EL PRIMER MAQUINISTA

Tener o no tener. Aparte de una gran película, es, en tecnología, la diferencia entre ser un país avanzado o uno que va a remolque de las circunstancias. Y nosotros, por aquello del “que inventen ellos”, no somos una nación destacada.
Cuando nació el vapor, tanto la marina mercante, como la de guerra, pagaron una cara servidumbre por el hecho de no prever, ni disponer, de la más elemental formación o información. Los maquinistas se contrataban en el extranjero, sobre todo ingleses, y cuando llegaban a nuestro país, embarcaban en nuestros buques con salarios que sobrepasaban, de largo, los sueldos existentes en nuestras marinas. Agravios comparativos, desventajas tecnológicas, peligrosa dependencia estratégica de potencias que podían ser rivales y actitudes chocantes de los empleados en estos menesteres, que, llegaban a envolverse en lonas para evitar mostrar su proceder y que alguien pudiese aprender, eran el pago a la mentalidad continental de nuestro Estado.
Poco a poco, con el esfuerzo de unos pocos, la lucha de unas agrupaciones y la realidad comercial, recondujeron, a lo largo de décadas, estas irregularidades y llevaron las aguas a su cauce con la reestructuración del sector y el nacimiento de una profesión con sus correspondientes estudios.
La ingenua rivalidad entre puente y maquinas, condenados a entenderse frente a poderes fácticos que imponían condiciones infrahumanas en el desempeño de la profesión, retrasaron, y retrasan, la consecución de fines elementales para subsanar esta situación.
Todo esto, narrado y explicado cronológicamente, lo encontramos en el libro VICISITUDES HISTÓRICAS DE NUESTRA PROFESIÓN. Su autor es Pedro Robles Sánchez, Jefe de Maquinas de la Marina Mercante. Su edición esta promocionada por la Sociedad General de Jefes y Oficiales de Maquinas de la Marina Mercante. Editado en 1993, su ISBN es 84-604-5575-0.
Un libro excelente, interesante e instructivo. De el vamos a extraer, condensada, la historia de D. Antonio Genesca y Corominas, primer Oficial de Maquinas de la Marina Mercante Española, destacado luchador por el reconocimiento de los derechos de los maquinistas navales e insigne profesional del sector mas olvidado por los historiadores, y, tan necesario para el correcto desempeño de las funciones de un buque como lo es el sector de puente. También veremos el método de expresión de inquietudes y conocimientos del departamento, la llamada REVISTA MECANICA. Vayamos con el autor del libro: En la década 1870 -1880 las navieras de vapor se fueron desarrollando y los que navegaban en esos buques, con aspiraciones a ocupar los máximos cargos de responsabilidad en las máquinas, fundaron un centro con la intención de unificar opiniones para mejorar su instrucción y hacer oír su voz ame armadores y autoridades, consiguiendo del Gobierno -tal vez para acallar el clamoreo levantado a raíz de un siniestro marítimo- la publicación de un Reglamento de Maquinistas para los buques de Comercio, aprobado por Real Decreto del 23 de enero de Í877, Con ese Reglamento y mediante examen se requería a los aspirantes probar su capacidad y revalidarse para ejercer la carrera de Maquinista Naval.
El primer examen se celebró en el Arsenal de La Carraca, el día 17 de julio del mismo año, otorgándose los nombramientos de Segundo Maquinista Naval, por cuyo grado era forzoso que comenzaran los exámenes, pues el decreto disponía que hasta un año después no se celebraran los de Primer Maquinista. Formaban el tribunal el comandante de Ingenieros, D. Antonio Blanco y el jefe de los talleres de La Carraca, D. Guillermo West. Los que conseguían el aprobado recibían el nombramiento oficial extendido por el Capitán General de Marina del Departamento de Cádiz. Conseguido este marco legal que les situaba al nivel de los profesionales extranjeros; estos primeros facultativos, siguiendo la pauta de otros países más avanzados, crearon una Asociación de Maquinistas para la defensa de sus intereses con sede en la Plaza de Palacio, nº 16-3°, de Barcelona.
