera Española.jpg
Fecha 14 de diciembre de 1924. Caneliñas. Inauguración de la factoria de la Compañia ballenera Española.jpg

Ya hemos visto la factoría de Getares, de la Compañía Ballenera Española, basándonos en otro libro, un diccionario en aquella ocasión, y hoy veremos la factoría de Caneliñas, de la misma compañía, basándonos en este libro. Una vez establecida la factoría de Getares, la Compañía Ballenera Española pidió, y obtuvo, otro permiso para abrir la de Caneliñas, mejor equipada y con más recursos, en la que trabajaron unas doscientas personas. Fue, por un tiempo, una importante fuente de recursos en su zona de influencia.
En las hemerotecas encontramos, en el diario El Financiero, de Madrid, en su edición de 2 de enero de 1925, n.º 1.240, en su página 29, la siguiente nota sobre su habilitación aduanera, tema fundamental en el comercio marítimo. El diario cita:
La factoría ballenera de Caneliñas. Detalles interesantes de una habilitación aduanera.
En virtud de una instancia presentada por D. Manuel Nogueira y Nogueira, en nombre de la Compañía Ballenera Española, solicitando que se habilite la ensenada de Caneliñas, provincia de La Coruña, para importar maquinaria y otros efectos, con arreglo a las necesidades de la factoría ballenera que dicha Compañía ha establecido, se ha dictado una Real orden acordando la habilitación que se solicita, menos la de importar comestibles y envases en régimen de admisión temporal, y supeditada a las condiciones siguientes:
a) Las operaciones serán documentadas por la Aduana de Corcubión y vigilado el servicio por la fuerza de Carabineros que lo presta en aquella demarcación.
b) Que se examine por la Junta de jefes de la provincia la propuesta de la Comandancia de Carabineros y se acuerde por aquélla lo que sea procedente, a cuyas resultas se entenderá obligada la entidad concesionaria desde el momento que haga uso de la concesión.
c) Que las operaciones de exportación y las de importación de carbón sean intervenidas por el funcionario de la Aduana de Corcubión y las demás por personal de la de La Coruña, la que lo nombrará en cada caso a petición previa y con arreglo a la importancia y exigencias de los despachos.
d) Que será dé cuenta de los concesionarios el pago de los gastos de locomoción y dietas reglamentarias que devenguen los empleados designados para la verificación y fiscalización de los despachos, así como la facilitación de los útiles para peso y medida que éstos requieran.
e) Que en las operaciones de importación será indispensable la estancia de los funcionarios que hayan de autorizarlas a la llegada de los barcos para su intervención, desde antes de la descarga hasta terminados los despachos.
f) Que en la factoría se pondrá a disposición del personal de Aduanas un local adecuado para instalación de aquél y ejecución de los trabajos de escritorio correspondientes. Y que se entienda derogada desde esta fecha la habilitación autorizada con carácter transitorio.
Por el interés que puede tener para otras industrias, debemos añadir que habiendo sido invitado el solicitante Sr. Nogueira a que concretara la relación de mercancías objeto de su instancia, lo hizo aquél expresando su deseo de importar los efectos siguientes:
Carbón mineral, calderas para la cocción de cetáceos y piezas de hierro para prensar; tuberías de hierro para conducir vapor, cables y cadenas para arrastre y elevación de dichos cetáceos, cubos o cangilones, piezas de hierro y madera para las plataformas, edificios y dependencias de la factoría, piezas de recambio y repuesto de la Central eléctrica, arpones, guadañas, cuchillas y herramientas de trabajo, cuerdas de abacá y cáñamo, comestibles, envases en régimen de admisión temporal, cemento, cal, ladrillos y otros elementos de construcción.

Vista de la factoria de Caneliñas desde el aire. Fecha indeterminada, foto remitida por el Sr. Ramón Garcia Filgueira. Nuestro agradecimiento.jpg
Vista de la factoria de Caneliñas desde el aire. Fecha indeterminada, foto remitida por el Sr. Ramón Garcia Filgueira. Nuestro agradecimiento.jpg

