EL ESCUALO DE ONDARROA

VIENTO DEL SUR EN INVIERNO, DEMONIO DEL INFIERNO

Hace un par de días en el puerto de Barcelona se vio una pequeña ballena que andaba dando vueltas por este, seguramente perdida y separada de su manada. Ayer logro salir, y hoy se la ha visto con vida cerca de Tarragona. Espero que consiga sobrevivir.
El artículo de hoy pensaba titularlo “El Monstruo de Ondarroa”, pero una vez leído el texto de la revista La Naturaleza, en su Núm. 14, Año 1, Tomo 1, edición de 1890, y visto cual era todavía el concepto que se tenía de los tiburones –en una revista científica- he decidido mantener el título del mismo artículo, más de acorde con el respeto que deben merecer estos enormes depredadores de la mar, a los que se está masacrando en nombre de la estupidez humana –congénita e infinita- y de intereses económicos.
Si no me creen, baste una anécdota. En un libro de Luis de la Sierra, se hace mención de una caza de más de setecientas toneladas de escualos, en un solo día, que unos tripulantes de un crucero auxiliar alemán efectuaron solo por pasar el rato. Pero eso, como siempre, es otra historia.

Muelle de Uribitarte. Bilbao. Exposición del tiburon pescado por marineros de Ondarroa. De la revista La Naturaleza. Año 1890.jpg
Muelle de Uribitarte. Bilbao. Exposición del tiburon pescado por marineros de Ondarroa. De la revista La Naturaleza. Año 1890.jpg