En esta Asociación ingresaban, además de los maquinistas españoles facultados, los maquinistas españoles que habían obtenido sus certificados en el extranjero, los habilitados que aún no habían obtenido su nombramiento por no haber realizado aún el examen y los maquinistas extranjeros que lo solicitasen, siempre que navegasen bajo pabellón nacional. También se editó un Folletín informativo para los asociados, que se publicaba como anexo en la Revista Marítima que dirigía, en Barcelona, el insigne náutico D. José Ricart y Giralt….
….Se creó el centro de enseñanza antedicho donde se daban clases por aquellos ingenieros y jefes de talleres interesados en mantener buenas relaciones con los noveles profesionales -que al igual que sus homólogos extranjeros- habían de influir en la reparación, construcción y mantenimiento de buques, en un sector naval en expansión. Pronto se dieron cuenta que las publicaciones periódicas, científicas e industriales, que trataban cuestiones interesantes al Maquinista y al obrero mecánico, si bien exponían sus trabajos con lucidez y en un orden elevado, eran de muy poco o ningún provecho para aquellos que no poseían extensos conocimientos científicos y sí principios fundamentales de las ciencias físicas y exactas. Los Maquinistas, como los obreros, no podían emprender largas excursiones en el vasto campo de la ciencia, donde aquellas se tratan y analizan, sin caer en una postración que les inutilizaba para emprender otras indagaciones provechosas, por lo que se decidió publicar una revista de nivel técnico accesible a cuantos concernieran los intereses de la misma, con sus acuerdos y todo cuanto fuera de interés general, así como trabajos facilitados por los socios, además de los inventos más recientes en el arte de la construcción y manejo de máquinas.
El primer número de esta publicación mensual, que apareció con el nombre de Revista Mecánica órgano de la Asociación de Maquinistas Navales, salió el lunes 6 de enero de 1879, llevando en su primera página las condiciones y precio de la suscripción tanto en Barcelona como en el resto de la Península, Baleares, Canarias y también en las Antillas y Filipinas. Incluía la lista de los socios corresponsales, casi todos ingenieros de talleres de construcción, en Bilbao, Cartagena, Sevilla, Santander, Málaga, Madrid y La Habana.
Seguidamente publicaba el texto del Reglamento de Maquinistas y a continuación un artículo titulado, A los Sres. Navieros, Consignatarios y Capitanes de buques de vapor, donde se negaba que los Maquinistas se propusiesen crear presiones y dificultades, ni coartar la voluntad de los armadores, como algunos mal informados indicaban, pero se recababa que se cumpliesen los artículos del Reglamento, ya que se estaban dando casos de incumplimiento del mismo…
A continuación, el autor, entrando de tanto en tanto en la explicación, interesantísima, de los acontecimientos técnicos que se van sucediendo con el tiempo, recoge la vida y hechos de D. Antonio Genesca y Corominas. Leamos: …En los primeros exámenes realizados, el número uno de aquella promoción de maquinistas navales -el no 1 de España- lo consiguió D. Antonio Genescá y Corominas. La personalidad de este hombre, decano de la profesión, fue tan singular como su propia biografía, por lo que siguiéndola se hace más comprensible como fue la evolución de nuestros antecesores hasta 1924.
Antonio Genescá nació en Ripoll, provincia de Gerona, el día 9 de junio de 1849, trasladándose de niño a Barcelona. Hijo de familia humilde, su padre Lorenzo Genescá y Rovira “que era un obrero mecánico muy cualificado de La Barcelonesa” fue el primer maquinista español, que condujo la locomotora del ferrocarril de Barcelona a Mataro, cuando dejaron de manejarlo sus instaladores ingleses. De él recibió la afición a la energía que producía el progreso industrial de la época: el vapor; así como de cuantos ingenios lo generaban y transformaban.