La habilitación solicitada comprende también la exportación de aceites de ballena, esperma del cachalote, barbas o ballenas y abonos. La negativa de la habilitación para importar comestibles y envases en régimen de admisión temporal está fundada en que semejante concesión no es posible otorgarla a un punto habilitado por la amplitud que comprende la designación genérica de comestibles y por el régimen de intervención que exigen las franquicias temporales.
Otro de los considerandos de la mencionada Real orden establece, con plausible acuerdo, que por tratarse de una industria nueva en período de creación y con auspicios de prosperidad, debe facilitarse su desarrollo en cuanto dependa de la Administración pública y sea compatible con los intereses generales y los fiscales de la Renta de Aduanas”…
En la revista Vida Económica, de Madrid, en su edición de 10de diciembre de 1928, n.º 685, página 11, se da cuenta de la producción de Caneliñas:
…”Industria ballenera.
De Industrias Pesqueras tomamos los siguientes datos interesantes del desarrollo en España de la ballena: En 1924, durante los meses de Noviembre y Diciembre, se pescaron seis ballenas y seis cachalotes.
En 1925, en los once primeros meses, 453 ballenas y 30 cachalotes.
En 1926, en los siete meses Abril-Octubre, 622 ballenas y tres cachalotes.
En 1927, durante los meses de Marzo, Abril y Mayo, 172 ballenas y tres cachalotes.
En total, 1.253 ballenas y 42 cachalotes.
Los productos fabricados en la factoría de Caneliñas, cerca de Corcubión, en todo este tiempo (Noviembre de 1924 a fin de Diciembre de 1927) fueron los siguientes: 40.539 barriles de aceite y 5.090.000 kilos de guano.
Las barbas de las ballenas fueron convertidas también en guano, por hallarse actualmente tan depreciadas, que no vale la pena de pagar por ellas el costo del transporte hasta los mercados donde podrían ser vendidas.
La factoría a flote «Corona», que trabajó en la bahía de Vigo hasta 1926, tuvo que arrojar al mar las barbas de todas las ballenas que capturó, por las mismas razones que la factoría de Caneliñas”…
Sobre la factoría en si, Alex Aguilar, en el libro referenciado, cita:
…”La factoría de Caneliñas fue, con mucha diferencia, la planta de aprovechamiento de ballenas más grande que se construyó en la Península Ibérica. Fue también la que trabajó durante un período más largo y por ello experimentó sucesivas transformaciones con el fin de adaptarse a los cambiantes intereses del mercado. En ella se procesó la última ballena pescada en España y es la factoría que se mantiene en mejor estado y de la que ha sobrevivido más información. Por estos motivos, Caneliñas es el mejor y más documentado ejemplo de la estructura y funcionamiento de una instalación de este tipo en nuestro país.
Situada cerca de cabo Finisterre, y por ello próxima al promontorio submarino conocido como el Banco de Galicia donde las ballenas acudían a alimentarse, fue edificada en una pequeña caleta en la que anteriormente había habido una fábrica de salazón. Perteneció a dos empresas que operaron cada una de ellas en períodos distintos, separados por tres décadas de inactividad. La primera de estas empresas fue la Compañía Ballenera Española, la firma española que actuaba como testaferro del noruego Svend Foyn Bruun y que había iniciado su andadura en la Península Ibérica con la exitosa factoría de Getares, en el Estrecho de Gibraltar. Carl Herlofson, director técnico de la compañía, enseguida vio que Caneliñas era un lugar conveniente para la construcción de una planta de aprovechamiento de cetáceos pues, además de que las aguas próximas rebosaban ballenas y de que se hallaba lejos de cualquier núcleo habitado importante, como en la zona el empleo brillaba por su ausencia los sueldos de los operarios locales podían hacerse descender hasta cotas inimaginables para estándares noruegos. Solo hay que mencionar que, en el bienio 1919-1920, tras el frenazo impuesto por la guerra europea y la paupérrima situación en que se hallaba la Galicia rural, la cifra de emigrantes gallegos a Sudamérica superó los 57.000, un marco social que eliminó cualquier resistencia local a la implantación de la factoría.

Abril de 1926. Carl Herlofson y Carsten Henri Bruun posan delante de la maquinilla para elevación de ballenas. Revista Chasse Maree. Nº 269.jpg
Abril de 1926. Carl Herlofson y Carsten Henri Bruun posan delante de la maquinilla para elevación de ballenas. Revista Chasse Maree. Nº 269.jpg

