Escrito el 19 abril 2008 categorizado en Barcos y etiquetado como
Pedro Blanco Alvarez es
modelista naval, amante y admirador, como yo, de los libros de
Rafael Gonzalez Echegaray y por supuesto de los barcos y su mundo; el
salitre como el llama.
Pues bien, con su permiso, y con mucho
salitre, vamos a transcribir la historia que hace de uno de sus estupendos modelos, el
Peña Rocías, para acompañar unas fotos del estupendo libro
La Marina Cantabra, Desde el vapor, Vol II, y narrar la vida y hechos de este buque de la
Compañia Santanderina de Navegacion:
En diciembre de 1.964 causó baja por desguace un vapor de la matricula de Bilbao despues de haber estado 75 años ocupado en el dificil quehacer de navegar. En su casco se leia el nombre de Briquetas Zorroza.
Habia nacido en la localidad de West Hartlepool (Inglaterra) en 1.889, con el nombre de Nordlans. Fue construido por los astilleros W. Gray, para R. Aedi Wilson & Co. Eslora 79,25 metros: 11,16 de manga y 5,45 de puntal.
Pero, para nosotros, realmente nace cuando la Santanderina de Navegación lo compra en 1.899 y lo llama Peña Rocías (Todos los nombres de los barcos de esta naviera tenían como común denominador el nombre perteneciente a alguna de las Peñas de la región: Peña castillo, Peña Cabarga, Peña Agustina…)
El Peña Rocías empieza el siglo XX enseñando arrogante el nombre de Santander en su espejo de popa, y la franja de color blanquirrojo, como distintivo de la naviera en la chimenea. Se trata de un barco muy robusto, como mas tarde demostraria.
Debajo de la cubierta castillo alberga el sollado de la marineria, le sigue a continuación un pozo a proa donde dispone de la primera bodega; la segunda situada en el entrepuente conjuntamente con el emplazamiento de la maquina, espardel y el puente descubierto al centro; dos bodegas más en la toldilla, terminando en la rueda de cabillas de accionamiento directo sobre la pala del timon.
Los viajes mas frecuentes los iniciaba desde la Ria de El Astillero, cargado de mineral principalmente con destino al canal de Bristol, Escocia y Rotterdam. Haciendo el tornaviaje con las bodegas llenas de carbón del bueno, el de Cardiff.
En la temporada de verano los viajes llegaban mas lejos, alcanzaban hasta el baltico y el retorno lo hacia con grandes cubertadas de madera nórdica. Incluso llego a dar un viaje en 1.918 a Buenos Aires retornando con un transporte completo de grano.
Fue D. Joaquin Díaz Gomez, el capitan mas emblematico de este barco, el que mas tiempo estuvo a su mando. Natural de Requejada; en Santander era conocido popular y cariñosamente como Joaquinón ( su nombre en aumentativo hace justicia a su tamaño, por ser grande como persona y enorme como marino.). Posteriormente, desempeñaria el cargo de practico del puerto de Santander, a quien Rafael Gonzalez Echegaray le menciona con el titulo de Lazarillo de Barcos.
En 1.904, en el mes de marzo, el Peña Rocias en un viaje de vuelta de Stockton, se dirige a Sunderland a por un cargamento de carbón, y con el practico inglés a bordo embarranco en la ría, llegando a quedar completamente en seco. La Compañia dio al buque practicamente por perdido, a pesar de ello, con laboriosos trabajos dirigidos por D. Joaquin, se consigue reflotar sin ningun daño. Regreso a Santander cargado con carbón de Newcastle, el 9 de agosto del mismo año como si no hubiese pasado nada.
Sufrio tambien, en 1.912 otro embarrancamiento, esta vez en la barra de Rotterdam, del que estuvo libre sin ningun rasguño a los dos dias.
Al termino de la 1ª Guerra Mundial cae el mercado de fletes y la Naviera Santanderina se ve obligada a dar de baja o vender el resto de la flota, conserva unicamente el Peña Rocías, que pasa la crisis fondeado en Pedrosa, desamarrando infrecuentemente para algunos transportes esporadicos. La naviera desaparece en la decada de los treinta, el Peña Rocías estaba embargado por el astillero de Corcho como garantia de una deuda de 80.811 pesetas. El 30 de agosto de 1.933, en publica subasta, lo adquiere Antonio Menchaca.
Al año siguiente aparece en la lista oficial de buques matriculado en Bilbao, con el nombre de Briquetas Zorroza. Con este nombre tan poco marinero seguiria navegando treinta años mas.
El Biquetas, nuestro Rocías, eligió Parayas para morír. Pensó que habian sido muchas las nocheviejas que le habían tocado pasar en la mar y quiso que la ultima fuese en casa. Aquel 31 de diciembre de 1.964 subio por postrera vez a la Ria de El Astillero; recordaba cuantas veces en su juventud, cargado hasta las marcas, desde alli mismo habia iniciado sus travesias con el mineral que la región exportaba a toda Europa. 
Cansado, despues de tres cuartos de siglo bregando con la mar, el Rocías quedo agarrado a los norays de Recuperaciones Submarinas. Poco a poco fue perdiendo arboladura, mermando su puntal, decreciendo su obra muerta primero y la obra viva despues, llegando hasta el ras del mar. Acompañando al humo originado por los sopletes azules en su desguace, se elevó hasta el Cielo de los barcos. Un Olimpo donde existe un enorme mar seco y quieto en que los navios eternamente fondean.
Estupendo y romantico relato del Sr. Pedro Blanco Alvarez.
Como complemento de sus datos tecnicos apuntamos: señal distintiva (B.Z.) EAHV; casco de hierro; well deck; clasificado por el Lloyd´s Register como +100A1; registro bruto, 1.696,78 toneladas; registro neto, 995,92; carga maxima, 2.400; desplazamiento, 2.514 (¿?); maquina de 150 nhp o 650 ihp; velocidad en carga, 9 nudos; 2 calderas, trabajando a 10,1 kilos de presión; carboneras con capacidad para 179 toneladas; consumo diario, 16; TSH con potencia de salida de 1/4 de Kw.
Foto 1. Oleo de origen ingles del Peña Rocias en estado de origen, que conserva la familia Diaz.Del libro La Marina Cantabra. Desde el Vapor. Vol II.
Foto 2. El Peña Rocias embarrancado y totalmente en seco. Del libro La Marina Cantabra.
Foto 3. El Peña Rocias como fue adquirido en 1.899. Observese el puente abierto, la chimenea doble y los palos con las velas cangrejas. Del libro La Marina Cantabra.