La niñez de Antonio Genescá transcurrió en el popular barrio de La Barceloneta, donde habitaba. Cuando cumplía sus seis años en 1855 con la unión de varias empresas se fundaba La Maquinista Terrestre y Marítima S.A. donde su padre alcanzaba el envidiable cargo de “majordom”. En Cataluña se llamaban por aquellas épocas mayordomos a los contramaestres o encargados de las fábricas….
…En aquel barrio fabril y marinero donde los niños casi sin ilustración ingresaban de pinches en los talleres a los diez o doce años, el joven Genescá siguió en la escuela hasta los 16 años, habiendo asistido a las clases nocturnas para obreros de la Escuela Industrial (Antiguo convento de San Sebastián, escuela de Ingenieros Industriales y de Náutica, antes mencionado) e ingresó a esa edad en la sección de dibujo de La Maquinista, cuando ésta contaba tan sólo diez años de existencia. Como delineante hubo de hacer copias al español de los planos ingleses, para las máquinas que se construían bajo licencia, familiarizándose con la designación de las piezas correspondientes. Sus inquietudes le hicieron pasar un año más tarde a las secciones de Ajuste y Montaje, donde prestó servicio durante seis años. Los últimos como montador en el exterior, recorriendo las fábricas de nueva planta…
…Genescá ingresó de segundo maquinista en la compañía de Vapores Vinuesa de Sevilla embarcando en el EXTREMADURA. Poco después este buque junto con el DARRO y el VITORIA era apresado por la fragata NUMANCIA, sublevada por los cantónales cartageneros, permaneciendo las tripulaciones prisioneras en Cartagena durante unos quince días. Como los sublevados no disponían de combustible, aunque su pretensión era disponer de personal para hacer tripular la NUMANCIA, la prisión no duró más de ese tiempo.
Terminada la insurrección volvió nuestro hombre al EXTREMADURA que un proyectil de las fuerzas del Gobierno había echado a pique durante el sitio.
Antonio Genescá se fue dando cuenta que de aquellos chefs, que mandaban las máquinas en los buques españoles, poco podía aprender para saciar sus ansias de saber. Los extranjeros a parte de no dar explicaciones se hacían cubrir por una lona, para evitar que se les viera actuar, cuando habían de regular una distribución, aumentar las expansiones a través del cambio de marchas, calcular diagramas o comprobar la concentración salina de las aguas de las calderas. La falta de textos españoles para aprender aquellas materias le decidieron recurrir a libros ingleses con la ayuda de diccionarios, tal como lo había hecho en sus tiempos en la sección de dibujo, con lo que paralelamente a la adquisición de conocimientos técnicos, ampliaba el nivel de sus nociones de lengua inglesa.
Navegando en los buques de la Compañía Vinuesa que cubría una línea de cabotaje por los puertos del Mediterráneo, desde Francia a Sevilla, estaba en contacto con el movimiento de sus compañeros que aspiraban a mejorar su situación profesional, siendo uno de sus más entusiastas colaboradores. Al publicarse el decreto por el cual se creaba la profesión de Maquinista Naval para españoles, participó en el primer examen con una auto preparación, por el sistema antes mencionado, superior a la media de sus compañeros, obteniendo el nombramiento de Segundo Maquinista n°l ¡El primero de España!.
Hasta el año próximo tal como lo establecía el decreto no se celebraron los exámenes de Primer Maquinista. El Sr. Genescá adquirió el nombramiento de Primer Maquinista el día 21 de octubre 1878, aprovechando para efectuar el examen una de las escalas en Cádiz del buque en que ejercía su cargo.
Por aquel entonces traducía el ya facultativo de la mecánica y por primera vez al castellano el Hand Book Reeds Engineers obra práctica de gran aceptación pues en poco tiempo se agotaron cuatro ediciones consecutivas.
Navegó D. Antonio doce años seguidos alternando como Primer maquinista en todos los buques de la Compañía Vinuesa. En 1885 tradujo un libro titulado Marine Steam Engine que constaba de 695 páginas y 262 grabados, empleando en la obra un año, pues se dedicaba a ello durante la navegación. No se llegaron a imprimir más de 144 páginas, perdiéndose el resto del manuscrito porque quebró el editor haciéndose imposible el rescate…
…En Barcelona, el Vicealmirante Juan Bta. Topete visitó los talleres de “La Maquinista”, viendo que reunían las condiciones para la construcción de los equipos propulsores que la Armada precisaba.
