EL ABORDAJE DEL VAPOR JOSE ROCA EN EL PUERTO DE BARCELONA

Colaboración del Sr. Manuel Rodríguez Aguilar.
Copyright del Sr. Manuel Rodríguez Aguilar.

No siempre los abordajes ocurren en alta mar. Algunas veces las abrigadas aguas de los puertos son también testigos de colisiones entre buques. Las causas tienen un origen variado: una maniobra incorrecta, la interpretación errónea de alguna orden, fallos de comunicación entre las tripulaciones de ambos buques, averías en el aparato propulsor, roturas en los equipos de amarre, el mal tiempo,… Las consecuencias pueden ser igualmente variadas: desde un pequeño rasguño hasta el naufragio. Esto último fue lo que le terminó ocurriendo al vapor JOSE ROCA en su abordaje con el trasatlántico MANUEL CALVO dentro del puerto de Barcelona en el mes de enero de 1903.

Vapor JOSE ROCA en el puerto de Tarragona. Postal.jpg
Vapor JOSE ROCA en el puerto de Tarragona. Postal.jpg

En la localidad escocesa de Middleton tuvo lugar el día 29 de junio de 1874 la ceremonia de botadura del vapor MILTON. La construcción número 45 del astillero británico E. Withy & Company, en Middleton, Hartlepool, era un buque con casco de hierro, proa recta, dos palos y una cubierta. Tenía 1.207 toneladas de Registro Bruto, 819 toneladas de Registro Neto y 2.215 toneladas de Peso Muerto. Sus principales dimensiones eran: 74,70 metros de eslora, 9,63 metros de manga y 6,69 metros de puntal. El equipo propulsor, compuesto por una caldera de tres hornos y una máquina alternativa de doble expansión, proporcionaba 130 NHP (950 IHP). Toda la maquinaria había sido fabricada por la firma T. Richardson & Sons Ltd., ubicada en la misma localidad del astillero. Para la estiba de la carga disponía de cuatro bodegas. Sus propietarios, la sociedad Shakespear Shipping Co. Ltd. (dependiente de la naviera Glover Brothers Ltd.), de Londres, lo recibieron en el mes de agosto de ese año.

Después del abordaje, el JOSE ROCA aparece hundido de popa. Revista Iris, de Barcelona.jpg
Después del abordaje, el JOSE ROCA aparece hundido de popa. Revista Iris, de Barcelona.jpg

Después de veinticuatro años navegando bajo bandera británica, el vapor MILTON cambió de manos y recaló en la naviera barcelonesa M. Roca Hermanos. Hasta la adquisición en 1898 de lo que iba a ser su primer vapor, al cual decidieron ponerle el nombre de JOSE ROCA, la sociedad M. Roca Hermanos se había dedicado al negocio marítimo como comisionistas, ship brokers y consignatarios de buques. En el mes de marzo de 1899 se incorporó su segundo buque, que llamaron ADELA ROCA, y en el mes de octubre de ese mismo año lo haría una tercera unidad, de nombre ANTONIO ROCA. A estos tres buques le siguió un cuarto, el CARMEN ROCA, en 1900.
La casa naviera M. Roca Hermanos destinó a sus vapores al tráfico de cabotaje entre puertos españoles, con algunos viajes esporádicos a puertos británicos (Cardiff) o belgas (Amberes). Los buques transportaban carga general o cargamentos a granel (principalmente sal), que embarcaban en puertos mediterráneos o atlánticos (Barcelona, Tarragona, Torrevieja, Alicante, Cartagena, Almería, Málaga, Cádiz), hacia puertos gallegos (La Coruña, Vigo, Carril, Puebla del Caramiñal) y del Cantábrico (Bilbao, Santander). La vuelta la hacían con carga general y, especialmente, con carbón asturiano de Avilés. Empezando el siglo XX, la naviera se anunciaba en los periódicos con el siguiente anuncio: “Línea de Grandes Vapores entre Barcelona y puertos del Norte de España. Servicio fijo decenal desde este puerto para los de Málaga, Galicia, Asturias, Santander y Bilbao”.
En sus primeros años con la bandera española, al mando del vapor JOSE ROCA se turnaron los capitanes Mercadal, Costa, Company, Martínez y Peremateu. Llegado el mes de diciembre de 1902 el JOSE ROCA partió para Cardiff, donde le esperaba una partida de carbón de 1.700 toneladas para Barcelona. En el puerto escocés los tripulantes celebraron las Navidades con sus compañeros del velero uruguayo CLARA, propiedad de los señores Salóm y Rullán, de Palma de Mallorca, que también estaba cargando carbón. Se de la circunstancia de que el velero CLARA se hundiría días más tarde en las costas británicas al abrírsele una vía de agua cuando capeaba un violento temporal camino de España.