Veamos el comentario de la revista: …”El Escualo de Ondarroa.
Durante ocho días ha estado expuesto á la contemplación del público en el muelle de Uribitarte, en Bilbao tal cual aparece en nuestro grabado, el colosal pez selacio escualo, vulgarmente llamado tigrón (Carcharias lamia), que fue cogido por los intrépidos marinos pescadores de Ondárroa en las aguas de aquel litoral en 23 de Abril último Los marinos, al salir á la pesca, avistaron al temible pez; y dejando su habitual faena de ir a lejanos horizontes á ganar su sustento, pusiéronse en persecución del inesperado visitante de aquellas aguas. La batida, llena de peligros, se sostuvo durante largas horas hasta que consiguieron herirlo repetidas veces y arrastrarlo á la playa, donde aún vivió unas tres horas. La lucha desesperada del gigante marino con sus perseguidores, después de ser herido, fue tremenda, y más de una vez estuvieron á pique de zozobrar las lanchas ante los desesperados esfuerzos y tremendos golpes del escualo.
Los pescadores regalaron esta magnífica presa al Presidente del Club náutico de Bilbao, quien lo ofreció á su vez al Instituto de segunda enseñanza para que el esqueleto figure en sus gabinetes. Después de haber estado expuesto al público, y al presentar marcados síntomas de descomposición, fue de nuevo trasladado a Ondárroa para proceder al aprovechamiento de su esqueleto.
El tiburón, perteneciente á la fauna marina pelágica ó de los grandes mares, que comprende los tipos marinos que viven en las aguas de altura, nadando de uno á otro continente, no suele aparecer sino rarísima vez en nuestras latitudes ni en nuestras costas. Llamanle los franceses requin, variación, según parece, de la voz latina réquiem, responso de los muertos, a causa de la vieja y fundada creencia de los marinos, de que el que se vea atacado por este voraz y terrible escualo, no tiene ya más porvenir que el de que le canten la misa de los difuntos. Su longitud varía entre siete y ocho metros y su peso entre cinco á siete toneladas.
Las obras de Historia natural dedican especiales descripciones á este selacio, que pueden quedar aquí resumidas: El escualo Carcharías se distingue desde luego por su cuerpo prolongado; la piel que le protege es sumamente dura; la cabeza plana y bastante grande; por debajo del hocico, y casi á una distancia igual de su extremidad y del centro de los ojos, se ven las fosas nasales, organizadas interiormente casi de la misma manera que las de la raya batís; el aparato olfatorio, muy delicado, permite al pez husmear desde lejos su presa y distinguirla en medio de las aguas agitadas por los vientos entre las sombras de la noche más obscura y en los más profundos abismos del Océano.
La abertura de la boca, que ofrece la forma de un semicírculo, está situada transversalmente debajo de la cabeza y detrás de las fosas nasales; es notablemente grande, y se podrá juzgar muy bien de sus dimensiones sólo con decir que se ha reconocido que el contorno de un lado de la mandíbula superior, medido desde la comisura de ambas hasta la punta de aquélla, iguala sobre poco más ó menos, á la undécima parte del largo total del pez: el contorno de la mandíbula superior de un carcharías de diez metros es, por lo tanto, de unos seis pies, ó sea dos metros de longitud, y rodea el cuello y resguarda las branquias una serie de esclavinas. Y como el gaznate tiene un diámetro proporcionado, no debe causar asombro leer en Rondelet y en otros autores que los grandes individuos de la especie pueden tragarse á un hombre entero.
No es la enorme corpulencia el único atributo notable de este pez; á ella se unen la fuerza y el vigor, tanto más temibles por las poderosas y mortíferas armas de que está provisto el animal.
Feroz por su insaciable voracidad, impetuoso en sus movimientos y ávido siempre de sangre, podemos considerarle como el verdadero tigre del mar. Desconociendo el temor, busca por do quiera enemigos que combatir; persigue con obstinación y acomete con más furia que ningún otro dé los habitantes de las aguas; es más peligroso que muchos cetáceos, los cuales por lo común tienen menos fuerza; inspira más temor que las ballenas, porque sobre no hallarse tan bien armadas, no son ni remotamente tan voraces, ni acometen casi nunca al hombre ni á los grandes animales.
Veamos ahora cuáles son los medios que pueden emplearse para exterminar en los mares un escualo tan peligroso.
Negros hay en las costas de África bastante atrevidos para avanzar nadando hacia un tiburón, hostigarle de diversos modos, y aprovechando el momento en que el animal se vuelve, abrirle el vientre con un arma cortante; pero en casi todos los mares se apela á un procedimiento menos peligroso para apoderarse de este pez.
Anderson dice en su Historia natural de Groenlandia que cuando el tiempo está sereno, y sobre todo en ciertas playas, como, por ejemplo, en las de Islandia, se espera á que las noches sean más largas y obscuras, y entonces se prepara un anzuelo, guarnecido comúnmente de un pedazo de tocino, que se ata á una cadena de hierro larga y fuerte.
Si el escualo no tiene mucha hambre, acércase al anzuelo, da vueltas alrededor, le examina, aléjase, vuelve, comienza á tragárselo, y al fin desprende de él su boca va ensangrentada; si entonces se finge retirar el anzuelo fuera del agua, los apetitos del pez se despiertan; reanímase su avidez, se lanza sobre aquél, se lo traga apresuradamente, é intenta después sumergirse en los abismos del Océano. Pero como se halla sujeto por la cadena, tira con violencia á fin de arrancarla; no pudiendo vencer la resistencia que encuentra, lánzase, salta y se enfurece; y al decir de muchos viajeros, procura vomitar cuanto ha tragado, colocando su estómago en la posición natural. Cuando ha luchado durante algún tiempo y se van agotando sus fuerzas, se la tira de la cadena de hierro hacia la orilla ó hacia el barco pescador, de tal modo, que la cabeza del escualo sobresalga de la superficie; entonces se acercan cuerdas con nudos corredizos, entre las que se sujeta fuertemente el cuerpo del pez, sobre todo en el nacimiento de la cola, y después de haberle rodeado así de ataduras, se le levanta para transportarle al buque ó á la orilla, donde se le acaba de matar, no sin tomar antes las mayores precauciones contra sus terribles mordeduras y los vigorosos golpes de su cola.
Es de advertir que el escualo tiene una gran resistencia vital; conserva la existencia después de recibir las más profundas heridas, y cuando ha expirado, obsérvase que durante largo tiempo manifiéstanse en las diversas parles del cuerpo indicios claros de una gran irritabilidad.
De propósito hemos reproducido estos curiosos detalles para que nuestros lectores comprendan cual ha sido el arrojo de los intrépidos pescadores de Ondárroa, al lanzarse en pleno mar, sin más elementos que los de la pesca diaria, a perseguir, apresar y matar al terrible escualo, no pensando tal vez que para todos los tripulantes de las lanchas, á cada acometida del tiburón se aproximaba la misa de réquiem”…
Según parece se trataba de un jaquetón blanco, o Gran Blanco. Si algún lector puede completar la información le estaríamos muy agradecidos.

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