Los contratos que le otorgó el Gobierno, le abrieron a esta industria unas perspectivas de trabajo para bastantes años. Ante la nueva coyuntura La Maquinista solicitó los servicios de su antiguo empleado, Antonio Genescá, el cual aceptó los ofrecimientos de la empresa para ocupar el cargo de Encargado General de los trabajos de marina, cargo que desempeñó cerca de treinta años.
En este período de tiempo culminaron los méritos de Genescá, siendo de anotar sus trabajos de dirección y reparaciones periódicas de muchos buques; el montaje en el puerto de Barcelona, de la grúa flotante de 80 toneladas y de las eléctricas y de portal en los muelles de Muralla y la Barceloneta, además de la dirección del montaje de todas las maquinas de los cañoneros, avisos, torpederos y cruceros que La Maquinista construyo para la Armada….
…En potencia alcanzó el máximo con los tres cruceros tipo CATALUÑA de 15.000 c.v.i. y con el CARLOS V de 18.000 c.v.i ambos de dos máquinas, potencia colectiva y con tiro forzado.
Aún desempeñando destino privado fue servidor anónimo del Estado, pues al servicio de La Maquinista tuvo la dirección de las máquinas, después de las pruebas del CARLOS V en un viaje a El Havre, donde quedó para el montaje de la artillería. A los seis meses y en vísperas de la guerra con los EE.UU., encentándose D. Antonio en El Ferrol recibió aviso telegráfico urgente, de La Maquinista para que, con el personal correspondiente, se dirigiera a El Havre para el regreso del CARLOS V que carecía de personal de máquinas de la Armada suficiente, por haber pasado a los destructores que se construían en Inglaterra, y estar todavía las máquinas del crucero en periodo de garantía. Con escaso tiempo y utilizando los trenes rápidos y expresos llegó el Sr. Genescá a El Havre saliendo a las pocas horas con el CARLOS V, el día antes de declararse la guerra.
Por amor a su profesión y el compañerismo que demostraba a los de su clase, cuando aún no existía corporación profesional, imponía un titular para todas las pruebas de máquinas, contribuyendo así a dar realce al título a la vez que proporcionaba trabajo a sus compañeros.
También formó parte de los solicitantes de que se restringiera la admisión de maquinistas extranjeros en los barcos de nuestro país y que dieron lugar a las Reales Ordenes del 10 de noviembre de 1883, 28 de diciembre de 1893 y 12 de enero de 1895, cuando no eran aún ni con mucho suficientes para la atención de la navegación el número de maquinistas navales nacionales; aunque quizás esta falta de vocaciones se debiera a la concurrencia que hacían los extranjeros, por lo que la carrera no parecía ofrecer un amplio porvenir y muchos jóvenes se retraían y dedicaban a otras profesiones…
…D. Antonio Genescá abandonó el trabajo al servicio de La Maquinista por motivos de salud a los sesenta y cinco anos, sin ninguna avería ni accidente y sin más medios que los adquiridos por sus propios esfuerzos.
Formó parte de la comisión organizadora para crear otra asociación en Barcelona, con el nombre de Sociedad Española de Maquinistas Navales, cuyo reglamento interior y estatutos se aprobaron el 24 de julio de 1912 v en su preámbulo se decía que estaría federada a la Sociedad de Maquinistas Navales de Bilbao En su artículo 1° decía: En consideración a los relevantes servicios que la Sociedad de Maquinistas Navales de Bilbao ha prestado a la clase, sus Presidentes efectivos serán, por derecho propio, Presidentes honorarios de esta Sociedad Española de Maquinistas Navales. El local social se estableció en la calle Gignás, no 35,1°1ª….