Curioso dibujo incluido en el semanario catalán La Tomasa, titulado “La mort del JOSE ROCA”, que caricaturiza el abordaje entre ambos buques.jpg
Curioso dibujo incluido en el semanario catalán La Tomasa, titulado “La mort del JOSE ROCA”, que caricaturiza el abordaje entre ambos buques.jpg

La vuelta del vapor fue un tanto accidentada, soportando la furia de un temporal en el Golfo de Cádiz y también durante su navegación por el Mediterráneo, que le produjeron diferentes averías de poca importancia. Al mando de una tripulación compuesta por veinticinco hombres figuraba su capitán, Guillermo Company. Por esas fechas también navegaba hacia Barcelona el trasatlántico MANUEL CALVO bajo el mando del capitán Pedro Oliver. El vapor-correo de la Compañía Trasatlántica, era un gran buque construido con casco de acero, de 5.617 toneladas de Registro Bruto, 132,60 metros de eslora y dos hélices. Procedía de Cuba, Centroamérica y Cádiz y transportaba carga general (algodón, maquinaria, parafina) y 45 pasajeros. Varios de ellos eran anarquistas italianos que habían sido expulsados de los Estados Unidos. Su destino era Génova, la siguiente escala del MANUEL CALVO.
El 21 de enero de 1903 hacía un tiempo espantoso en la ciudad de Barcelona, que llevaba días soportando un violento temporal de agua y nieve. Las olas de la Mar Vieja azotaron con furia la playa, las escolleras y los acantilados de Montjuich, haciendo que las operaciones de carga y descarga se suspendieran en el puerto de Barcelona, “pues la resaca las hacía poco menos que imposible”. A las dos de la tarde el vapor JOSE ROCA quedaba fondeado (con auxilio de los prácticos) “a unos 300 metros del muelle de Barcelona, casi en medio del extremo del espigón del O. y de la caseta de Sanidad”, en espera de que mejorase el tiempo para atracar. Al Sudeste del JOSE ROCA estaba fondeado (mediante cabos amarrados a la boya de la andana) el vapor-correo MANUEL CALVO, que había entrado en el antepuerto una hora antes. Ambos vapores estaban bastante cerca, aguantando como podían un incomodo oleaje. En esos momentos el fuerte viento era del Nordeste. Entre las cinco y media y las seis de la tarde, mientras descargaba un furioso chubasco de agua, acompañado de relámpagos y truenos, empezó a rolar el viento al Oeste-noroeste, ocasionando que ambos buques bornearan, yendo a parar la popa del MANUEL CALVO sobre la proa del JOSE ROCA. El capitán y la tripulación de este último vieron como se les venía encima su compañero de fondeo, avisando del peligro con grandes voces, haciendo sonar la sirena e intentando filar cadena. Pero todo fue inútil, porque la hélice de babor del MANUEL CALVO (que estaba en movimiento) rozó la amura de estribor del JOSE ROCA, abriéndole varios boquetes por donde empezó a entrar agua a raudales en las bodegas de proa.

Vapor JOSE ROCA. Detalle de la superestructura del puente. Postal.jpg
Vapor JOSE ROCA. Detalle de la superestructura del puente. Postal.jpg

A los toques de sirena acudió el práctico Aransado, que intentó varar el JOSE ROCA, “lo cual no pudo conseguirse por hallarse ya inundado el compartimiento de máquinas e imposibilitado el buque de poder maniobrar”. Poco tiempo después, el vapor JOSE ROCA quedaba con la sección de proa sumergida cerca de la bocana del puerto, sobresaliendo del agua únicamente la parte que abarca desde la superestructura hasta la popa. A la vista de la gravedad de las averías y del peligro de explosión de la caldera, el capitán ordenó el abandono del buque, que fue llevado a cabo en uno de los botes salvavidas del propio vapor y en otro del CARMEN ROCA, sin que se produjeran desgracias personales. Para un buque del tamaño del MANUEL CALVO fue un simple roce sin importancia “pues el casco y el timón no presentan ninguna avería, habiéndose abollado únicamente una letra del nombre del trasatlántico”. Por la delicada posición del buque hundido, la Comandancia de Marina ordenó iluminar de noche al vapor JOSE ROCA, quedando encendidos dos farolas rojas, una en el palo trinquete y otra en el palo mayor. Los primeros cálculos cifraban las pérdidas del vapor hundido en un millón de pesetas.
El reconocimiento de los buzos confirmó que el JOSE ROCA tenía “en la amura de estribor un boquete en sentido diagonal de un palmo de ancho por tres de alto, y algo más hacia proa un agujero de un palmo cuadrado”. Las averías del vapor no eran graves y el día 26 de enero empezaban las labores de reflotamiento, con el auxilio de una grúa del puerto. Una vez tapados ambos boquetes, el día 5 de febrero potentes bombas empezaron a extraer el agua del interior. Un día después, cuando el salvamento era inminente, apareció de repente una fuerte marejada del Sur que destrozó los dispositivos que se habían colocado para taparle los boquetes, haciendo sumergir al buque de nuevo. El éxito definitivo llegaría a la una de la tarde del 12 de febrero, cuando “después de no pocos esfuerzos se ha conseguido poner a flote al vapor JOSE ROCA, que se encontraba sumergido en el antepuerto”. Tras ser reparado, el vapor reanudó su trabajo en el mes de julio de 1903.

Vapor DOMINGO MUMBRU en Barcelona Ca. 1917. Revista Navegación. Edición.jpg
Vapor DOMINGO MUMBRU en Barcelona Ca. 1917. Revista Navegación. Edición.jpg

En ese mismo año de 1903, el JOSE ROCA se incorporó a la Compañía Marítima Comercial, de Barcelona, sucesora de la sociedad M. Roca Hermanos. En 1913 lo compró Domingo Mumbrú, rebautizándolo DOMINGO MUMBRU, y nueve años después pasaría a la flota de la Sociedad Anónima Cros, ambas con sede en Barcelona, que lo renombró SAC. El 17 de abril de 1925 se hundió cerca de Cartagena, después de sufrir un abordaje con el vapor británico MILLGATE en medio de una espesa niebla, mientras navegaba de Alicante a Huelva en lastre. Los veintisiete hombres de la tripulación, al mando del capitán Prudencio Maza, fueron salvados por los tripulantes del vapor británico y desembarcados en Almería.

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