Fuera por eso, fuera porque la construcción de la factoría se hizo en un momento de extraordinaria bonanza económica de la empresa, que estaba recogiendo los frutos de las primeras y colosalmente productivas temporadas de la factoría de Getares, no se reparó en gastos. Hasta aquel momento el lugar había estado únicamente ocupado por la fábrica de salazón de pescado de Andrés Cerdeiras Pose, que había construido algunos edificios esparcidos por la ensenada así como 14 pilos para salazón que aún hoy se conservan. La Compañía Ballenera Española adquirió de Cerdeiras aquellas propiedades y, junto a otras que pertenecían a José Rodríguez Pequeño, formó un agregado de 54 fincas que sumaban entre todas las 3 hectáreas necesarias para albergar la factoría. La pequeña ensenada estaba rodeada de escarpados montes pedregosos y, en aquella soledad mineral, Foyn Bruun encargó al ingeniero Thorleif Christophersen que, bajo el ojo siempre vigilante de Herlofson, diseñara y edificara una factoría equipada con la maquinaria más moderna.
Para ello debía comenzar construyendo un camino que permitiera el acceso a la caleta con la finalidad de transportar los materiales necesarios para la obra. Dada la salvaje orografía del lugar, inevitablemente el resultado fue un camino empinado como un tobogán. Además, en la orilla occidental de la ensenada se construyó un muelle donde pudieran atracar cazaballeneros y buques de transporte. En julio de 1924, una vez esta infraestructura básica estuvo lista, llegó a Caneliñas el ERRIS, un buque de transporte a vela con cuatro palos que pertenecía a la Blacksod Bay Co, la compañía ballenera irlandesa de Lorentz Bruun. Llevaba en su interior material para las obras pero, sobre todo, los cabrestantes y el resto de material necesario para despedazar ballenas.
Junto a aquel muelle, que tenía un primer tramo de mampostería y una prolongación de madera, se edificó un pequeño polvorín donde almacenar los explosivos de los cazaballeneros, una explanada para acumular los barriles de aceite y un gran edificio que servía como almacén del guano.
Desde allí, y resiguiendo el margen occidental de la caleta, se instalaron seis enormes tanques de hierro para almacenar el aceite que se producía, a la espera de que un buque de transporte lo recogiera y lo trasladara a Noruega, donde aquel producto se pagaba a un precio más alto que en España.
Por debajo de los tanques se construyó un muro de contención sobre el que se hizo discurrir un tren de vías que conducía a la base de los autoclaves y, por encima de ellos, otro ramal de vías que conducía a la parte trasera del edificio del trommel. Esta red de vías servía para acarrear el carbón que alimentaba las calderas de la factoría y el trommel así como para transportar los barriles y los sacos de guano que debían cargarse en los buques de transporte. Al final del camino, y a un lado de la factoría, uno de los edificios de la antigua salazón fue ampliado y a su costado se adosó un segundo bastimento para dar alojamiento al personal noruego de la planta de despiece. Finalmente, la planta de procesamiento, con los autoclaves y las dependencias de producción de guanos y harinas, se dispuso en el centro de la caleta, mirando al mar. Allí, y frente a la playa, con madera y hierro se levantó un tinglado cubierto con tablazón que albergaba un Hartmann y doce autoclaves. La plaza de despiece donde los cetáceos eran desmembrados se situó al pie de este tinglado. Además, desperdigados por toda la caleta se colocaron estructuras y pequeños bastimentos de servicio, entre los que se incluía un pozo artesiano de grandes dimensiones en el margen septentrional de la factoría.
En noviembre, aunque algunos edificios aún estaban a medio construir, la maquinaria estaba ya lista para procesar ballenas. La responsabilidad de la dirección de la factoría se encargó al ingeniero Christophersen y enseguida se ordenó al MOROTE, el único barco de la compañía destacado en aquel momento en Galicia, que saliera a la mar. El 11 de aquel mismo mes capturó dos ballenas. La primera fue despedazada a la mañana siguiente y a puerta cerrada para ensayar la maquinaria y los procedimientos de desguace. La segunda ballena se reservó para el día 14, cuando se celebró la inauguración pública de la factoría. Fue un día frío y lluvioso que sin embargo no logró deslucir la ceremonia. Un macho de rorcual común de tamaño respetable despertó la admiración de las autoridades, que se agolparon a su alrededor pese al olor, la sangre y a una ventisca que no cesó a lo largo del inacabable procesamiento del animal. No faltó nadie: la plana mayor de la compañía, desde Moróte a Nogueira, Bruun y Herlofson, hasta el gobernador civil de la Coruña, banqueros como Pedro Barrió de la Maza y, naturalmente, el párroco local, que bendijo con convicción tanto la ballena como las instalaciones. La empresa había desplazado hasta allí a varios cortadores experimentados de Getares, pero la mayor parte de los operarios eran novatos y aquello era terreno desconocido. La faena fue larga y laboriosa. Con el transcurso de los meses llegaron más barcos cazadores, los jornaleros adquirieron experiencia, y las calderas de la factoría comenzaron a funcionar a pleno rendimiento. Según palabras de Carl Herlofson al término de una visita de supervisión el mes de junio siguiente: “el trabajo con las ballenas discurre como si le hubieran echado lubricante”…
Sin embargo, y como el autor cita, los problemas laborales acosaron la empresa, que hacía uso de procedimientos abusivos y lesivos para sus empleados, lo que condujo a una de las primeras huelgas en Galicia. Solo la mediación de la dirección noruega en el problema, acabo con la tensa situación. Las medidas –trabajo a destajo, turnos de doce horas, empleo de niños en los turnos- se relajaron y la paz volvió al trabajo.
El fin de la primera etapa de Caneliñas, bajo los colores de la Compañía Ballenera Española, llego por exterminio de la ballena en la zona, como ya habían hecho en Gibraltar, lo que se narra en el libro de la siguiente forma:
…”Los animales eran izados del agua mediante una rampa que se hallaba situada en el lado oriental de la caleta y alcanzaban la plaza de despiece arrastrados mediante potentes cabrestantes repartidos a lo largo del trayecto. Siguiendo el procedimiento usual, la grasa periférica, o tocino, era troceada concienzudamente, primero con cuchillas y luego con una máquina especial, y llevada a los autoclaves.
Una vez realizada una primera cocción, el aceite sobrenadante era sorbido por un tubo articulado y llevado a los tanques de decantación. Los residuos se extraían a través de los portillos situados en la base de las calderas y se transportaban a otra caldera, donde se los sometía a una segunda cocción para extraer de ellos hasta la última gota del aceite. Paralelamente, una vez el cetáceo había sido desprovisto de su capa de grasa, se le separaba la cabeza y era izado a la planta superior del tinglado, cuya superficie estaba cubierta por un sólido entablado de madera. La cabeza ascendía por la rampa más próxima al mar, más estrecha, mientras que el cuerpo lo hacía por la más alejada, que era más ancha y además contaba con una escalerilla por donde ascendían los operarios encargados del despiece. En lo alto del tablado, mediante cuchillas, chigres y sierras se desmembraba el cetáceo y sus pedazos eran volcados a la obertura central que comunicaba con la boca superior del Hartmann, o a las oberturas laterales que se abrían sobre las bocas de los autoclaves. Los residuos que salían de allí y de la caldera donde se realizaba la segunda cocción de la grasa eran luego transformados en guano en el trommel, que se hallaba ubicado detrás de las calderas.
Pero la grandeza con la que aquella factoría fue concebida no tuvo una adecuada recompensa. Pese a la abundancia de cetáceos, la eficacia noruega y los bajos costes de producción, Caneliñas únicamente trabajó cuatro temporadas (1924-1927), durante las cuales, eso sí, procesó más de 1.300 cetáceos. Todo terminó cuando se produjo el colapso de la población de ballenas y la empresa se ahogó en deudas.
Durante cinco años, Manuel Nogueira, consejero delegado de la Compañía Ballenera Española, estuvo intentando vender Caneliñas. Aunque la salida más razonable para la propiedad era la de recuperar su anterior uso como fábrica de salazón, nadie parecía interesado en el negocio.
Cerdeiras se había trasladado a la localidad vecina de El Pindó y había hecho allí una inversión que le impedía el retorno a la ensenada, y pocos empresarios tenían entonces capital para nuevas aventuras. Por fin, en 1932 Nogueira logró vender la propiedad por doce mil pesetas al coruñés Francisco Lombardero Franco, propietario de Pesquerías Gallegas S. L, quien enseguida puso de nuevo en marcha los antiguos pilos de salazón”…
Entre los balleneros que operaron en Caneliñas figuran el MOROTE, el WILLIAM WILSON y el CONDESA MORAL DE CALATRAVA, y entre los buques de soporte de la factoria el ERRIS, el BLUS y, últimamente –sobre 1927- la barca MONKBARNS (Propiedad, según parece ser de Ramiro González y Cía., y que después sería de la Compañía General de Carbones) que acabo como pontón para suministro de carbón en la ría de Corcubión para los catchers de la Compañía Ballenera Española.

2 comentarios en “LA COMPAÑIA BALLENERA ESPAÑOLA Y LA FACTORIA DE CANELIÑAS

  1. Muy interesante articulo y como menciona al principio un libro muy interesante y que todo aquel aficionado a los temas maritimos debería tener en su biblioteca.
    Sobre los barcos ERRIS y BLUS, le puedo decir que pasaron luego a manos de la Compañia General de Carbones, que los empleo como pontones en Corcubión, el BLUS permanecio en la ría hasta junio de 1929 en que fue retirado de su fondeo, su destino provable el desguace. El ERRIS abandono la ría el 4 de enero de 1929 remolcado por el vapor SAN ANTONIO con destino al puerto de Huelva.
    Sobre el MONKBARNS, que fue el último ponton carbonero de la ría de Corcubión (fue desguazado en el año 1969), como dice usted su segundo propietario fue Ramiro Gonzalez que tenia otra concesion de depositos de carbon en la ría, y puede que despues vendiese como dice usted el casco a la Compañia Genereal de Carbones, en un documento de octubre de 1929 la Compañia General de Carbones solicita reconocimiento del casco de este, al Comandante de Marina de La Coruña.
    Saludos.
    Aquiles

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