…Genescá asumió el cargo de director del boletín de la sociedad que ocupó hasta su muerte; llevó a sus páginas en todos sus números el adelanto de la navegación marítima, siguiendo todo el progreso de la propulsión a vapor y del motor Diesel, en traducciones interesantísimas acompañadas de sus correspondientes grabados. A esta Sociedad ofreció la obra Colección de problemas útiles a los Maquinistas Navales, que era una interesante y utilísima recopilación de un formulario italiano.
También desde aquellas paginas expresando el sentir de los miembros de la asociación y, en consonancia con las asociaciones hermanas de Bilbao, Gijón y Cádiz, hizo campaña en 1913 para que se creasen Escuelas especiales de Náutica donde se diese una preparación racional y cuyas cátedras debieran proveerse con personal técnico profesional, como capitanes (que ya los había), pilotos y maquinistas; haciendo obligatoria la aprobación de dos cursos a los aspirantes a maquinista, además de un certificado de prácticas de taller, antes de salir a la mar. Lamentaba las enseñanzas que entonces se daban en academias particulares de conocimientos teóricos, de mala manera, con prisas y siempre caras….
…En 1926, la Sociedad Española de Maquinistas Navales de Barcelona, recogiendo el sentir de sus asociados y los de otras asociaciones hermanas, decidió rendir un homenaje a su socio honorario y director del boletín, D. Antonio Genescá, a quien consideraban su decano y maestro con motivo de cumplir su 77 aniversario. El emotivo acto se celebró el día 15 de abril en el local social, ubicado en la calle José A. Clavé, 25, lº 2ª, donde asistió el comandante de Marina, en representación del Ministro y del Capitán General del Departamento: representantes de las asociaciones españolas, de Maquinistas Navales, así como de las asociaciones inglesas, belgas, alemanas y portuguesas; de Capitanes y Pilotos, Juntas de Obras, de las compañías navieras ubicadas en Barcelona y de otras muchas personalidades cuya anotación se haría largísima.
Se leyeron, telegramas y cartas de adhesión al acto remitidas por diversas autoridades. Los discursos glosaron la historia de la profesión de Maquinista Naval y de su miembro más antiguo. Terminados los discursos se dio lectura, en medio del mayor silencio, al titulo de maquinista del Sr. Genescá haciéndose, seguidamente, entrega del pergamino de homenaje firmado por los presidentes de las asociaciones de Barcelona, Bilbao, Gijón y Cádiz.
De este gran acto salió la propuesta para que se concediese al homenajeado la Medalla de Oro del Trabajo, concesión que fue acordada en el Consejo de Ministros del 22 de mayo y el Ayuntamiento de Sabadell, ciudad donde residía entonces el Sr. Genescá, solicitó celebrar el acto de la imposición en el salón de sesiones de su consistorio.
El acontecimiento se celebró con gran solemnidad el 20 de julio de 1926 y la lista de personalidades asistentes -gubernativas, académicas, provinciales y del mundillo naval e industrial- superó la celebrada en Barcelona con motivo del homenaje. Después de dar lectura a las cartas de adhesión y de los discursos, que fueron aplaudidísimos, fue leído el diploma del Gobierno en que concedía la Medalla de Oro del Trabajo al Sr. Genescá, tras el cual el comandante de Marina impuso la condecoración en el pecho del veterano maquinista.
Unos meses más tarde el 27 de febrero de 1927 fallecía este amigo, maestro y decano de los maquinistas españoles…
No cabe duda, vistas las circunstancias de su vida, que este notable marino catalán puso, junto a otros destacados personajes como Jose Ricart y Giralt, las bases de los modernos estudios de náutica en nuestro país.
Foto 1.- D. Antonio Genesca y Corominas. Del libro VICISITUDES HISTÓRICAS DE NUESTRA PROFESIÓN.
Foto 2.- Portada de la REVISTA MECANICA de 6 de enero de 1879. Del libro VICISITUDES HISTÓRICAS DE NUESTRA PROFESIÓN.
Foto 3.- Portada del BOLETIN DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE MAQUINISTAS NAVALES, año 1926. Del libro VICISITUDES HISTÓRICAS DE NUESTRA PROFESIÓN.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *